El aprendiz de maratoniano

Historias sencillas de carreras

viernes, 16 de diciembre de 2011

Maratón de Castellón (2011)

Después de mi participación en Berlín en el mes de septiembre, con un verano de duros entrenamientos con calor y humedad, la Maratón de Castellón me la planteaba como una propina para acabar la temporada. Si es que llamar propina a una maratón fuera correcto. Porque una maratón es una prueba que exige siempre mucho a los que la corren y que uno sabe cómo empieza pero nunca como acaba. Mi idea era salir “a ver qué pasa”, ya que mi preparación, a excepción de una tirada larga, básicamente consistía en vivir de las rentas de Berlín.

La maratón de Castellón tenía además otros alicientes. Iba a participar arropado por algunos amigos del Club Maratonianos de Leganés (Jose –el pollero-, Jose –el Presi-, Felix, Alejandro) y por Antonio Gallardo, nuestro entrenador en la Universidad. Diversas circunstancias, incluyendo alguna lesión, impidieron que se nos unieran a la aventura compañeros de entrenamiento como Jorge y Carlos. Otros amigos de Maratonianos de Leganés también corrieron (como Javi, el Monstruo de Leganés), pero al estar en otro hotel no pudimos compartir con ellos mucho tiempo.

Es esta una maratón bastante bien organizada y con muy buen trato al corredor. La feria del corredor es algo discreta y como único fallo, el hecho de que los dorsales no reflejaban los puestos de salida en los cajones, por lo que mucha gente, el día de la carrera, tuvieron que salir desde lugares que no les correspondían por marca. Algunos con más suerte consiguieron un distintivo que les permitía mejorar de corral, pero muchos se vieron relegados a peores lugares de salida. La bolsa del corredor bastante correcta, incluyendo una camiseta técnica de manga larga.

La maratón sale a las 9 de la mañana desde el puente de la Universidad Jaume I. Después de un sentido homenaje a una corredora ausente, se dio la salida con una emocionante mascletá. El ruido provocó que un perro se asustara y su dueña se lanzará tras él, estando a punto de provocar un enorme y peligroso barullo justo delante de la línea de salida. Muy bien organizados los avituallamientos, con abundante agua, isotónicas, frutas, geles,… Muchos voluntarios muy animosos. El recorrido de la maratón transcurre zigzagueando por toda la ciudad evitando pasar dos veces por el mismo sitio, pero provocando muchos giros a 90 ó 180 grados y numerosas idas y venidas por largas avenidas. El suelo en mal estado por culpa de obras, es otro inconveniente en muchos kilómetros de la carrera. El recorrido se hace algo aburrido, especialmente en su excursión al Grau (en la primera media) y por el paseo por la Ronda de Circunvalación (en la segunda). Cuando la carrera pasa por el centro de la ciudad, en algunos puntos, se concentra mucho público, que para sorpresa de los corredores foráneos (la mayoría), solo animaban a sus paisanos a los que conocían, permaneciendo en silencio el resto del tiempo. Alguien debiera explicarles que en una maratón, todos merecemos ánimos y que el colorido de una ciudad lo dan no solo con su presencia en las calles, sino con sus gritos de ánimo para todos.

Mi maratón fue muy buena, a pesar de que sufrí mucho los últimos 12 kilómetros. Pero eso siempre pasa cuando vas al límite de tus posibilidades. Hasta el kilómetro 29 fui con la compañía de Alejandro, que ahí se le acabaron las fuerzas. Pude mantener mi ritmo (entre 4.25-4.40/km) hasta el kilómetro 32. A partir del 33 fui cediendo 20 segundos por kilómetro (5min/km), llegando a un minuto en el 38 y el 39 (5.30/km). Los últimos dos, animado por la cercanía de la meta, volví a 5 minutos el km. En los últimos 200 metros, al ver que podía bajar de 3h 20m, esprinté, pero no lo conseguí por culpa de unos pocos segundos. Acabé totalmente exhausto, pero feliz al haber bajado tres minutos mi mejor tiempo en maratón. Mucho más de lo que esperaba al empezar la carrera.

En la llegada a meta, muchas atenciones al corredor. Voluntarios te quitaban el chip de la zapatilla. Una toalla de regalo para darte algo de calor. Amabilidad. Bebida abundante (cerveza, isotónicos, zumo, agua). Pizzas y dulces. Masaje (si uno tenía un poco de paciencia). Cubos con agua y hielo para poder meter las piernas. En conjunto se puede decir que trato exquisito.

Pero nuestra expedición sufrió en sus carnes lo mejor y lo peor de la maratón. Además de mi alegría por esa “mmp”, los dos más veteranos, Antonio Gallardo y Jose –el Presi- llegaron primero y segundo en sus respectivas categorías de veteranos, por lo que se fueron a casa con un bonito trofeo. Pero la cruz la vivieron nuestros tres compañeros de viaje. Jose –el pollero- no pudo acabar por una lesión (fue lo suficientemente inteligente para retirarse en el km 30); Felix también se lesionó casi en el 40, pero consiguió acabar casi diez minutos por encima del tiempo que quería hacer y Alejandro, compañero mío de viaje hasta el 29, se topó con el muro y se fue hasta casi las cuatro horas. Es lo que tiene la maratón, que te lo puede quitar todo cuando ya piensas que lo tienes en la mano. Con ese sentimiento agridulce volvimos a casa por la tarde.

Recorrido

sábado, 8 de octubre de 2011

Ljubljana, ¿capital de Syldavia?

Casi obligado por un compromiso de trabajo he tenido que viajar a Ljubljana, la capital de Eslovenia, y ha merecido la pena. Aunque ha sido un viaje relámpago, he tenido tiempo de llevarme una pequeña visión de esta pequeña ciudad y por supuesto, correr por sus calles.

Eslovenia es una de las repúblicas que formaban la antigua Yugoslavia. Fue la primera en separarse gracias al reconocimiento inmediato de Alemania, y prácticamente no vivieron la guerra de los Balcanes ya que en poco menos de un mes firmaron la paz con sus antiguos compañeros de viaje. Es un pequeño país, de unos dos millones de habitantes, encajonado entre Austria, Hungría e Italia (en distintos periodos formó parte del Imperio Austrohúngaro y también de Italia), con cierto nivel industrial, una buena agricultura, montaña, y aunque parezca mentira, un cierto ambiente mediterráneo. Cuando volaba sobre el país camino de Ljubljana, me vino a la cabeza EL Cetro de Otockar y yo mismo me sentí Tintín volando hacia “ese pequeño país centroeuropeo”.

Llegué a Ljubljana al atardecer, y continuando con mi impresión en el avión, tuve la sensación de estar en Syldavia, el reino imaginado (quizás copiado) por Hergé. UN país de gente trabajadora, amigable, más de vino que de cerveza, con historias antiguas de dragones (símbolo de la ciudad por distintas leyendas, desde la de San Jorge hasta la de Jasón y los Argonautas, que pasó también por allí y casi fundó la ciudad), caballeros y doncellas. Pequeñas calles abrigando el cauce del río Ljubljanica, en cuyas riveras se despliegan cafés y restaurantes y con preciosos puentes que unen las dos partes de la ciudad, la que en su día fuera amurallada y la extramuros, donde ahora se encuentra la Universidad, fuente de vida de la ciudad (de los doscientos mil habitantes, 60000 son estudiantes de la universidad). Todo es pequeño y manejable, como si de un escenario de película se tratara y realmente es una ciudad de película, pequeña, pero hermosa. Cuando cae la noche, los cafés y las terrazas se llenan de gente, gente que también nos encontramos a media mañana tomando el aperitivo o comiendo a hora europea. Edificios barrocos y “art nouveau” adornan la ciudad casi tallada por Jože Plečnik, su arquitecto icono, que transformó la ciudad en una joya, igual que Gaudí cinceló Barcelona.

A menos de una hora del mar y la montaña, ambiente estudiantil, rodeado de granjas que proveen la ciudad de fruta, verdura, setas y otros productos realmente naturales, tiene que ser un buen sitio para vivir. Desde el mismo epicentro de la ciudad (la Cyril Methodius Square) a menos de veinte minutos en dirección este o en dirección oeste, nos podemos adentrar en dos bosques donde podemos cruzarnos animales salvajes (incluyendo osos). Los amantes de la naturaleza encuentran aquí mucho más que unos parques. En el recorrido hacia el este, el bosque está precedido por un parque enorme llamado Tivoli, por donde se puede correr con toda libertad. Por falta de tiempo no puede explorarlo bien con mis zapatillas, pero esto me compromete a volver algún día.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Maratón de Berlín



Berlín es una de las grandes maratones. El término grande alude no solo al tamaño de la participación, sino a un conjunto de características que concurren en la maratón que la hacen grande: historia, organización, recorrido, participación, animación,… Por eso es una maratón incluida en el llamado Gran Slam de las maratones: las 5 Majors.

HISTORIA

La historia de la maratón de Berlín es mucho más reciente que otras Majors (especialmente Boston, la más antigua), pero no por ello deja de ser una historia con mucha intensidad. Arrancó en la misma época que otras grandes maratones europeas, incluida la de Madrid, pero con la limitación que suponía tener un muro dividiendo la ciudad. La maratón nace en el Berlín Occidental en el año 1974, en plena guerra fría. En 1981, por primera vez, se corrió en parte por Berlín oriental, gracias al apoyo decidido de los ejércitos Francés y Norteamericano y a pesar de los mil problemas que pusieron la policía oriental y la Stasi. Aun así, solo unos pocos y vigilados corredores del Este podían correrla, siempre y cuando consiguieran los permisos y manteniendo la organización en secreto sus nombres hasta el último momento para evitar interferencias de la policía secreta. En el año 1990 se corrió la primera maratón después de la caída del muro. Dicen las crónicas que la mayoría de corredores alemanes no pudieron evitar llorar al cruzar por la Puerta de Brandemburgo. Pero en la historia de la Maratón de Berlín, también entran los 5 records del mundo batidos, el último por Patrick Makau el pasado 25 de Septiembre. Ninguna otra Maratón popular presenta este palmarés.

ORGANIZACIÓN

La organización se puede decir que roza la perfección. La feria del corredor es enorme (aunque prácticamente no se encuentra nada realmente competitivo en precio) y organizada en el antiguo aeropuerto de Tempelhof (utilizado durante el bloqueo oriental al Berlin occidental). Al contrario que en otras ferias, prácticamente no se encuentra nada ‘gratis’, ni un mísero gel de regalo, y casi todo muy caro (los que fuimos el Jueves tuvimos la suerte de poder tomas una cerveza gratis, pero solo ocurrió el Jueves). La bolsa del corredor, único punto negro del Maratón, miserable. La camiseta conmemorativa se vendía aparte al “módico” precio de 25 euros (al día siguiente de la maratón, 20 euros por internet). Los accesos al punto de salida, perfectamente indicados. Guardarropa, servicios,… todo perfecto (en las cabinas portátiles había hasta agua caliente y jabón). La llegada impecable, avituallamientos generosos, ninguna cola en el guardarropa. Vamos, lo que se espera de una organización “alemana”. A los corrales de salida (perfectamente dimensionados) se accede a través del Tiergarden, por lo que muchos corredores con urgencias de distinto tipo pudieron aliviarlas en plena naturaleza. Durante la carrera se ofrecía, además del preceptivo servicio médico, fisioterapeutas en varios puntos. Se podía encontrar en los avituallamientos, además de agua y bebidas isotónicas, geles, frutas variadas,.. Lo único negativo es que la bebida se entregaba en vasos de plástico, difíciles de gestionar corriendo (los de papel son mejores para esto) y eso hacía que casi todo el mundo perdiera bastantes segundos bebiendo, especialmente por culpa de los muchos corredores novatos que se quedaban parados en mitad de la zona de avituallamiento.

PARTICIPACIÓN

La participación es multitudinaria, tanto en corredores como en público. El público alemán anima relativamente poco, considerando la cantidad de personas que siguen la carrera, pero como entre los alemanes hay muchos turistas de muchos sitios, estos normalmente tienen alguien a quien animar y hace que se oigan gritos de ánimo casi de continuo. En algunas zonas, cerca de paradas de metro o lugares emblemáticos es emocionante. Los casi cinco mil daneses que corrían se llevaron consigo miles de animadores que realmente estimularon la carrera (junto con Mexicanos, Italianos, Españoles,…). Como en casi todas las carreras grandes, muchos corredores disfrazados daban aún más color a la Maratón. Y quizás una de las cosas más distintivas: más de una banda de música por kilómetro. Bandas que también te acompañan todo el camino. Algunas de ellas, realmente excepcionales.

RECORRIDO

Todo el que habla del recorrido de esta Maratón, coincide en que es un recorrido “rápido”. Y de ello dan constancia los records aquí batidos, incluyendo mejores marcas personales de mucha gente. Desde el punto de vista del corredor, se tiene cierta sensación de que siempre se va en ligera pendiente hacia abajo. Es una sensación, porque de hecho hay subidas y bajadas, pero las subidas no se notan y las bajadas se agradecen. La carrera no tiene rectas infinitas y transcurre por muchos lugares arbolados, donde el sol no llega con facilidad al asfalto y como ya he mencionado, hay mucho público durante todo el recorrido. Además pasa por algunos puntos realmente bonitos. El resultado es que es un recorrido casi perfecto. Además, en casi ningún sitio hay cuellos de botella, por lo que se puede correr bien casi desde el principio hasta el final, pese a la gran cantidad de corredores. El comienzo y el final en la zona más emblemática de la ciudad y rodeados por el Tiergarden, realmente espectacular.

MI MARATÓN


Llegué a la zona de salida, en tren, algo más de hora y madia antes de la salida. Desde el tren, amaneciendo, hay un buen paseo hasta llegar a la zona exclusiva de los corredores. Allí aproveché una de las tiendas habilitadas como vestuario para organizar mis cosas (qué me dejo, qué me quito). Finamente opté por dejarme una camiseta de algodón debajo de la camiseta técnica de tiras, la gorra, gafas de sol. Para aguantar el fresco de la mañana me coloqué un chubasquero de chino y encima un plástico de los que regalaba la organización. En todo el recinto, muchos voluntarios bastante bien señalizado todo. Después de deambular un rato por la zona y estudiar donde estaba todo. Me dirigí con tranquilidad al corral que tenía asignado, para lo que tuve que hacer un buen recorrido a pié cruzando el Tiergarden. Varias paradas técnicas, fotógrafos oficiales recogiéndolo todo y todo el mundo nervioso y expresando esos nervios de distinta manera. AL estar solo y sobrado de tiempo, contemplando a los demás y las distintas maneras de afrontar la espera yo me concentro y entretengo. Grupos con bromas nerviosas, compañeros con amistad infinita, solitarios encerrados en su concha, amigos departiendo con tranquilidad. También resulta gracioso contemplar las distintas indumentarias con las que la gente afronta ese tiempo de frío: mantas, monos, disfraces,… Siempre hay alguno que ya viene desde el tren con el pantalón y camiseta con el que van a correr y que da frió solo verlos.

Ya en el corral, la ansiedad se va apoderando de casi todos, según se va acercando la hora de salir. Por megafonía van anunciando cosas (en alemán y a veces en inglés). Gente que trata de calentar dando saltitos, estiramientos,… Poco a poco se va llenando y hay un momento donde apenas te puede mover. Empezamos a quitarnos los plásticos y la ropa de abrigo. El speaker presenta a las figuras que trescientos metros más adelante van a tomar la salida (entre ellos los dos poseedores del record del mundo masculino –Gebre- y femenino –la Radclift-). La imagen es impresionante. A nuestra espalda la Puerta de Brandenburgo, a los lados el Tiergarden y enfrente la Columna de la Victoria. Cuando suena el pistoletazo de salida una enorme bola de globos rojos se suelta y comienzan a subir hacia el cielo. Por la megafonía suena Syrius de Alan ParsonS (intro de Eye in the Sky). Muy, muy emocionante.
Comencé a correr a un ritmo algo más lento del que luego adoptaría durante toda la carrera, por culpa de la multitud, pero después de un par de kilómetros empecé a correr muy ‘a gusto’. Era el día, tenía buenas sensaciones e iba a poder explotar el duro entrenamiento a lo largo de todo el verano. Desde el comienzo, ese recorrido tan favorable para el corredor te lleva en volandas, junto con el público que acompaña durante toda la carrera y desde el primer kilómetro (¿Cuándo veremos algo parecido en Madrid?). La carrera pasa por algunos lugares emblemáticos de la ciudad, pero también por muchos parques y zonas arboladas que hacen que el calor se note menos. Amaneció un día más caluroso de lo normal para Berlín en esta época, pero yo estoy acostumbrado a correr con mucho más calor, por lo que el calor no fue un problema para mí. Aun así, me tuve que desprender de la camiseta de algodón, empapada, a los pocos kilómetros.

Los avituallamientos eran muy completos, pero en todos se perdía algo de tiempo a causa de las paradas de muchos novatos y del sistema con vasos de plástico. Estoy seguro que esto hace la carrera algo menos rápido de lo que al final resulta. Cuando acabas una maratón pronto olvidas lo que sufres, pero creo que no viví el muro en la ciudad que un día fue la ciudad del muro. Claro que sufrí, porque al final, después de 30 o 35 km ya no te quedan reservas y vas tirando sobre todo de voluntad. Pero fui capaz de mantener mi ritmo hasta el final (hice el último kilómetros a un ritmo de casi medio minuto más rápido que los primeros). Viví con intensidad cada kilómetro de esta carrera, compartiendo recorrido con muchos personajes singulares, algunos disfrazados. Corrí bastantes kilómetros junto a un corredor descalzo disfrazado de payaso que iba levantando el clamor del público. Miles de daneses con miles de animadores muy ruidosos. La animación española se empezó a sentir sobre todo a partir de la mitad de la carrera. La Maratón era la fiesta de la ciudad.
Viví un pequeño punto negro: en el km 35 unos individuos con peto que muchos entendimos pertenecían a la organización, nos desviaron a muchos corredores por un vial paralelo al principal de la carrera. Unos metros más adelante, se volvía a concurrir con el resto de corredores, pero habiéndonos saltado el control por chip del km 35. Cuando fui consciente de ello, incluso llegué a pensar en volver para pasar la alfombrilla, pero correr contracorriente con lo que ya llevaba en las piernas era una locura. Durante muchos minutos, en mi cabeza rondó la palabra ‘descalificación’ que estuvo como una sombra inquietándome hasta que al día siguiente vi la clasificación por internet. Pero acabé tan bien, que nada podía amargarme esta carrera. Pasé por la línea de meta más de cinco minutos más rápido que mi mejor maratón hasta el momento (Nueva York, 2010). Efectivamente había sido mi día y las sensaciones no engañaban. Más de dos horas antes, Patrick Makau, keniata, batía el record del mundo. Un privilegio haber compartido el mismo asfalto.
Como siempre, al llegar recibes el cariño de los voluntarios, te cuelgan la medalla, te abrigan, y vas pasando por distintos puestos donde hay abundante agua, isotónicas, frutas de varios tipos, bolsa con más comida,… Pese a que todo parecía abundante, no vi a un solo corredor protagonizar el más que bochornoso espectáculo típico de nuestras carreras (en España), de corredores cutres que acaparan todo lo que pueden pillar, a sabiendas que van a dejar a alguno sin aquello que le corresponde por derecho. Mucha gente y muy civilizada.


En la llegada había también duchas, y hacia allí me dirigí después de estirar un poco (la verdad que muy poco). Las duchas, aunque esté feo decirlo por el sitio donde estábamos, me recordaron las duchas de… bueno, no voy a decirlo. Digamos que eran mucho más masificadas que las que viví durante el servicio militar. Cientos de personas apelotonados como dios nos trajo al mundo en unas tiendas de campaña tipo militar, para acceder a una última tienda donde desde una tubería que pasaba por el techo caían chorritos de agua caliente. MI aspecto de tal guisa era un poco lamentable después de la maratón, pero lo mismo podían pensar todos los que allí compartíamos desnudez. Aun así, el nivel de civilización que allí se vivía, permitió que la operación se realizara con cierta rapidez. En mi mente de español, el hecho de dejar mi mochila y bolsa con las zapatillas, la medalla, dorsal, gps, móvil, etc., sin ningún tipo de vigilancia mientras iba al chorro de agua caliente, me produjo un cierto desasosiego, pero todo el mundo lo hacía y al volver allí estaba todo. De allí salí con un pantaloncito corto de correr, una camiseta limpia de algodón y andando sobre unas chanclas, como si volviera de la playa, tan feliz (con mi medalla al cuello). Y atravesado una explanada de césped justo detrás del famoso edificio del parlamento, me dirigí a encontrarme con mi mujer, Ana, en el punto de encuentro con los familiares, muy cerca de la Puerta de Brandenburgo.
Quiero dedicar las últimas líneas a mi mujer, Ana, incondicional, paciente y siempre apoyándome. Y cómo no, a Santi (Crusti) y Andrés (Mechas), con los que compartí cenas, nervios e ilusiones. Y Javi (super 7) al que por fín conozco en persona (¡y que me ha roto todos los esquemas de cómo pensaba que era!, por supuesto mejorando esa imagen).

sábado, 3 de septiembre de 2011

Historias de la maratón: el prepotente.

Hece un par de años tuve la ocasión y el privilegio de correr una maratón como si fuera un corredor de élite. Fui al mismo hotel que los maratonianos de élite, puede compartir comidas y charletas de colega con ellos, recoger el dorsal por la vía ‘vip’ en la feria del corredor, tomar la salida en la zona reservada a la élite y llegar desde el hotel y volver al hotel en un autobús especial,… Todo esto es difícil vivirlo siendo corredor popular y yo tuve la suerte de vivirlo y conocer, en primera fila, cómo son estas personas a las que llamamos corredores de élite.

En las mismas condiciones que yo, estaba invitado un político de bajo nivel, pero del que podían depender ciertas subvenciones, que iba a enfrentarse a su primera maratón después de haber corrido varias “medias” y acompañado por un entrenador personal (uno de sus jefes de sección). Este hombre, no se mezcló en ningún momento con los corredores de élite, algo que yo no podía entender. Los corredores populares de maratón, sentimos verdadera adoración por esos “extraterrestres” capaces de correr más de 42 kilómetros a ritmos cercanos a 3 minutos el km. En los pocos días que duró la experiencia no le vi ni siquiera hablar con ninguno de ellos.

La tarde anterior a la maratón, los invitados “no corredores profesionales” salimos a dar un paseo por la ciudad. Este hombre no se preocupaba, pese a ir con su entrenador, ni de hidratarse ni de cuidar las piernas en una caminata quizás algo exigente. Yo le pregunté en un par de ocasiones si no necesitaba beber y cuando aprecié su mirada de desdén desistí de insistir. A una hora determinada yo me retiré a descansar al hotel. Antes de irme le comenté ¿no te estás dando mucha paliza antes de la Maratón? Su respuesta también desdeñosa es que no iba a dejar el paseo y que iba a cenar un buen pescado en el centro de la ciudad. Yo le recomendé pasta pero imagino que no hizo caso (¿qué pensaría su supuesto entrenador?).

El hotel donde estábamos, de forma excepcional y gracias a los corredores de élite, nos permitió desayunar a las 6 de la mañana (tres horas antes de la salida). Tuve la suerte de compartir desayuno con el que luego fue ganador de la carrera, y no solo compartí desayuno, sino anécdotas, experiencias, sentimientos. Un auténtico privilegio. El político, no apareció por allí. Más tarde, cuando le vi en la salida me dijo que él no desayunaba antes de una carrera. “Pero una maratón no es una carrera cualquiera” creo que le dije.

En la salida me lo volví a encontrar. Equipamiento deportivo de última generación, mallas largas (hacía algo de fresco, pero ¿una maratón entera con malla larga?), camiseta técnica y cortavientos impermeable (lloviznaba suavemente y luego llovió durante la carrera). Ipod, cronómetro,… Vamo lo que llamamos un corredor “fashion” con todos los detalles. Allí estaba también su entrenador personal, terminando de arreglar con la organización, ¡que le pusieran una moto o una bici para seguir a su jefe! Pues sí, el señorito empezó la maratón con una moto detrás donde su entrenador supuestamente le iba a controlar el ritmo y avituallarle de lo que precisara. “Desde luego, así se puede correr una maratón”, pensé. Yo he visto correr una maratón a un primer ministro en activo de otro país sin nada de esto, como un popular más.

Al salir yo empecé a correr a mi ritmo para intentar bajar mi mejor marca, y cuando llevaba dos kilómetros, me pasó el individuo a toda pastilla mucho más rápido de lo que la prudencia recomienda en un primer maratón. Yo corría con otro español que conocí y recuerdo que comenté: “Mira, uno que va a petar tarde o temprano”. Y claro, el Maratón no perdona a quienes no le respetan. Después del km 22, allí estaba a un lado de la cuneta el prohombre en posición de potar junto a su “personal trainer” y la moto. Por lo visto intentó seguir y hacia el 25 lo dejó definitivamente y la moto le devolvió a la salida (no sé si el motorista volvió a recoger al entrenador).

Yo llegué a la meta un minuto por encima de 3h 30 minutos, mi mejor marca en maratón hasta ese momento. Mi sorpresa fue que el autobús con toda la élite, el prohombre y su entrenador personal estaban esperándome para volver al hotel. Todos me felicitaron y casi aclamaron al comentarles, tímidamente y casi con vergüenza, mi tiempo. Yo alucinaba con que gente que corre en menos de 2-30 me felicitara de aquella manera. En maratón no hay adversarios, sino compañeros y uno lucha contra uno mismo y contra la maratón y todos (casi todos) allí, entendían lo que es hacer una mejor marca personal. Según avancé por el pasillo noté los ojos cargados de envidia de alguien. Alguien que comentó a su vecino de autobús: “pero yo he batido mi mejor marca de media maratón”. Curiosamente unos meses después leí una entrevista que le hacían donde presumía de haber acabado una maratón, desde luego no esta. Ya se sabe que hay más tontos que botellines.

lunes, 29 de agosto de 2011

Módica, Sicilia


Cuando mis amigos Pablo y Valen nos invitaron a su boda en Módica, Sicilia, y empecé a planificar el viaje, mis conocimientos sobre la isla rayaban los estereotipos y sitios más conocidos: la tierra de la mafia y la pizza, el volcán Etna, algunas ruinas,… Cuando llegué a Sicilia, algunos estereotipos se confirmaron (la manera de conducir siciliana no dista mucho de cómo la había imaginado) pero muchos otros se destruyeron al encontrarme un mundo muy distinto al esperado. Los sicilianos son encantadores, algo que corroboré al conocer a la familia de Valen. No sé por qué pensaba que el carácter hosco que a veces presentan algunos isleños de otras latitudes iba a ser la característica de los sicilianos, pero no es lo que me he encontrado. Al vincular Sicilia con la parte más al sur de Italia, pensaba encontrarme unos pueblos al estilo de los pueblos andaluces, blancos, encalados. Y esta quizás ha sido mi mayor sorpresa. Las ciudades son de piedra, una piedra caliza ocre que adquiere su mejor tonalidad al atardecer (como bien indican algunas guías). No son ciudades blancas y en algún caso me recordaron ciudades históricas castellanas o extremeñas, más que a la Andalucía blanca. Módica, en el corazón de la llamada Sicilia barroca, está en una comarca donde muchas de sus ciudades, cada una de ellas, son una joya del barroco más característico. Ciudades de tamaño medio con cientos de palacios, docenas de iglesias, y en la mayoría de los casos dos catedrales. Muchas de las ciudades, enclavadas en lo alto de una montaña o a lo largo de una garganta, se dividen en una “parte alta” y una “parte baja”, cada una con su Duomo. Se nota que fue un lugar esplendoroso y en una parte amplia de su historia. Hoy muchos palacios están abandonados, otros restaurados y utilizados como hotel o restaurante, pero el derroche arquitectónico en el más puro estilo barroco es apabullante. En algunos casos, en ciudades costeras, como Siracusa, se mezclan los colores ocres de los edificios con el azul intenso del mar. En tres días visitamos cinco ciudades: Siracusa, Ragusa, Módica, Scicli y Noto, todas ellas ciudades Patrimonio de la Humanidad. Además tuvimos tiempo de pasear por algunas de las bonitas playas, comer mucha pizza y buena pasta, saborear muchos granizados de limón, almendra o fresa y acompañar a Pablo y Valen en el día de su boda, pero esto es otra historia.

Claro que mis zapatillas viajaron conmigo a Sicilia. Esta vez no fue fácil encontrar un hueco para correr, pero al menos dos días pude salir. El problema era encontrar un recorrido en Módica que fuera algo plano, lo cual fue imposible. Al final no me quedó más remedio que correr hacia arriba y hacia abajo. Cogí la carretera dirección Ragusa (correr por la ciudad era prácticamente imposible, no solo por la gente que pasea sino por la propia orografía de las calles) e hice cuatro kilómetros hacia arriba y luego cuatro kilómetros de vuelta hacia abajo, para terminar con un pequeño recorrido urbano por la calle Umberto I (donde está el Duomo) hasta el ayuntamiento. Aproximadamente a dos kilómetros fuera del pueblo, se tiene una de las mejores vistas de la ciudad, que tuve la suerte de ver al anochecer, cuando la suave luz del sol tuesta el ocre de los edificios para hacerlos color pastel.

sábado, 2 de julio de 2011

Dresden, correr por el parque


La primera vez que visité Dresden fue poco tiempo después de la caída del Muro. Era una ciudad muy gris, donde aún quedaban muchos vestigios del aspecto típico de las ciudades comunistas tan parecidas entre sí por una arquitectura sin ningún tipo de imaginación y dudosa funcionalidad. Incluso aún estaban reconstruyéndose algunos de los edificios históricos totalmente destruidos durante la segunda guerra mundial. Porque Dresden fue una de esas ciudades alemanas totalmente destruidas por los bombardeos de la segunda guerra mundial. Poco antes de acabar la guerra, un bombardeo aliado acabó con la ciudad en una acción que fue muy difícil de entender porque la sufrió la población civil con la guerra prácticamente acabada. Con esfuerzo y dedicación (a veces con una gran ayudad de la comunidad internacional) la parte histórica de la ciudad fue reconstruida y hoy podemos verla como si no hubiera sido destruida. El centro histórico, conocido como “el joyero”, es realmente magnífico, con edificios barrocos muy al estilo centroeuropeo, con edificios que perfectamente podrían estar en Praga o Viena. Dresden además tiene el encanto de las ciudades gobernadas por la presencia de un gran río (el Elba), que en parte divide la ciudad nueva de la vieja. La vista desde la parte nueva de la zona histórica es hermosísima, tanto de día como de noche, donde los principales edificios están iluminados. Dresden es un destino turístico seductor, poco conocido, pero con atractivos como la Opera (una de las mejores de Alemania) con un edificio histórico muy conocido porque es protagonista de un famoso anuncio de televisión de cerveza. Dresden además es un gran centro universitario, con una gran densidad de institutos de investigación, especialmente en el área de Ciencia e Ingeniería de Materiales.


Correr por el centro de Dresden, ciudad sin altibajos, es muy agradable. Incluso correr por las riberas del río Elba, que nos da la oportunidad de ver la ciudad desde distintas perspectivas. Pero además de estos posibles recorridos, Dresden tiene una joya para los corredores. Un parque en mitad de la zona más vieja que permite aislarse por completo de la ciudad. Es un área verde, con una población de árboles, tan densa, que hay zonas donde el sol no llega nunca al suelo. El parque tiene más de dos kilómetros de largo y uno de ancho, pero por su interior hay muchas veredas que se separan de los caminos principales y que permiten hacer muchos kilómetros en un entorno totalmente verde. Claros con césped, estanques, algún edificio singular (como el Palacio ubicado justo en el centro),… El parque también acoge el pequeño Zoo de la ciudad. Hay momentos donde corres como si estuvieras en mitad del campo. Si vais por Dresden, no olvidéis llevar las zapatillas.


domingo, 19 de junio de 2011

Turismo en Nueva York. Mi NY imprescindible.

Me lo han pedido seres queridos. Aquí va.

MUSEOS.

Cualquiera de los grandes y famosos museos de NY es interesante de ver. Todo depende del tiempo que tengas. Creo que especialmente merecen la pena dos: el MOMA, quizás porque siempre ha sido una referencia mundial en arte moderno y el Museo de Ciencias Naturales. Este último tiene una colección de dinosaurios única en el mundo, entre otras muchas cosas.

LOS “SIGTHS”.

En NY hay que ver los famosos “sigths”:
- El Empire State Building. SI hay tiempo merece la pena subir de día y de noche. Si hay que elegir, yo prefiero de noche, a partir de las 10 (creo que cierra a las 12). Suele haer muchas menos colas. NO dejarse engañar por los cientos de vendedores de entradas que hay en los alrededores prometiendo de todo. Lo mejor es sacarla en la ventanilla.
- La estatua de la Libertad. Hay que ir temprano para evitar colas de horas. Si abre a las 9 (creo que si) hay que estar allí antes. Si no, tendrás que esperar una cola enorme, a cualquier hora que vayas. Una alternativa (y gratis) es tomar el Ferry que va a Staten Iland (si, el de Armas de Mujer y tantas pelis). Se puede ir y volver con magníficas vistas de la señora Liberty, y es gratis. EL Ferry se coge prácticamente al lado de donde sale el de la estatua.
- El puente de Brooklyn. También se puede hacer de día o de noche. A mi también me gusta más de noche, pero de día tiene su encanto. Vistas espectaculares de Manhatan. Hay que ir en metro hasta la estación High St. (al otro lado) y se puede volver a Manhatan por encima del puente, paseando. Merece la pena.

OTROS LUGARES Y EDIFICIOS.

- Grand Central Station. Protagonista de mil películas. Te parecerá que ya has estado allí. Fundamental.
- Edificio Christler. Símbolo del Art Decó. Construido en 1929 cuando la crisis de la bolsa.
- Hotel Waldorf Astoria: merece la pena sentarse en el hall, símbolo del lujo extremo. SI tienes ganas de ir al servicio, entra y verás (te costará un dólar, pero…)
Estos tres sitios están cerca entre sí. Otros sitios:
- Flat iron. Famosísimo edificio. Cerca del cruce de Broadway con la 5ª.
- Madison Square Garden. SI te quieres gastar un dineral en ver un partido de la NBA. Cerca está el Macy’s más grande del mundo.
- Hotel Plaza (parecido al Waldorf), se puede ver en el Paseo de la 5ª.
- Zona cero. Justo al lado está el único outlet que hay en Manhatan.
- Wall Street, el corazón financiero. Justo al lado de la zona cero.
- City Hall (al lado de Wall St. y zona cero. Tienda enorme de electrónica)

PLAZAS

Hay muchas, pero yo recomiendo, al menos, estas.
- Rockefeller center. Lugar mítico de muchas películas. En invierno se puede patinar sobre hielo. Se puede ver en el paseo de la quinta avenida (ver paseos).
- Times Square. En Times Square hay muchas cosas interesantes. Por ejemplo hay un kiosco donde se pueden comprar entradas de musicales de última hora. Cerca de Times Square están casi todos los teatros (Broadway). En una esquina (al sur) hay un hotel Marriot que tiene en una de sus plantas altas un restaurante/discoteca/bar de copas giratorio. Merece la pena. Mejor ir de noche.
- Washington Square. Una de mis plazas favoritas. Los fines de semana por las tardes, música en directo de muchos grupos improvisados, de todos los estilos. En su esquina sur-oeste, lugar donde se juegan partidas de ajedrez de dos minutos con apuestas. Cualquiera puede intentarlo. Saliendo del parque por esa esquina, y dos calles más abajo, hay una cancha de baloncesto callejera como las que salen en las películas. Está en el corazón de la Universidad de NY.

CENTRAL PARK

Merece la pena pasear por Central Park, por lo menos una tarde o una mañana. O correr por central park si uno tiene esa afición. Hay muchos lugares que visitar (ver cualquier guía turística) y que han salido en docenas de películas míticas. Los fines de semana muchísima gente practicando todo tipo de deportes. Hay que perderse por allí. Muy curiosas las dedicatorias de los bancos. Si eres amante de los Beatles, indispensable el memorial Strawberry Fields y el Dakota (parte Oeste).

BARRIOS

Todos merecen la pena, pero por lo menos Chinatown (puestos tipo “rastro” donde se pueden comprar imitaciones), alrededor de Canal Street. Curioso Little Italy. Intesante el Soho. Muchos restaurantes para cenar. Hoy se puede también pasear por Harlem sin problemas y entrar en una iglesia un domingo para ver una celebración.

PASEOS

Muchos, pero dos que recomiendo:
1) Desde Canal hasta Washington Square, por Broadway. Si se quieren comprar vaqueros, zapatos, zapatillas tipo americano,… tiendas a ambos lados.
2) Subir la quinta avenida desde, por lo menos, la 33 hasta Central Park: tiendas famosas (deportes, la tienda oficial de la NBA, tienda Disney, Sacks,… casi al final Tifany’s), edificios famosos (torre Trump, imprescindible entrar y subir por la escalera mecánica entre toneladas de mármol y tiendas de lujo, Catedral de San Patricio, Rockefeller Centre,…). Se pasa por la esquina de la calle 47, la calle de los diamantes (merece la pena echar un vistazo a los escaparates). Acabamos en la esquina con central park: a la izquierda el hotel plaza (entrar a echar un vistazo) y a la derecha FAO Swartz, una de las tiendas de juguetes más grandes del mundo (donde está el famoso piano de pie que sale en la película Big). Allí también está la mayor tienda Apple de NY, donde se puede encontrar ‘lo último’.

NO DEJAR DE HACER:

- Tomar Pastrami.
- Tomarse un perrito caliente por la calle.
- Desayunar un buen muffle.
- Mirar el cielo para sentirse muy pequeño.
- Asombrarnos por casi todo lo que vemos.

viernes, 22 de abril de 2011

Nacidos para correr, de Christopher McDougall

En la tradicional comida organizada por el Foro Carreras Populares, previa al Maratón de Madrid, se sortearon varios ejemplares de “Nacidos para correr” y tuve la suerte de que me tocó uno. Llevaba un par de semanas tratando de encontrarlo en alguna de las librerías de mi barrio y estaba a punto de comprarlo por internet, cuando me calló el libro entre las manos gracias al sorteo.

¿Cómo transmitir lo que podéis encontrar en este libro? Es la historia de una carrera mítica, la ultramaratón del Cañón del Cobre, en Mexico. Es un viaje iniciático del autor y protagonista desde el mundo del corredor popular hacia la mística que rodea el mundo de las ultramaratones de extrema dureza. Es un repaso a las aventuras de muchos de los corredores míticos de largas distancias. Leyéndolo conoceréis a algunos de los personajes más interesantes (reales) del mundo del ultrafondo . Es un manifiesto en favor del correr como medio de vida y el correr para divertirse. Es un tratado de antropología, donde se desarrolla la teoría de que el Homo Sapiens “nació para correr” y que fue esa capacidad, la de poder correr grandes distancias, la que nos convirtió en la especie predominante del planeta tierra. Es un tratado de nutrición deportiva. Es una apología del correr sencillo, natural, … lejos de las multinacionales. Y además de todo esto es una novela, con su planteamiento, trama, desenlace, novela que te engancha y te obliga a seguir leyendo. Novela en la que van apareciendo muchos personajes reales que son leyenda en el ultrafondo, incluyendo a los Tarahumaras, indios mexicanos y auténticos protagonistas de la historia.

Es un libro que invita a correr. Si eres corredor aficionado o profesional, debes leerlo porque te suscitará algunos interrogantes que a lo mejor te hace replantearte tu manera de correr y, desde luego, te hará ilusionarte más por esta afición. Si no te gusta correr, a lo mejor después de leerlo te planteas iniciarte en este apasionante deporte. Correr es nuestro destino, porque hemos nacido para correr. Como se dice en algún lugar del libro “no dejas de correr porque te haces viejo, sino que envejeces porque dejas de correr”.

Aquí tenéis un adelanto.

martes, 12 de abril de 2011

Maratón de París


Dedicado a mi amiga Maria Jesús.

El 10 de Abril de 2011 amaneció en París un día radiante. Uno de esos días que hacen que a esta ciudad se le llame “la ciudad de la luz”. Un día precioso para correr una Maratón. La verdad es que toda la semana había sido casi veraniega en París, pese a estar aún en el mes de abril. A las 7.00 de la mañana, casi no hacía falta abrigarse. Con la ropa con la que iba a correr y un chubasquero de plástico, me dirigí hacia el metro para llegar, media hora después, a la estación de Charles de Gaulle-Etoile, donde está el arco de Triunfo. El lugar es espectacular. Hacia un lado los Campos Elíseos, desde donde saldría la carrera, hacia el otro la Av. Foch, lugar donde está la meta. Ya hay un gran ambiente, y algo de confusión al no estar aún cortado el tráfico. Me dirijo por la Avenida Foch hacia el lugar donde está el guardarropa, y después de comprobar que no necesitaba mucho abrigo, entrego mi mochila quedándome conmigo solo un plástico para mantenerme caliente. Me queda casi una hora hasta el momento de salir, pero vivir ese ambiente tan especial previo a una gran maratón, en un lugar tan emblemático, hace que ese tiempo de espera lo disfrute minuto a minuto.

Grupos de corredores fotografiándose frente al arco de triunfo, corredores calentando o estirando, gente moviéndose de aquí para allá, vestidos de distintas maneras, nerviosos, expectantes, algún despistado de última hora buscando el guardarropa… El ambiente es increíble. Me paro un rato a contemplar el espectáculo desde un banco de los Campos Elíseos, saboreando cada instante. Me coloco bien el chip en mi zapatilla derecha, me aprieto los cordones, hago unos estiramientos casi simbólicos y decido que ya estoy preparado. Entonces camino hacia el Obelisco hasta encontrar mi corral de salida, el sub 3.30.

El corral se va llenando poco a poco, con mucha animación por los micrófonos de ambiente, que en francés, inglés, español, italiano, alemán y portugués iban dando distintas informaciones. Entre otras, que la temperatura iba a ser alta y que no olvidáramos hidratarnos en todos los puestos de avituallamiento. Cada vez queda menos y me agolpo en la parte delantera del corral. Risas, nervios, gritos, ánimos, camisetas volando de aquí para allá,… A pocos minutos del comienzo de la carrera, se guarda un minuto de silencio por las victimas de Japón. Y, por fin, suena un pistoletazo de salida.

La carrera sale lanzada hacia abajo, y después de tres minutos paso por la línea de salida. Apenas se puede correr con comodidad en varios kilómetros, con bastantes codazos y, esto sería la tónica en más de media carrera, con numerosos cuellos de botella que provocaban problemas con bastante frecuencia. Pese a lo temprano de la hora (8.45) muchísima gente animando de manera estruendosa. Público animando durante prácticamente todo el recorrido. Esto es, entre otras cosas, lo que hace grande una maratón. El recorrido es grandioso, como la ciudad. Especialmente estos primeros kilómetros que se corren por la superficie de la ciudad. Chatelet, el Louvre, el Hotel de Ville, la Bastilla,… Poco a poco, en dirección este, vamos saliendo del centro para adentrarnos en el Bois de Vincennes, siempre con muchísima gente empujándonos “¡Allez, allez!”. Pasamos junto al precioso Chateau de Vincennes y recorremos varios kilómetros antes de volver en dirección oeste para tomar la rivera del Sena. La vuelta a la Rue Charenton vuelve a significar mucha animación, un público entregado a su carrera. ¿Cuándo veremos en Madrid algo parecido?.



Después de la media maratón, cuando la carrera empieza a transcurrir paralela al Sena, se produce la primera pequeña estafa de la organización. En vez de correr por la superficie, nos dirigen a una vía rápida, que durante bastantes metros (en total kilómetros) discurre por túneles. La sensación no es buena, pero afortunadamente a la altura de la torre Eiffel se vuelve definitivamente a la superficie. La vista vuelve a ser espectacular. Pero ya estamos en el kilómetro 30, que es donde realmente empieza lo duro de la carrera, donde uno empieza a percibir las sensaciones que te permitirán llegar a meta bien, o arrastrándote. Hasta ese kilómetro había conseguido mantener un ritmo por debajo de los 5 minutos el km, pero a partir de ahí, mi ritmo difícilmente bajaba de esos 5 minutos, aunque afortunadamente tampoco se iba muy por encima. La dureza de los kilómetros aumenta al entrar en el Bois de Boulogne, donde disminuye el público. En un determinado momento se enfila una avenida donde muy al fondo se ve el arco de Triunfo lugar cercano a la meta, tan cerca, tan lejos.

A falta de seis kilómetros me doy cuenta de que ya no puedo mejorar mi marca en maratón. El calor y la humedad han hecho su trabajo y en las piernas casi no me queda nada. Casi decido dejarme ir cuando a mi lado pasa una de las liebres con la bandera de 3.30 que me dice en castellano: “¿Qué, que tal vamos?”. “Muy justo”, le respondo, “en la reserva”. “Vamos, animo, que ya estamos ahí” me contestó a su ritmo exacto. Eso me sirvió de revulsivo. Me coloqué a su espalda y ya prácticamente no le abandoné hasta meta. Las piernas casi no me respondían, pero podía aguantar el ritmo. Los dos últimos kilómetros fueron infernales, pero ya se percibía la meta, donde finalmente entré por debajo de los 3.30. Mi tercera mejor maratón. Una gran maratón de una gran ciudad.

Sobre la organización.

Aquellos que quieran correr esta maratón, aquí encontrarán más información práctica. La feria del corredor, bien organizada, aunque un poco alejada del centro. Todo muy caro y solo algunos regalos en los stand de ciudades con maratones. La bolsa del corredor un poco pobre (en mi opinión) y sin camiseta que iba a ser entregada en la línea de meta (¿para ahorrarse unas pocas?). No sé cómo fue la Rice Party (se sustituyó la pasta por arroz) porque al estar tan lejos decidí no participar.

La organización en la salida/meta, bastante buena, aunque el guardarropa estaba un poco alejado de la salida y eso te obliga a una buena caminata antes de empezar. Tampoco es normal que los puntos de encuentro con letras estuvieran duplicados.
Muy bien los avituallamientos. En todos agua, pasas, naranjas, platanos, azúcar. Solo bebidas isotónicas en un punto de la carrera.

El recorrido, salvo los tramos subterráneos, grandioso. Gran parte por el centro con muchísima animación. Muchos codazos en los cuellos de botella, pero es el precio de ir por el centro.

Una maratón inolvidable, grande, que merece la pena ser corrida.

Sigue mi maratón

viernes, 25 de marzo de 2011

Previo Paris

En muchos sitios de España, al número 15 se le llama “la niña bonita”. Y a casualidad ha querido que mi maratón número 15 sea en Paris, “la niña bonita”. Paris es una de esas ciudades talismán para mucha gente. “MI ciudad favorita”, dicen algunos. Yo siempre he pensado que Paris es una ciudad excepcional, impresionante desde el punto de vista monumental. En mi opinión, si quitamos a Rio de Janeiro, sin duda la ciudad del mundo más espectacular desde el punto de vista de la naturaleza que en ella se despliega y Nueva York como ciudad de referencia para muchas personas (también para mi) por mil razones, si preguntáramos a 100 personas por su “ciudad favorita por visitar” o “visitada”, posiblemente un porcentaje muy alto contestaría que Paris.
He visitado París en muchas ocasiones y, si coincide un día de primavera u otoño con un cielo limpio y despejado, el espectáculo que nos ofrece la ciudad es difícilmente comparable con ninguna otra. Aparte de los numerosísimos lugares comunes tan reproducidos en el cine y la televisión, el apelativo de “ciudad de la luz” es merecido sobradamente.

En Paris vivía y trabajaba una buena amiga y cuando decidí correr la Maratón de Paris, y me inscribí en la maratón, un aliciente era poder compartir unas horas con ella, ya que nuestras vidas se complican tanto que muchas veces tenemos que buscar excusas (como correr una maratón) para reencontrarnos con amigos. Mi amiga fue sorprendida por un cáncer perverso que se la llevó sin darnos tiempo ni a despedirnos de ella, y de alguna manera dejó huérfana la ciudad.

Correr en Paris se ha convertido para mí en un acontecimiento triste, porque cada minuto, cada hora de las que corra por esa ciudad, me recordarán a mi amiga. Difícilmente podré volver a esta ciudad sin recordar a mi amiga. Y hoy, ese recuerdo me produce tristeza. Serán 42,195 kilómetros que dedicaré, metro a metro, a la memoria de mi amiga Maria Jesús.

sábado, 5 de marzo de 2011

Correr por Trento


Trento es una ciudad italiana que está muy cerca de la frontera con Austria. Está en una región llamada Trentino (Tirol del Sur) y es conocida, sobre todo porque ente el año 1545 y 1565 se celebro allí el conocido Concilio de TRrento, que significó una auténtica catarsis para la Iglesia católica al ser convocado como una respuesta a la aparición del protestantismo.

Trento es una ciudad pequeña, pero acogedora. Típica ciudad universitaria, donde los estudiantes, cuando llega el jueves o el viernes, vuelven a sus ciudades , normalmente a menos de dos horas de tren. Es una ciudad “de montaña”, muy cerca (a menos de una hora) de los Dolomitas, con unas impresionantes estaciones de esquí.

Tengo una relación con Trento por motivos de trabajo desde hace años, y de cuando en cuando tengo que regresar. Trento, aparte de la Universidad, tiene las montañas, un centro urbano antiguo, pequeño, pero muy bonito y, por supuesto, la cocina italiana, tan rica en hidratos de carbono. Para la gente que no corre, es un auténtico peligro pasar unos días en Italia, porque con una pasta tan rica (y abundante) es sencillo coger sobrepeso si no se queman convenientemente esos hidratos. Y, entre otras cosas, me esforcé en no desaprovechar la ocasión de regalarme una buena dosis en una trattoria de muy buenos recuerdos, llamada Alla Grotta, donde la pasta según mis colegas italianos no es muy buena (excelente para nuestro estándar español) pero es mucho más que abundante en la generosidad de sus raciones. Y si las raciones de pasta son enormes (suficiente para llenar al más exigente), las pizzas son de un tamaño descomunal.

Nunca tengo tiempo de ir a esquiar en Trento, pero tampoco viajo allí sin mis zapatillas. Y después de una buena cena en Alla Grotta, lo pertinente es quemar, cuanto antes, esos hidratos recién adquiridos. Trento es, como ya he dicho, una ciudad de montaña, por lo que la mejor solución para correr una buena distancia sin necesidad de laterar mucho el corazón, es tomar el sendero que hay junto a al río Adige. Correr junto a un río ancho que pasa por una ciudad, es asegurarse un recorrido sin muchos sobresaltos. Y además este tiene a un lado un carril bici, que a veces discurre en paralelo con un sendero de tierra muy apropiado para desgastar zapatillas.. Desde mi hotel, situado al lado de la estación, solo tenía que cruzar la Plazza Dante (presidida por una majestuosa estatua de Dante) para llegar a la margen izquierda del río (rio abajo) y, de momento, discurrir por una senda de varios kilómetros. Aproximadamente a unos tres kilómetros, la llamada carretera “Tengenciale” ocupa en paralelo la margen por la que yo corría y esto me obliga a cruzar un puente y seguir mi camino por el otro lado del río.

Eran las 8 de la mañana. Una fría mañana en una ciudad de montaña, con una temperatura y sensación de frío alta, a causa de la humedad, pero gracias a las nuevas ropas térmicas, corro muy a gusto y sin pasar frío. En mi recorrido de doce kilómetros, solo me cruzo con otros tres corredores, dos bicicletas y numerosos lugareños paseando a su perro.

Se que volveré a correr por Trento, y la experiencia es muy agradable: aire puro, un río ancho y caudaloso, las montañas nevadas al fondo (da igual hacia donde mires). Merece la pena, siempre, cargar con las zapatillas.

domingo, 13 de febrero de 2011

Una tapia con Fabián Roncero


La Tapia es un recorrido casi mítico de la Casa de Campo de Madrid. Depende de por donde lo cojas pueden ser 15, 5 ó 16,5 km, pero lo normal es que sean unos 16 km. La Tapia puede ser más o menos dura. Yo siempre la he hecho saliendo del parking del Lago, en sentido anti horario. Los primeros kilómetros son llanos y transcurren por dentro de la tapia y en paralelo a la M-30. Después, a través del famoso bosque donde entrena la élite, se llega a la vía del tren. Se cruza y se sigue bordeando la tapia y llega la parte más dura. Hay varias cuestas considerables, un continuo rompe piernas. A partir del km 8, se suavizan bastante los toboganes y a partir del 12 es casi cuesta abajo o llano. El final se hace largo, porque pese a ser llano, se vuelve al asfalto. Cuando llegas al ZOO te crees que ya has acabado y aún quedan tres km. Pasas por el Parque de Atracciones y enfilas de nuevo hacia el lago.

Hoy he tenido el privilegio de hacer una Tapia con Fabián Roncero. Durante una gran parte hemos ido mucha gente juntos, pero al final, unos se quedaron y otros tiraron más rápidos y nos quedamos con él un grupo muy reducido. Gran tipo. Es, posiblemente, el mejor maratoniano que hemos tenido nunca, por lo menos el único capaz de batir el record del mundo (no lo hizo por culpa de un calambre en el 98, en Róterdam). Amable con todos, continuamente animando. Bromeando, como un colega más. AL final todos los que nos arremolinamos en el parking,le molestamos con fotos, autógrafos,… Sin perder la sonrisa nos ha atendido a todos.

Ha sido una iniciativa de "Zona deportistas" y además de contar con la compañía de Fabián, nos han regalado una camiseta técnica, bebida isotónica, una revista, y todo compartiendo la mañana con amigos y amigas blogueros. Perfecto.

sábado, 1 de enero de 2011

San Silvestre Vallecana 2010

Video
Una vez más mi última carrera del año ha sido la San Silvestre Vallecana (SSV). Una de las ventajas de vivir en una ciudad como Madrid es poder disfrutar de carreras como esta, que dicen es la mejor San Silvestre del mundo. No sé si eso será cierto, pero si sé que es una gran carrera. Todos los años, en los meses previos, en los foros, clubs, grupos de corredores de Madrid, se suscita el debate acerca de la SSV: que si está muy comercializada, que si el precio de la inscripción es cara, que si tiene este o aquel fallo de organización,… pero lo cierto es que muchos no podemos resistirnos en participar de esta carrera, a la que vienen corredores de 60 países del mundo. Y nosotros la tenemos en casa ¿cómo resistirse?. 34000 corredores, animación en las calles durante todo el recorrido, mucha gente disfrazada con grandes dosis de imaginación. Ayer, en un momento dado de la carrera, me encontré corriendo al lado de unos veinte superhéroes (sobre todo ‘supermanes’) al ritmo de 4.30 el km. Perritos, gallinas, hombres/bailarinas, Mario Bross en persona,… Y una vez más, durante el recorrido despotricas en tu interior por lo difícil que resulta correr en medio de esa marea humana, donde hay mucha gente colocada donde no debe. Se sale por cajones, donde en principio todos estamos donde debemos, pero durante toda la carrera fui adelantando gente que, obviamente, no estaba donde debía. ¿Pero qué más da?. La SSV es una fiesta, la penúltima del año y hay que disfrutarla como lo que es.
La carrera, además, es preciosa. Correr de noche en un Madrid iluminado para las fiestas de Navidad, por algunos de los sitios más emblemáticos de la ciudad, es algo que no tiene precio. La organización, muy buena si tenemos en cuenta la magnitud de la carrera. El recorrido es fácil, pero con sus puntos de dificultad, para hacerla también atractiva desde el punto de vista de la competición. La SSV no defrauda, sea cual sea tu objetivo.

Maratones que he corrido

  • Maratón de Madrid: 2004 (3h 58m), 2005(3h 56m 42s), 2006(4h 15m 34s), 2007 (4h 06m 49s), 2009 (3h 40m 20s), 2012 (3h 19m 36s), 2013 (3h 13m 59s), 2014 (3h 40m 58s), 2015 (3h 19m 33s), 2017 (3h 58m 12s)
  • Maratón de Donosti: 2007 (4h 4m 52s)
  • Maratón de Toral de los Vados: 2008 (4h 11 m 16s)
  • Maratón de Marrakech: 2009 (3h 58m 4s)
  • Maratón de Oporto: 2009 (3h 30m 34s)
  • Maratón de Zaragoza: 2009 (3h 56m 32s)
  • Maratón de Sevilla: 2010 (3h 47m 27s)
  • Maratón de Boston: 2010 (3h 29m)
  • Maratón de Nueva York: 2010 (3h 28m 38s)
  • Maratón de Málaga: 2010 (3h 52m 16s)
  • Maratón de París: 2011 (3h 29m 43s)
  • Maratón de Berlín: 2011 (3h 23m 28s)
  • Maratón de Castellón: 2011 (3h 20m 14s)
  • Maratón Misteriosa (Tres Casas, Segovia), 2013 (3h 54m)
  • Maratón de Chicago: 2013 (3h 25m 37s)
  • Maratón de Londres: 2014 (3h 27m 58s), 2016 (4h 1m 18s)
  • Maratón de Amsterdam: 2014 (3h 28m 6s)
  • Maratón de Lisboa: 2015 (3h 34m 56s)
  • Maratón de Valencia: 2016 (3h 40m 32s)
  • Maratón de Tokio: 2017 (3h 39m 38s)

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