El aprendiz de maratoniano

Historias sencillas de carreras

lunes, 26 de diciembre de 2016

Maratón de Valencia (2016)

Hacía varios años que quería correr esta Maratón, porque todos los comentarios que me habían llegado, tanto de amigos que la han corrido, como en foros de corredores, eran esencialmente buenos. La organización se ha empeñado, desde el nacimiento de la Maratón, en convertirla en una de las mejores del mundo y desde luego, en mi opinión, es la mejor de las que he corrido en España (Madrid, San Sebastián, Zaragoza, Sevilla, Málaga, Castellón, Toral de los Vados,…), considerando una puntuación global que cubra todos los puntos de vista a valorar (trato y servicios al corredor, recorrido, clima, animación,…). Ha sido la primera maratón española en conseguir la categoría Oro de la federación internacional de atletismo (y hasta este año era la única hasta que Madrid lo ha conseguido, algo que a los que corremos Madrid nos parece increíble si tenemos en cuenta el deterioro de MAPOMA de los últimos años).
Valencia no solo ha conseguido la primera la categoría ORO. En muy poco tiempo se ha convertido en la Maratón española más grande, en términos de número de corredores y en términos de organización. Acaban más de 15000 corredores, más que en Barcelona y muchos más que en Madrid. Madrid trata de maquillar el pobre resultado de “finishers” que tiene, organizando una bonita foto en la salida donde colocan a la vez los miles de corredores que corren la media maratón con los escasos 10-12000 maratonianos que la empiezan (digo que la empiezan, porque la acaban muchos menos). Desgraciadamente Madrid es ya la tercera maratón en España, y va camino de seguir bajando puestos mientras la organización solo se preocupe de ganar dinero y no tener en cuenta a los corredores de maratón. Si se preocuparan más de los corredores de maratón y menos de la foto de Recoletos (lleno de corredores de media maratón), a lo mejor harían de Madrid una maratón grande y no un negocio.
Volviendo a Valencia. El recorrido es el más plano de Europa y además se han preocupado de preservarlo del viento. Pasa por todas las zonas emblemáticas de la ciudad, con una salida y llegada espectaculares. La feria del corredor es espléndida y bien organizada, sin esperas ni colas. La salida del 10k es asíncrona con la maratón, con lo cual no se produce la mala combinación de corredores corriendo simultáneamente por objetivos distintos). Buena señalización. Buen avituallamiento (incluyendo geles y alimento sólido). Guardarropa sin esperas (número de voluntarios y espacio bien calibrado). Excelente trato al corredor, que es el protagonista. Es realmente una maratón ORO (y ya he corrido varias). Muy recomendable.

El único punto negativo es el público. En algunas zonas escaso y, en general, poco entusiasta. Yo creo que les falta costumbre.

Mi maratón fue un poco sufrida. Corrí la primera mitad un poco por encima de mis posibilidades y eso se paga. Aun así acabé en un tiempo digno (para mí). Lo pasé muy bien en Valencia. Fui con mi mujer Ana, nuestros amigos Alfonso y Mercedes y allí nos encontramos con otros amigos. Disfrutamos de buenos arroces (gracias a la selección de Rafael, nuestro particular President), buena compañía, y la luz maravillosa de la ciudad. Todo fue perfecto (menos salir de la zona de meta, donde encontrar un medio de transporte nos costó media maratón). Volvimos a Madrid con muchas ganas de repetir.

sábado, 17 de diciembre de 2016

La soledad del corredor de fondo

El Corredor alzó la vista hasta lo más lejos del horizonte, y decidió que quería correr hasta un punto iluminado que había al otro extremo del valle. Ese sería su objetivo, aun sabiendo que la distancia era mucha y el camino incierto, ya que habría de sortear varios montes, vertientes, collados y otros obstáculos que desde esa posición no era fácil adivinar. Pero el corredor es joven y de objetivos ambiciosos y con la ilusión del que empieza una carrera, cuando  los kilómetros que esperan por delante son muchos, pero las fuerzas están intactas y las piernas fuertes.
El Corredor empieza a avanzar con ímpetu, con esa luz en la mirada que refleja la ambición de llegar a donde se proponga, con una zancada fácil y un ritmo vivo. En su avance empieza a encontrarse con otros corredores que van en su misma dirección, pero a ritmos mucho más cansinos, y sin un objetivo claro. El aura del corredor y la ilusión de su mirada invitan a muchos de esos corredores a querer unirse a su carrera. “¿Podemos correr contigo?”, le preguntaban algunos, y el Corredor, generoso con todos siempre contestaba lo mismo “Corro en esa dirección, si quieres sumarte a mi objetivo y contribuir con tu esfuerzo a llegar hasta allí, eres bienvenido”.
Y poco a poco el Corredor se encontró liderando un amplio número de corredores que, antes de unirse al grupo no tenían ni objetivo ni motivo claro para correr. Y además el Corredor, a medida que pasan los kilómetros, se preocupa de todos y cada uno, indicándoles cómo pueden mejorar su rendimiento, cómo afrontar las dificultades del camino, cómo sortear los obstáculos. A veces, a los lados del camino había corredores desorientados, pero con un buen aspecto, y el Corredor también les invitaba a sumarse al grupo.
Y así el grupo iba creciendo. Y no todos contribuían de igual forma en el esfuerzo de avanzar hacia el objetivo. Algunos se mantenían siempre a resguardo de las inclemencias, salvo cuando había que hacerse visible al público que a veces contemplaba la carrera. De pronto pasaban a la parte delantera para dejarse ver, y una vez desaparecía el público, volvían a resguardarse en el seno del grupo. Otros, sencillamente se dejaban llevar. El Corredor procuraba motivar a todos, pero no es suficiente para que algunos no puedan seguir el ritmo y vayan quedándose atrás.
Después de muchos kilómetros, y viendo que el Corredor en algunos momentos parece fatigado, algunos deciden abandonar el grupo, con la idea de encontrar otros caminos para llegar al final del valle. El Corredor siempre trata de evitar la división, pero en esos grupos siempre hay alguien que se cree capaz de liderar y de correr más rápido. En alguna de esas salidas de unidades del grupo, incluso tratan de hacer caer al Corredor, pensando que así el camino será más franco sin tener que compartirlo. Pero el Corredor siempre sabe levantarse y con el paso de los kilómetros, los que se van sumando al grupo compensan a los que se van.
Y van cayendo los kilómetros. A veces, detrás de un recodo, algunos de los que se fueron y trataron de atajar por caminos secundarios, aparecen exhaustos en un arcén y el grupo del Corredor les vuelve a pasar. Los kilómetros y kilómetros recorridos hacen que la convivencia en el grupo se vaya tornado compleja. No todos contribuyen igual en el esfuerzo y muchos cuestionan el liderazgo del Corredor. Y ocurre que al llegar a una bifurcación importante, la gran mayoría opta por seguir otro camino y abandonar al Corredor. La meta parece más cercana y ya han aprendido todo lo que hace falta para correr de forma óptima ¿para qué le necesitan?
El Corredor les ve alejarse en el horizonte por una senda alternativa, y comprueba con tristeza como el grupo se va desmoronando con el correr de los kilómetros. Sin el liderazgo del Corredor, el grupo de deshace como un azucarillo en una taza de café caliente. Del grupo que él creo con tanto esfuerzo y con el que corrió juntos tantos kilómetros, ya no queda nada. Y mira a su alrededor y se encuentra apenas un viejo corredor que le viene acompañando casi desde el principio de la carrera. Y el Corredor mantiene la ilusión. “Empecé solo, y ahora, al menos tengo un compañero”. Pero ese compañero, quién él pensaba era su último y fiel compañero, poco a poco, kilómetro a kilómetro, también va tomando un rumbo distinto. “Correr es duro, y al final cada cual tiene sus propios objetivos”, piensa el Corredor. “Quise hacerme la ilusión de que éramos amigos, más allá de la carrera, pero al final, solo está la carrera”.
El Corredor está solo. Ya no corre con la misma energía, pero la experiencia de tan largo camino, con tantas dificultades, le ayuda a mantener el ritmo. Después de tantos kilómetros, empiezan a doler las piernas, pero la cabeza le empuja a seguir hacia delante, a intentar llegar a la meta. No quiere mirar atrás, pero a veces el recuerdo de las horas pasadas con todos aquellos que recogió y que luego le dejaron, le inundan los ojos de lágrimas. Sigue corriendo, y aun tiene la esperanza de que al volver un recodo, allí estarán esperándole para arroparle hasta el final. Pero también sabe que conseguirá llegar, aunque sea solo, porque cayó muchas veces y siempre pudo y supo levantarse. Es la soledad del corredor de fondo.


martes, 26 de abril de 2016

London Marathon 2016: mile by mile

Cuando hace ahora un año corrí la maratón de Madrid y conseguí bajar de 3h 20 minutos, que era el tiempo límite para poder conseguir un dorsal en Londres “por tiempos”, pensé que era una señal. “Tienes que sacarte la espina de Londres”, pensé. Hace dos años corrí la Maratón de Londres, “la madre de todas las maratones” como yo mismo la definí en mi blog (http://torcas59.blogspot.com.es/2014/04/londres-la-madre-de-todas-las-maratones.html?m=0). Pese a que acabé haciendo un tiempo digno, lo pasé muy mal porque un gel en mal estado me hizo vomitar y los últimos 15 kilómetros fueron una tortura más allá de las molestias típicas de una maratón. Tenía que intentarlo.
Me apunté al “good for ages” y conseguí el dorsal de la misma manera que hace dos años (ver blog) y empecé a soñar con “mi segundo Londres”. Pero las cosas no siempre van como sueñas; casi siempre van por otro camino, y el mío pasaba por la Maratón de Lisboa y mi transito al minimalismo más extremo. Ya durante el verano de 2015 tuve un par de episodios de inflamación del metatarso del pie derecho. Cerca de la maratón de Lisboa, en otoño, volví a recaer. Pero la Maratón de Lisboa, con un suelo de adoquines en una parte importante del trayecto, me sumió en una importante metatarsalgia.
Empecé a combinar periodos de parada con entrenamientos y alguna que otra carrera, y por fin, en la Carrera de las Empresas de Madrid, en el mes de diciembre, me di cuenta de que “aquello” era serio y que debía ponerme en manos de profesionales. Ya en enero me di cuenta de que Londres peligraba, y después de alguna recaída por una mala elección de terapeuta, me puse en manos de una fisioterapeuta a base tratamientos semanales, con vistas de “llegar a Londres”.
A tres meses de la maratón, no era capaz de correr un solo kilómetro sin dolor, y lo que es peor, no aguantaba, sin recaer, ni cinco minutos en la elíptica del gimnasio. Me centré, durante las semanas siguientes en hacer bicicleta. Según se iba acercando el mes de abril, veía como el sueño de Londres se iba esfumando. Pasaban los días, las semanas, y yo sin poder correr. A falta de un mes, mi pie me permitía hacer un rato de elíptica, pero a un mes de la maratón no había corrido ni 10 km en los dos meses anteriores. Eso sí, todos los días hacía mi entrenamiento de bicicleta. A falta de tres semanas, descubrí que poniéndome una doble plantilla de espuma, aguantaba algo la carrera y empecé a correr un rato cada día; luego me pasaba bastante parte del día dolorido, pero a la mañana siguiente el pie se recuperaba y lo volvía a intentar. Al miedo de la lesión del pie, se le suma que “correr” no es “montar en bici” y después de pocos kilómetros me sentía agotado. A dos semanas de la maratón conseguí correr diez kilómetros seguidos, gracias a que lo hacía más despacio (a un ritmo que unos meses atras me era imposible sostener, por lento) y volví a “talonar” (dos años de minimalista acabaron ese fin de semana). Y el cambio de manera de pisar me provocó una sobrecarga de cuádriceps enorme. Vamos, todo un cuadro de optimismo.

A 9 días de la maratón había logrado completar, por segunda vez en tres días, 12 kilómetros seguidos, con dolor controlado en el pie y con los cuádriceps sufriendo lo justo. A una semana de la maratón, llegó la gran prueba. Había que ver si el pié y los cuádriceps podían aguantar media maratón. Salí a las 7:30 de la mañana controlando y tratando de escuchar cualquier señal anómala de mi cuerpo, especialmente el pie y las piernas. A partir de los doce kilómetros, lo que era molestia se convierte en dolor. Y en las piernas también empiezo a notar dolor. Consigo completar los 21 kilómetros digamos que “con dolor controlado”. La pregunta es: ¿cómo se recuperará ese pie en las siguientes 24 horas? ¿Cómo responderán las piernas?
Al final de la prueba la sensación muscular era similar a la del final de otras maratones (¡pero teniendo en cuanta de que esto no era una maratón!). Por eso decidí echar mano de mi remedio mágico para las recuperaciones musculares post-maratón: Rhus Tox 9CH. AL día siguiente, a seis de la Maratón, estaba otra vez como nuevo (siempre me acuerdo en estas situaciones de todos los talibanes anti-homeopatía, y de su estúpida cruzada; que me lo cuenten a mí). Y para sorpresa, el pie no estaba peor que antes de la prueba; tampoco mejor… El lunes antes de la maratón ya había tomado la decisión de correr (contra la opinión de muchos amigos y allegados que pensaban que me había vuelto loco). Y para la última semana decidí seguir mi rutina típica previa a una maratón: entrenamientos suaves hasta el miércoles, pasta a partir del jueves,… La suerte estaba echada: iba a intentar correr una maratón sin apenas preparación y con una metatalsargia aún viva.
El viaje a Londres, empezó mal. Cambio de vuelo a última hora, tres horas de retraso,… pero yo soy optimista por naturaleza y lo que empieza mal, para compensar, tiene que acabar bien. Londres nos recibe con frío y lluvia, pero con un “forecast” para el domingo algo mejor, aunque en algunas páginas de tiempo predecían nieve. Si, nieve.

La salida está programada el domingo a las 10 de la mañana, lo que no obliga a madrugar mucho para lo acostumbrado en una maratón de esta categoría. Otra cosa es cómo se duerme la noche antes (normalmente mal y poco). A las siete, me tomo mi desayuno habitual pre-maratón, me preparo con la liturgia acostumbrada y me voy a Maze Hill, en Greenwich, al área verde de salida (hay tres salidas, por colores y vinculadas a las marcas personales de cada corredor).

Desde el tren al área verde, hay un buen trecho cuesta arriba, para calentar un poco las piernas, y con un frío que pela. Decido retrasar al máximo la entrega de mi mochila en el guardarropa, que gracias a la buena organización, eso significa tener “mis cosas” hasta media hora antes de la salida. Mientras, me entretengo disfrutando de ese ambiente tan especial de los grandes eventos, las grandes maratones, en la zona de salida. La zona verde, acoge además a los retadores de records mundiales de maratón con disfraz, que allí preparan y terminan de arreglar sus disfraces, de lo más variopinto, para acometer sus retos personales. Junto a disfraces más o menos convencionales (Blancanieves, bombero, astronauta, cruzado medieval, guerrero romano, enfermera –varón-, conejita de Play boy –masculino-) a otros con más imaginación, como “zapatilla”, lavadora, botella o lata de cerveza,… Rizan el rizo los disfraces grandes (rinoceronte o tiranosaurio) o los corales (tres indios con canoa, cuatro bomberos con coche de bombero, un jinete y su caballo,…). Es impresionante lo que es capaz de hacer la gente por cuatro o cinco horas de gloria (el público les aclama de forma enfervorecida) y una línea en el Libro Guinness.

Apenas diez minutos antes de la hora de salida, entro en mi corral, y un minuto antes me deshago de la ropa que me sobra (¡esto es la organización de la Maratón de Londres!). Hasta ese momento no dediqué un minuto a pensar en la situación de mi pié y de mis piernas. Ahí y entonces, empecé a afrontar mentalmente el reto que tenía por delante. Milla a milla, legua a legua, tenía que replantearme el futuro de la carrera. Desde el primer momento, un público enfervorecido y volcado con la Maratón, que te lleva en volandas. Un recorrido favorable, agradable, en ocasiones monumental, que te conduce por una de las grandes ciudades del mundo. Y un continuo proceso de autoevaluación: ¿cómo voy de piernas?¿cómo va el dolor del pie?... A ratos las piernas eran mi problema, a ratos el pie, cuando no los dos a la vez. En un permanente escrutinio sobre qué me dolía más fueron pasando los kilómetros. Y al poco de salir ¡cayeron unos pocos copos de nieve! que afortunadamente fueron eso, unos pocos. A los diez kilómetros me pesaban ya mucho las piernas, y al paso por media maratón me encontraba con las piernas doloridas, aunque contento por haber llegado hasta allí. Entonces decidí plantearme acabar otro “diez mil”, por lo menos. No sé si por un chute de endorfinas o porque me salió el “fondo de armario”, pero en un momento dado me vine arriba y subí, de forma paulatina, el ritmo que llevaba, de tal forma que con mucho menos penuria de lo que me imaginaba llegué hasta el kilómetro treinta. En ese tramo, hasta en tres ocasiones, tuve a mi público privado (mi mujer Ana y mis sobrinos Jorge y Rosa) animándome y dándome “energía positiva”.
Y plantado en el treinta me dije: “acabo aunque sea arrastrándome”. Y paso a paso, notando en cada zancada mi pie derecho que protestaba por aquello que le estaba haciendo, conseguí llegar a la meta. Incluso en los últimos kilómetros me permití esprintar para ver si conseguía bajar de cuatro horas (me pasé por un poco más de un minuto). El último kilómetro me dejé llevar, disfrutando del espectáculo y levantando el dedo índice al entrar en meta (“uno entre un millón”). Lo había conseguido, más allá de mi metatarsalgia, del nulo entrenamiento, de todos los sentimientos negativos acumulados en cuatro meses,… Lo más difícil siempre se saborea más. Y además en Londres, la madre de todas las maratones.

Y gracias al apoyo de tantos… Ana, Mario y Rocío, compañeros (Rafas, Alfonso,…), mi fisio Sonsoles, amigos de UC3Marathon apoyando en la distancia, Anais (mi casera), Nerea, Rocío, mis sobrinos Jorge y Rosa, otros corredores compañeros de otras batallas,…
POST-POST

Me falta Tokio para completar las “6 Majors”. Muchos me preguntan cuál es la que más me ha gustado. Después de correrla dos veces, sin duda, Londres. Lo tiene todo bueno (quitando el método de admisión, para mí un pelín impresentable lo del “good for ages” solo para UK):La organización es perfecta, desde la feria del corredor (inmensa), recogida de dorsal, comprobación de chip, indicaciones, instrucciones, voluntarios,… No hay otra igual. El camino hacia la salida, el trato de los voluntarios al acabar,… TODO perfecto.

El recorrido es inmejorable, inigualable: pasa por barrios, por zonas residenciales, cerca del río, parques, y, sobre todo, por las zonas monumentales más emblemáticas, con un final espectacular. También espectacular el paso por el Puente de Londres, junto a la Torre. Como ya conté en mi crónica de hace un par de años, tiene un poco de Boston, un poco de Berlín, un poco de Chicago y un poco de Nueva York, vamos, que es la madre de todas las grandes maratones.


Respecto al público, no existe nada parecido que yo haya visto. Volcado en la carrera como en ningún sitio, en TODO el recorrido. En muchos sitios, muchos kilómetros, seis de fondo a cada lado. Son millones de espectadores volcados, VOLCADOS, en la carrera. Es algo impresionante y difícil de superar. Gracias Londres, me has permitido volver a medirme. Volveré siempre que consiga “distraeros” para conseguir un dorsal en el “good for ages”.

Maratones que he corrido

  • Maratón de Madrid: 2004 (3h 58m), 2005(3h 56m 42s), 2006(4h 15m 34s), 2007 (4h 06m 49s), 2009 (3h 40m 20s), 2012 (3h 19m 36s), 2013 (3h 13m 59s), 2014 (3h 40m 58s), 2015 (3h 19m 33s), 2017 (3h 58m 12s)
  • Maratón de Donosti: 2007 (4h 4m 52s)
  • Maratón de Toral de los Vados: 2008 (4h 11 m 16s)
  • Maratón de Marrakech: 2009 (3h 58m 4s)
  • Maratón de Oporto: 2009 (3h 30m 34s)
  • Maratón de Zaragoza: 2009 (3h 56m 32s)
  • Maratón de Sevilla: 2010 (3h 47m 27s)
  • Maratón de Boston: 2010 (3h 29m)
  • Maratón de Nueva York: 2010 (3h 28m 38s)
  • Maratón de Málaga: 2010 (3h 52m 16s)
  • Maratón de París: 2011 (3h 29m 43s)
  • Maratón de Berlín: 2011 (3h 23m 28s)
  • Maratón de Castellón: 2011 (3h 20m 14s)
  • Maratón Misteriosa (Tres Casas, Segovia), 2013 (3h 54m)
  • Maratón de Chicago: 2013 (3h 25m 37s)
  • Maratón de Londres: 2014 (3h 27m 58s), 2016 (4h 1m 18s)
  • Maratón de Amsterdam: 2014 (3h 28m 6s)
  • Maratón de Lisboa: 2015 (3h 34m 56s)
  • Maratón de Valencia: 2016 (3h 40m 32s)
  • Maratón de Tokio: 2017 (3h 39m 38s)

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