El aprendiz de maratoniano

Historias sencillas de carreras

miércoles, 16 de octubre de 2013

Maratón de Chicago, 2013

Hace poco más de un año, cuando ya tenía todo preparado para viajar a Chicago para correr la maratón, un accidente de moto me metió en un quirófano para ser operado de mi rodilla izquierda tres días antes del día que tenía que correrla. Cuando se abrieron las inscripciones para este año, me apunté corriendo para sacarme la espina de la frustración que supuso no poder correr esa maratón. Once meses después de aquello y tras un verano duro preparando la maratón, me apareció un dolor junto al tendón de Aquiles del pie izquierdo, que al principio ignoré, pero que pronto no solo no cesaba con el descanso, sino que aumentaba día tras día incluso parando de correr. Parecía que la maratón de Chicago estaba gafada. De todas formas parece que siempre pasa algo antes de una gran maratón. Aparecen dolores, se baja el rendimiento, entran los nervios,… Pero esta vez el dolor es real, intenso y duradero. Me puse en manos de mi fisio, y después de varias sesiones, combinadas con descansos y entrenamientos suaves, cuatro días antes de la carrera estaba en un avión volando a Chicago con un dolor sordo y continuo cerca del tendón de Aquiles. Los que hemos hecho de correr maratones parte de nuestra vida, parece que nos cuesta rendirnos ante una posible lesión que puede ir más allá de la próxima maratón. Quizás por eso me llevo para el avión el libro “¿Por qué corremos maratones?, a ver si, más que otra cosa, me reafirmo en  mi voluntad de correr con dolor. Porque correr, voy a correr.

Previo a la maratón.
La “segunda ciudad”, la “ciudad del viento”. Los indios que la habitaban la llamaron Chicago, que significa “campo de cebollas maloliente”. Chicago es una ciudad preciosa. Impresiona por muchos motivos. Es la primera ciudad del mundo que tuvo rascacielos, y no cualquier rascacielos. Después del incencio que destruyó la ciudad a finales del siglo XIX, no hay arquitecto que se precie en el mundo que no tenga un edificio singular en Chicago. Edificios que compiten en soluciones innovadoras, espectacularidad, belleza. Chicago es un muestrario de arquitectura moderna. Pero además es mucho más. En Chicago hay arte, innovación, música (jazz!),  vida,… El hecho de que el tiempo que nos acompañó fuera soleado y cálido, hizo que la ciudad brillara de una manera especial. Sus edificios, el río Chicago, el lago Michigan, sus museos, sus vistas desde arriba (espectacular tanto desde el Hankcok como desde el Willis) y desde ‘enfrente’ (el skyline nocturno desde el planetario es de película), sus rincones, parques (incluyendo el Millenium),… hacen de esta ciudad algo realmente singular. Además la ciudad es muy amigable desde el punto de vista del transporte público (se puede llegar a todos sitios en autobús o en metro) y de sus amables habitantes del medio oeste, que reciben al visitante sin los modos de otras grandes ciudades. Solo sorprende lo dados que son a montar escandaleras con el claxon cuando algo les obstaculiza. En Chicago, más concretamente en la Northwestern University, nació a finales de los cincuenta la Ciencia e Ingeniería de Materiales, disciplina de la que vivo y que adoro, y es también el campus de esta Universidad un paraíso frente al mar que es el lago Michigan.
La feria del corredor.
Podríamos definirla como “americana”, en su sentido más peyorativo. Enorme. Colorida. Multitudinaria. En la feria tomas contacto por primera vez con los voluntarios de la maratón, que como en otras carreras que he corrido en EE.UU. son espectaculares en su trato a los corredores. Amable es poco. Se desviven por los corredores y por ayudarles en aquello que necesiten. La organización tiene varios “shuttle” hacia la feria que está un poco perdida. Y allí, cientos de puestos, como siempre con material deportivo y con publicidad de otras carreras. No me pareció barata, pese a lo cual se hacía caja de forma compulsiva (no a mi costa). Me sigue pareciendo increíble los precios que ponen las multinacionales del ramo a camisetas, zapatillas,… Sobre todo a las que conmemoran la maratón que se va a correr, cuya vida es muy efímera.
El día de la carrera.
La carrera, su primera oleada, en la que yo salía, empezaba a las 7.30. Yo me levanté a las 4.30 a desayunar (con el cambio horario no tiene mucho mérito), y a las 5.45 me fui hacia la zona de salida, en el parque Grant (al sur del parque Milenium, el centro de la ciudad).
Me levanté con un talón mucho más dolorido que los últimos días, pese al quasi-reposo, por lo que por mi cabeza pasaban todo tipo de malos augurios. Eso, junto a la ausencia de entrenamientos serios en el mes anterior a la carrera (7 salidas cortas en 30 días, menos de 60 kilómetros) hizo que me planteara una carrera muy distinta a la que hubiera soñado cuando entrenaba en el mes de Agosto y hacía mis tiradas largas.
En el metro, y en el camino del metro a la entrada del recinto de salida (estrictamente prohibido a todo aquel que no llevara un dorsal), riadas de corredores en mitad de la noche, a la luz de las bien iluminadas calles del centro, especialmente la calle Michigan, que corre paralela al parque.
Había varias puertas de entrada. Cerca de la que me tocó, un homenaje a una estación de metro de Paris, ciudad en la que se inspiró la Chicago post-incendio en el diseño de sus calles. El guardarropa estaba a pocos metros de la playa (Chicago tiene  playas) y junto a la fuente Backingham,  preciosa, y lugar de visita turística ahora cerrado para nosotros. Se ven muchos corredores por todos lados, nerviosos, haciendo cola en los servicios móviles, tomando bebidas isotónicas o energéticas, abrigándose porque hace algo de fresco. Para mi gusto, la temperatura perfecta, sin el temido viento de Chicago. El día perfecto. Qué lástima de talon.
Tras dejar mis cosas en el ropero, decido quedarme para correr con mi camiseta corporativa de ‘tiras’ y una manta gentileza de una línea aérea que luego tiraré. Me dirijo al corral B, inmediatamente detrás de donde está la élite. Y allí a esperar el momento de salir.
Como en todas las carreras en EE.UU. y después de un minuto de silencio por las víctimas de Boston, en un sepulcral silencio, se canta a capela el himno americano. En esta ocasión, miles de corredores se sumaron al coro, resultando un momento de gran solemnidad. Tras presentarse por megafonía a las estrellas que iban a correr, comienza la carrera.
La carrera.
Temperatura perfecta, ambiente extraordinario, motivación,… Todo perfecto si no fuera por mis piernas faltas de entrenamiento en la recta final y por un talón-tendón tocado y dolorido. Decido arriesgar y marcar un buen ritmo, pero con el objetivo de correr de 5 en 5 kilómetros. Para mí la carrera iba a ser de cinco kilómetros, al final de los cuales decidiría si empezaba otro tramo. Mi objetivo era llegar al primer control, luego al segundo,… Cuando pasé la media maratón, con las piernas más pesadas que en otras ocasiones, sabía que podía acabar, y el dolor de las piernas empezaba a apagar el dolor de mi pié.
La carrera es espectacular. Pasa por todos los barrios de Chicago (“loop”, “magnificient mile”, parque Lincoln, “Little Italy”, “Greektown”, incluyendo el barrio chino, donde todos los voluntarios son chinos. Avituallamientos prácticamente contínuos de isotónicas y agua, luego platanos. En el km 30 geles. Todo impecable (salvo que solo había controles de tiempo cada 10 kilómetros). Y los voluntarios, de matrícula de honor. Animación en todo el recorrido, estilo americano, gritando y empujando a los corredores. “Recuerda que has pagado por esto” leo en una pancarta.
La carrera es rápida, prácticamente plana. Solo se suben los pequeños puentes y al final una ligera cuesta para entrar de nuevo al parque Grant. Después de dos horas corriendo se nota el calor y se empieza a hacer más dura, especialmente en mi caso donde mis piernas dejaron de responder mucho antes de lo que hubiera querido. Puede mantener el ritmo que me había impuesto hasta pasado el km 35 y luego, a sobrevivir. Con todo bajé cinco minutos de 3horas 30min.  Mi 4º mejor tiempo.
La llegada, re-entrada al parque Grant es espectacular. Miles de personas desgalillándose por empujarte a la meta. Meta que al final llega con esa enorme mezcla de sentimientos que solo se pueden entender si se ha pasado por allí. Alegría, satisfacción, orgullo, emoción. Y otra vez los voluntarios. Felicitándote, cuidando de ti. Te ponen la manta térmica, la medalla, te dan de beber, hielo,… Te hacen sentir importante (¿no sería posible enseñar a los voluntarios de MAPOMA cómo se hace esto?).
En la llegada un superfiestorro con música en directo para corredores, familiares y amigos (eso si, las consumiciones a cuenta de cada uno).

Una maratón más compartida con mi hermana Beatriz que me apoyó de forma entusiasta, con Marc Manzano, compañero de fatigas, y con unos nuevos amigos, Mari y Ernesto. Ha sido mi maratón número 21. Mi séptima maratón fuera de España. Mi cuarta “major”. Como todas, está más por ser la última y por todo lo que pasé hasta llegar a la meta, una maratón realmente especial. 

Maratones que he corrido

  • Maratón de Madrid: 2004 (3h 58m), 2005(3h 56m 42s), 2006(4h 15m 34s), 2007 (4h 06m 49s), 2009 (3h 40m 20s), 2012 (3h 19m 36s), 2013 (3h 13m 59s), 2014 (3h 40m 58s), 2015 (3h 19m 33s)
  • Maratón de Donosti: 2007 (4h 4m 52s)
  • Maratón de Toral de los Vados: 2008 (4h 11 m 16s)
  • Maratón de Marrakech: 2009 (3h 58m 4s)
  • Maratón de Oporto: 2009 (3h 30m 34s)
  • Maratón de Zaragoza: 2009 (3h 56m 32s)
  • Maratón de Sevilla: 2010 (3h 47m 27s)
  • Maratón de Boston: 2010 (3h 29m)
  • Maratón de Nueva York: 2010 (3h 28m 38s)
  • Maratón de Málaga: 2010 (3h 52m 16s)
  • Maratón de París: 2011 (3h 29m 43s)
  • Maratón de Berlín: 2011 (3h 23m 28s)
  • Maratón de Castellón: 2011 (3h 20m 14s)
  • Maratón Misteriosa (Tres Casas, Segovia), 2013 (3h 54m)
  • Maratón de Chicago: 2013 (3h 25m 37s)
  • Maratón de Londres: 2014 (3h 27m 58s), 2016 (4h 1m 18s)
  • Maratón de Amsterdam: 2014 (3h 28m 6s)
  • Maratón de Lisboa: 2015 (3h 34m 56s)
  • Maratón de Valencia: 2016 (3h 40m 32s)
  • Maratón de Tokio: 2017 (3h 39m 38s)

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