El aprendiz de maratoniano

Historias sencillas de carreras

domingo, 29 de enero de 2012

El largo camino a Ziwa (capítulo 3/6: Ziwa, Kenia)

Ziwa es un pequeño poblado de Kenia que se encuentra a una altitud cercana a los 2000 metros. Desde el punto de vista de nosotros, los afortunados y prepotentes habitantes del primer mundo, podríamos considerarlo como un claro ejemplo de lo que es el tercer mundo. Exceptuando algunas casas, en la mayoría de ellas no hay ni agua corriente ni electricidad. La gente vive en pequeñas parcelas, que en función de la riqueza (aquí es un poco eufemístico utilizar esta palabra) del propietario, pueden ser más o menos grandes. En las parcelas, en función de su tamaño, se plantan y cosechan distintas verduras y se cuida algún animal (desde gallinas hasta vacas). Es una sociedad agrícola-ganadera, donde no todo el mundo posee ese privilegio de la tierra y tiene que trabajar para los demás. Hay alguna pequeña industria y artesanos, pero en una sociedad parada en el tiempo. Casi nadie posee ni coche, ni televisión. Algunos una moto, una radio, o una bicicleta. La configuración de vivienda típica es una estancia dividida en dos (comedor y dormitorio), de no más de 12 ó 14 metros cuadrados, construida con ladrillos de adobe. Una estancia exterior donde se ubica la cocina y almacén y una letrina, algo alejada de la estancia principal. Los más afortunados tienen un pozo del que sacan el agua que necesitan, pero muchos tienen que acarrear cada día, desde largas distancias, bidones de agua para beber, cocinar, lavarse,… También es corriente ver por los caminos niños y mujeres llevando sobre la cabeza grandes bidones de agua. Me comenta mi compañero Antonio que el principal medio de transporte por el que se transporta agua en el mundo son los niños y las mujeres.
Hacienda típica

Adobe recién cocido



Cada par de brazos son útiles para permitir a la familia salir adelante haciendo lo que sea, por lo que en el seno de muchas familias donde nunca nadie recibió educación, no se concibe mandar a los niños al colegio. No hace falta imaginar las condiciones higiénicas o sanitarias y alimenticias de la población de Ziwa. Además, muchos niños, incluyendo los más pequeños, tienen que andar, a veces, kilómetros para llegar al colegio por caminos de tierra por los que circulan todo tipo de semovientes (incluyendo las pocas motos que hay). A primera hora de la mañana (a las 7 al salir el sol) o a mediodía, o por la tarde, es corriente ver grupitos de niños, o niños solos de todas las edades, yendo de aquí para allá, con su uniforme, y a veces sus libros. El mito del corredor keniata que se hace desde niño porque tiene que correr todos los días para ir al colegio, pude comprobarlo con mis propios ojos. Por eso muchos colegios, como el de James Moiben, opta por la opción de internado, que además permite acoger niños y niñas huérfanos.

Camino


Comercios en el centro de Ziwa
En la ZIwa nocturna, no hay luces. Solo luna y estrellas muy brillantes (hacía años que no veía un cielo estrellado tan maravilloso, sin ninguna contaminación lumínica) y de vez en cuando las luces de alguna moto que se atreve a circular por esto caminos tan tenebrosos una vez cae el sol. Con esa óptica prepotente que nos caracteriza a los privilegiados habitantes del primer mundo, podría parecer que Ziwa está estancada en un periodo de la historia atemporal, difícil de definir. Pero al contrario de la imagen gris y pesimista que ofrecen periodos de nuestra historia donde la penuria en una sociedad poco desarrollada se transmite a través de los rostros demacrados de sus habitantes, los pobladores de Ziwa ¡parecen felices! No es difícil verles reir o sonreir, especialmente a los niños, a los que con mucha facilidad es sencillo arrancarles un estruendosa carcajada. En su aparente pobreza material, transmiten una dignidad en su actitud, su forma de vestir (siempre buscando la pulcritud), su cordialidad con el visitante,… que algo nos chirría en nuestra cabeza.
Niña lavando

Una tarde, paseando al anochecer un vecino se paró a saludarnos. Se bajó con parsimonia de su bicicleta y anduvo junto a nosotros unos metros. ¿Qué tal andan las cosas por España?, nos preguntó. Después de unos días desintoxicados de las permanentes y pertinaces noticias de la crisis económica, de pronto volvió a mi cabeza esa lejana crisis (no solo lejana en distancia física). Mi primer impulso fue empezar a contarle “nuestra” crisis, pero pronto lo que sentí es una enorme vergüenza. ¿Cómo podemos quejarnos de nada después de conocerles?. Al poco llegamos a su casa. Enfrente hay una pequeña parcela con una casa tradicional de adobe y de ella sale corriendo un niño de poco más de dos años, a trompicones. Me recuerda a la forma de correr de Forres Gump cuando tenía las prótesis. Se llama Moses y se acerca a nosotros con una gran sonrisa. Cuando llega a nuestro lado me doy cuenta que también lleva unas prótesis. Philip me cuenta que una pareja de Guadalajara (amigos que prefiero no desvelar para preservar su intimidad) consiguieron para Moses una silla de ruedas, mientras de su bolsillo le pagaron la operación que hoy le permite correr de esa manera. Le han dado a Moses un futuro en una tierra tan hostil. Son este tipo de cosas las que me reconcilian con nuestro mundo.

Transportando agua
Moses sale a saludarnos
Niñas yendo al cole


Es en esta Ziwa donde James Moiben decidió invertir su futuro en la creación de un colegio de enseñanza primaria y secundaria.

El largo camino a Ziwa (capitulo 2/6. La bienvenida)

Clases de secundaria

Profesores del colegio


La vanette nos dejó en la puerta del colegio. Allí nos esperaba el Presidente de la Fundación del colegio, el Director, la mayoría del cuerpo de profesores y los alumnos formados en dos filas, empezando por los más pequeños, que apenas andan solos, y acabando por los más mayores de la escuela de secundaria. Nos ponen en el cuello una orla de bienvenida y tras saludarnos y regalarnos una jícara de cuero (para conservar la leche, símbolo de bienvenida en Africa), fuimos caminando, escoltados por las dos columnas de estudiantes, hacia el interior de la explanada del colegio. Ese tránsito se hizo con canticos donde algunas mujeres proponían un estribillo y todo el mundo contestaba al más puro estilo que caracteriza los cantos negros y que derivaron en el góspel americano. Philip, Antonio y yo, huéspedes desde entonces del colegio, empezamos a sentir la emoción del momento. La comitiva desembocó en el patio del colegio, donde en un mástil estaba plegada, en la parte más alta, la bandera de Kenia. Con gran protocolo, una escuadra de estudiantes de los de más edad, procedieron a arriar la bandera de Kenia al son de su himno nacional cantado por todos los estudiantes y profesores. Después, en honor a nosotros, se izó la bandera española.
Plantando un arbol

Firmando en el libro de honor


Acto seguido, también escoltados de la misma manera, incluyendo los cánticos, se nos llevó a otro lugar del colegio a plantar tres árboles, uno por invitado. Árboles que nos recordaría para siempre en sus corazones. Todas las personas que ellos han considerado importantes en su corta vida como institción, han plantado allí un árbol que los recuerda. Después, reunidos en el aula de mayor tamaño, se cantaron varias canciones en nuestro honor y se procedió a pronunciar varios discursos de bienvenida y de agradecimiento por nuestra parte. Antes de una rápida visita al colegio, firmamos en los libros de honor del Colegio y mantuvimos un pequeño encuentro con el cuerpo de profesores. Nunca antes he recibido un honor tan precioso, tan sentido y tan sincero. Muchas veces para honrar a quienes pensamos merecen nuestra honra, no es necesario grandes pompas y fastos. Solo se necesita transmitir cariño y cordialidad.
Jicaras para leche

Asamblea

Dando las gracias

Probando el proyector

El largo viaje a Ziwa (capítulo 1/6: el largo camino a Ziwa)

La mejor opción para viajar a Nairobi era a través de Doha, Dakar. No solo porque el precio del billete era el más bajo, sino porque es la ruta elegida meses atrás por Purity y Philip. Purity es una niña de Ziwa que está pasando unas semanas en un colegio de secundaria de Guadalajara y Philip es un atleta de élite, también de Ziwa, que volvía a casa. Philip va a ser nuestro guía en nuestro viaje a Ziwa.





Valle del Rift

Valle del Rift
Después de arreglar la facturación de todo el material escolar que llevábamos para el colegio (Moiben Education Centre) nos dirigimos a la puerta de embarque para iniciar nuestro largo camino hacia Ziwa. Viajo con mi compañero de Departamento, y vecino de despacho, Antonio Aznar, y nuestro objetivo es el Colegio James Moiben Education Centre en Ziwa, Kenya. Todo fue sin ningún incidente y tras la programada escala de Doha, a las 5.45 de la mañana, más de 14 horas después de salir de Madrid, aterrizamos en Nairobi. Según salíamos y recuperábamos nuestro material se nos hizo de día, de pronto, como pasa cerca del ecuador. Cuando amanece parece que alguien levanta una persiana y por la tarde, de pronto el sol cae para hacerse de noche. Y como en todos los países sin muchos recursos, la vida está totalmente vinculada con la luz del sol, y poco después de amanecer, todo el mundo anda ya moviéndose de un lado para otro.  En Nairobi están esperándonos, con una vanette del colegio, unos de sus profesores (Eliné Mutai).

Al salir del aeropuerto para atravesar Nairobi, nos encontramos ya con un tráfico denso y bastante caótico, al uso de muchas grandes ciudades. Me viene a la memoria algo del tráfico de Delhi, Rió o Teherán, pero con dos grandes diferencias: aquí no hay tanto ruido y, dentro del caos, se aprecia mucha más educación en la forma de conducir. Porque una cosa que llama la atención de los Keniatas, casi al pisar su tierra, es que son gente muy respetuosa con los demás. Son personas que transmiten dignidad, probablemente heredada por varias de sus etnias, entre la que se encuentran los Masai. Dignidad en su relación con los demás, en su manera de saludarte, en su forma de vestir, siempre aseada y en muchos casos podría decirse que elegante (no es raro ver por un polvoriento camino a una persona perfectamente trajeada en bicicleta). Dignidad adquirida desde su formación en la escuela primaria, donde se inculca el respeto a los demás, a los profesores, a su país. Donde todos, desde muy pequeños, llevan un uniforme que les distingue como pertenecientes a un centro de enseñanza.







Plaza de celebración independencia
Ecuador
Después de navegar una hora entre el tráfico, llegamos, todavía dentro de Nairobi, al parque donde suelen celebrar su Independencia para esperar otros dos pasajeros (el hermano menor de James Moiben, también maratoniano y un nuevo profesor para el colegio). Una vez completado el pasaje de la vanette, finalmente, después de otra media hora, salimos de Nairobi.



La distancia que separa Nairobi de Ziwa es de unos 350 km, pero la fama que precede a las carreteras de Kenia nos auguraba un largo viaje. MI primera impresión de las carreteras no fue mala, pero la realidad es que nuestra pequeña furgoneta se mueve con bastante lentitud y además van surgiendo todo tipo de imprevistos que van ralentizando nuestra marcha, como por ejemplo muchos accidentes que bloquean la carretera. Además paramos a desayunar, a festejar el paso de la línea del ecuador (para comprobar cómo cambia el sentido del remolino de agua desde el hemisferio norte al hemisferio sur, ya que allí puedes pasar de un hemisferio a otro con un pequeño salto) y, finalmente, paramos en Eldoret para hacer algunas compras y comer. Por el camino atravesamos en paralelo un enorme valle donde viven los Masai, y de tanto en tanto pudimos ver a los lados de la carretera una muestra de  lo que es más famoso de este país: su riqueza natural. Grupos de cebras, antílopes, pequeñas gacelas,  jabatos, algún mandril.
Eldoret es la ciudad más grande de la zona de Ziwa y me recuerda a muchas ciudades construidas por todo el mundo alrededor de una calle principal que la atraviesa. La ciudad es un hervidero a la hora de comer, con un bullicio enorme en sus tiendas, mercadillos, restaurantes. Todo ello le confiere un cierto parecido con las ciudades frontera del antiguo oeste americano. Allí tuvimos que parar para comprar el uniforme de Purity, que volvía para empezar el curso (que en Kenia se inicia en Enero).  De Eldoret y sus alrededores han salido los atletas que poseen el 70% del total de las mejores marcas mundiales registradas por la federación internacional de atletismo en fondo en carretera. En esos “alrededores” está Ziwa. Para alguien que corre maratones, este lugar es un poco mítico. Nos encontramos en un extenso altiplano cerca de los 2000 m de altitud.







Eldoret, tierra de campeones
Letrero a la entrada del colegio
Al poco de salir de Eldoret abandonamos el último asfalto de las carreteras para adentrarnos en pistas de tierra, por las que se hace difícil circular, caminos que nos llevarán, a las  5.30 de la tarde (12 horas después de salir del aeropuerto, más de 20 horas después de salir de Madrid) al Colegio James Moiben, en Ziwa. Ha sido un largo camino, y aunque algo cansado, llegamos  contentos. Allí nos esperaba un gran y emotivo recibimiento.

Maratones que he corrido

  • Maratón de Madrid: 2004 (3h 58m), 2005(3h 56m 42s), 2006(4h 15m 34s), 2007 (4h 06m 49s), 2009 (3h 40m 20s), 2012 (3h 19m 36s), 2013 (3h 13m 59s), 2014 (3h 40m 58s), 2015 (3h 19m 33s), 2017 (3h 58m 12s)
  • Maratón de Donosti: 2007 (4h 4m 52s)
  • Maratón de Toral de los Vados: 2008 (4h 11 m 16s)
  • Maratón de Marrakech: 2009 (3h 58m 4s)
  • Maratón de Oporto: 2009 (3h 30m 34s)
  • Maratón de Zaragoza: 2009 (3h 56m 32s)
  • Maratón de Sevilla: 2010 (3h 47m 27s)
  • Maratón de Boston: 2010 (3h 29m)
  • Maratón de Nueva York: 2010 (3h 28m 38s)
  • Maratón de Málaga: 2010 (3h 52m 16s)
  • Maratón de París: 2011 (3h 29m 43s)
  • Maratón de Berlín: 2011 (3h 23m 28s)
  • Maratón de Castellón: 2011 (3h 20m 14s)
  • Maratón Misteriosa (Tres Casas, Segovia), 2013 (3h 54m)
  • Maratón de Chicago: 2013 (3h 25m 37s)
  • Maratón de Londres: 2014 (3h 27m 58s), 2016 (4h 1m 18s)
  • Maratón de Amsterdam: 2014 (3h 28m 6s)
  • Maratón de Lisboa: 2015 (3h 34m 56s)
  • Maratón de Valencia: 2016 (3h 40m 32s)
  • Maratón de Tokio: 2017 (3h 39m 38s)

Archivo del blog

Seguidores del aprendiz de maratoniano