El aprendiz de maratoniano

Historias sencillas de carreras

sábado, 13 de noviembre de 2010

Maratón de Nueva York: mi crónica.

El entorno del maratón

Una maratón, no es solo la carrera. Es una ciudad, un recorrido, una organización, unos habitantes de esa ciudad,… ¿Y qué se puede decir de Nueva York que no se haya dicho? Ni siquiera voy a intentarlo. Solo decir que ya he estado en esta ciudad en muchas ocasiones y que siempre me gusta volver. Cuando vuelvo a Nueva York, pese a que nunca he pasado mucho más de 4 ó 5 días seguidos, siento que vuelvo a un lugar que considero mío. Es posible que la culpa la tenga el cine y la televisión, porque realmente la primera vez que visitas NY ya sientes que es como si hubieras estado allí. Y cada vez descubres algo nuevo, pese a que mi situación de veterano visitante de la ciudad, hace que muchas veces tenga que hacer de guía de mis acompañantes y eso me obliga a volver a los “sigths” recurrentes. Esta vez he tenido la suerte de viajar con toda mi familia y ha sido realmente especial (mi mujer Ana y mis hijos Mario y Rocío). Todos ellos conocían Manhattan, pero esta vez han descubierto alguna cosa más. Entre otras el Museo de Historia Natural, que como muchas cosas de NY te deja con la boca abierta.

Y en esta ciudad viven los neoyorquinos, típicos habitantes de gran ciudad (en este caso muy grande). Es decir con prisas y poco amables en la mayoría de los casos. Y entre ellos, millones de personas que hablan español, lo que hace la ciudad muy accesible para los españoles. Y muchos neoyorquinos consideran la maratón de NY como algo suyo, lo que hace que se vuelquen en la carrera desde que los corredores pisan Brooklyn desde el puente de Verrazano. Casi se diría que en cada uno de los cinco condados compiten por ver dónde se anima más. Algo parecido viví en Boston, aunque aquí, como toda la carrera discurre por calles de la ciudad, el número de personas animando es mucho mayor. Sin embargo, el ambiente de la carrera los días previos, está mucho más diluido en la ciudad que en Boston, donde se respira maratón por todos lados desde varios días antes. En España hay muy pocas carreras donde una población de un barrio se echa a la calle para volcarse con su carrera. Algo así como la devoción que sienten los Vallecanos por su San Silvestre que hace costumbre la última noche del año bajar a la calle a animar a esos locos que corren. EN la Maratón de Madrid, ese ambiente especial solo pasa en dos o tres puntos del recorrido (por ejemplo la Puerta del Sol), pero nunca de forma tan multitudinaria y ruidosa como ocurre en NY.


Y una gran Maratón debe tener una buena organización. Y la de NY la tiene. Una gran feria del corredor, a una escala proporcional con la ciudad: enorme. Una feria que tiene ambiente de feria: mucha gente, muchas ofertas, mucho que ver. Merece la pena perder un par de horas. La recogida de dorsales y entrega de bolsa del corredor, impecable, con cientos de voluntarios sonrientes recibiéndote y animándote. No hay un mal gesto, una mala cara. Solo sonrisas y apoyo. Y lo mismo en la cena de la pasta, donde realmente la comida es abundante y rica. Al final de la cena de la pasta, hubo fuegos artificiales en Central Park. La gran traca final antes de la carrera.

Antes de la carrera

Son las cinco de la mañana en Harlem, a la altura de la calle 120 con la Av. De Malcom X. El cielo está totalmente limpio de nubes y se pueden ver las estrellas. Hace mucho frío. Me dirijo hacia la parada de metro de la 116th para coger la línea 2-3 que me llevará hasta Wall St. cerca del Ferry de Staten Iland. En el metro me encuentro con otros muchos que como yo peregrinamos hacia el sur de Manhattan. Los trenes bajan lentos y nos obligan una vez a cambiar de tren. Miradas nerviosas, con cierta tensión- Algunos cambian de tren para llegar más cerca, pero prefiero asegurar llegar a Wall St. y andar medo kilómetro. Tengo asignado el Ferry de las 5.45 a.m. pero a esa hora aun estoy en el metro. Un corredor argentino (neoyorkino de adopción) que ya ha corrido otros años me tranquiliza: se pueden coger ferris posteriores. Finalmente, a las 6.15, embarco en el ferry de Staten Iland. Una voluntaria que nos ve llegar con cara de preocupación nos mira a la cara y nos dice: “¿Dónde están esas sonrisas? ¿Es que no sois conscientes de que esta es la aventura de vuestra vida?”.


Las vistas y la luz que hay, el amanecer de Manhattan, es realmente precioso. A un lado el skyline de Manhattan, al otro la estatua de la Libertad y la Ellis Iland. Aprovecho el recorrido para desayunar (muchos otros han tenido la misma idea). A las 6.45 llegamos a la otra orilla y nos meten en autobuses que nos llevarán a la línea de salida. Todo muy bien organizado con muchos voluntarios que no dejan de sonreírte, animarte, y recordarte que estás “in” en la Maratón de Nueva York, en una aventura fantástica. Veinte minutos más tarde llego a la zona azul de la ciudad del corredor, donde solo podemos entrar los que llevamos dorsal azul. Dorsal que enseño no menos de quince veces en el recorrido desde el autobús hasta la villa. La seguridad es lo primero (“trabajamos por tu seguridad, que para nosotros es lo más importante”). Son las 7.10 a.m.

Dedico los primeros quince minutos de mi estancia en la villa a estudiar dónde está todo: el agua, el café, los bagels, las carpas, el depositorio del equipaje, los corrales,.. Todo está cerca, pero hay que andar de un lado para otro. Las carpas son insuficientes y están abarrotadas, con la gente hacinada. Afortunadamente no llueve y fuera “solo” hace frío. Mucho frío. Después de coger un bagel y un café que completan mi desayuno, avituallarme de agua e ir por antepenúltima vez al servicio. Encuentro un rincón donde da el sol y monto mi tenderete. Un plástico sobre el suelo, una manta de avión, varias capas de ropa,… me pongo mi i-pod y selecciono una lista de arias de ópera. Me tumbo bajo la manta y trato de relajarme. En menos de cuarenta minutos tengo que levantarme porque a las 8.05 cierra el depositorio de equipaje del corral 7 (el mío) y hacia allá me dirijo con cierta prisa. Una vez deje mi equipaje, me quedo con lo puesto para la carrera, y aun quedarán casi dos horas para la salida con un frío que pela. La megafonía recuerda en cuatro idiomas distintos (inglés, español, francés e italiano) distintas normas de la carrera.

De lo que he llevado, me quedo con una camiseta de manga larga y una de tiras para correr, otras dos camisetas para desechar y un chubasquero grande. De nuevo busco un lugar con sol cerca de la entrada a mi corral. Me siento y me cubro con el plástico y gracias al solecillo no paso mucho frío. Antes de entrar al corral, a la hora límite (8.55) me da tiempo a relajarme otro rato. Es impresionante la imaginación de los neoyorquinos para no pasar frío en estas circunstancias. Batas viejas, abrigos viejos, mantas viejas, todo tipo de ropa de abrigo vieja que luego tirarán, pero que les mantiene bien calentitos. Yo con un plástico.


Son las 8.50, menos de una hora para la carrera. Entro al corral, y menos mal, porque a las 8.55 en punto lo cierran sin miramientos para algunos que llegan unos segundos después. Tendrán que esperar media hora a la siguiente oleada. Dentro del corral, hay servicios y aprovecho para volver a ir. Entre los líquidos y el frío, cada nada aprietan las ganas de orinar. Por los altavoces vuelven a recordar que este es el lugar apropiado para echar la última meada, que una vez arranque la carrera, especialmente en el puente de Verrazano, está totalmente prohibido orinar con riesgo de descalificación (aun así, muchos orinan después desde lo alto del puente).


A los veinte minutos, quitan las separaciones entre todos los corrales azules y nos vamos agrupando hacia el lugar del primer corral. Sigue haciendo bastante frío. Ya son la 9.15. Diez minutos después, abren el primer corral, y nos llevan hacia la misma línea de salida, donde ya se encuentran los corredores de élite. Nos deshacemos de la ropa sobrante. Afortunadamente ya está el sol relativamente alto y no podemos calentar algo. Al final estoy a menos de cien metros de los primero y puedo ver la línea de salida. Justo delante de mí un corredor se mea encima y deja un gran charco entre sus piernas.

Los nervios se desatan, la gente salta, algunos gritan, la mayoría nos movemos, estiramos, aunque estamos muy cerca unos de otros, porque todos queremos estar adelante. A mi alrededor veo gente del corral 1, pero también del 20.

A las 9.30, diez minutos antes de la salida, una ‘speaker’ presenta a las figuras internacionales, a la élite. Estilo americano, con cierto suspense para acabar arrancando el aplauso general al final de cada presentación. Justo antes de dar la salida, se canta el himno americano por tres famosos artistas americanos (dos hombres y una mujer) a capela. Silencio absoluto, manos en el pecho. Suena un cañonazo. Por fin ha empezado la carrera. Por los altavoces suena una voz:

“Start spreadin' the news,
I'm leavin' today
I want to be a part of it,
New York, New York...”

Es la VOZ de Frank Sinatra cantando New York, New York.

La carrera

El puente de Verrazano

Nada más oir el cañonazo de salida y los acordes de “New York, New York” en la “Voz”, enfilas la cuesta del puente de Verrazano, que une Staten Iland con Brooklyn. Tienes en tu cabeza la imagen que has visto por televisión otras veces, donde parece que el puente está repleto y que es imposible moverse, y sin embargo la sensación es que, desde el principio, se puede correr al ritmo que quieras. Empiezas a sentirte protagonista. Está compartiendo puente con los corredores de élite (a los que aun no les dio tiempo de llegar al otro extremo) y sabes que eres parte de la imagen que millones de personas están mirando por televisión. El día es soleado y las vistas de Manhattan espectaculares. Muchos corredores se paran y suben a la mediana del puente a tomar fotos. Me tomo con cierta calma la subida al puente y cuando cubro mi primer km me sorprendo comprobando que llevo un ritmo por debajo de 5 minutos el km. Al final del puente, antes de entrar en Brooklyn, me paro a aliviar mi vejiga.

Brooklyn

Desde el silencio del puente, se entra de golpe en la ciudad. Brooklyn recibe la carrera rugiendo. Gritos, ánimos, todo tipo de carteles con mensajes,… La gente te empieza a llevar en volandas y eso te hace perder un poco la cabeza. Me pongo a correr a menos de 4.30 y pronto me conmino a reducir el ritmo, lo cual es difícil con toda esa gente animándote, pero casi toda la carrera iba a ser así, por lo que me obliga a ir al ritmo que había pensado (alrededor de 4.45). “No os queremos en Brooklyn, iros cuanto antes corriendo”, reza un cartel, y a ello nos disponemos obedientes. La maratón de NY podría decirse que es la Maratón de Brooklyn, ya que se corre por las calles de este barrio media maratón. Recorriendo el barrio de sur a norte, aprecias la multiculturalidad de NY: pasas por zonas rotuladas en castellano, inglés, polaco, italiano,… Mucho cartel en español.

Decido correr por sensaciones, sin mirar el reloj. Y más tarde he comprobado que no bajé de 4.35 hasta pasada la media maratón, lo que fue muy arriesgado, por encima de mis posibilidades.

Pasado el km 12 me encuentro con un maratoniano de élite español cuyo nombre no voy a mencionar, que iba haciendo de liebre de un alto ejecutivo de una empresa española. Ambos corrían en el marco de un proyecto solidario de una multinacional española. Me acerqué a saludar y al ver que no era recibido con muy buen rollo me puse a correr unos metros por delante (no estaba dispuesto a que semejantes gilipollas me amargaran la carrera). Unos dos kilómetros más adelante, volvieron a mi altura y pensé que podía ser buena idea coger la estela del profesional (siempre había admirado mucho a este corredor -léase el tiempo pasado-, porque le creía una persona llana y sociable, o al menos es la imagen que él cuida de transmitir; la realidad es muy distinta). Les pregunté si podía correr a su ritmo y la respuesta fue, por supuesto, positiva (¡faltaría más!). Pronto me dí cuenta que sobraba en el rollito de amiguitos que llevaban, por lo que me coloqué en un segundo plano a seguir su ritmo. No siempre se tiene la oportunidad de correr una maratón, además la maratón de Nueva York, con un maratoniano de élite haciendo de liebre. El ritmo era algo exigente para mí, pero lo intenté. De vez en cuando algún español que corría la carrera se acercaba a saludar a la estrella, que iba sacando imágenes de todo con su iphone.

Broklyn, el día de la maratón, es una fiesta. Además de los innumerables grupos de música puestos por la organización, sonnumerosos los lugares donde se puede oir música, en muchas ocasiones música latina. El ambiente es tan espectacular como la ciudad. A la altura de la media maratón, se abandona Brocklyn a través del puente Pulanski. Paso la media a 1h 37m, demasiado rápido.

Queens

EL tramo de la maratón por Queens sigue con una animación parecida a lo que hay en Brooklyn. Se sigue disfrutando de un barrio multicultural y animado, lanzado a la calle con la ocasión de la maratón. Desde Queens, se accede a Manhatan por el puente de Queensboro. Hay una buena subida al puente y allí me doy cuenta de que no podía aguantar el ritmo de mis distantes compañeros de viaje (que seguían con su rollito de muy amiguitos y de “no me ajunto con nadie”). Cruzar ese puente corriendo es especial. Hay una vistas de Manhatan distintas y excepcionales.

Manhatan

El final del puente de Queensboro desemboca en dos curvas (a izquierda y derecha) que desembocan en la Primera avenida a la altura de la calle 59 (Central Park sur). Allí hay una multitud rugiendo, animando, chillando,… No he visto nunca nada igual. Nada más entrar en la Primera Avenida, a la izquierda veo a mi familia en segunda fila gracias a una gran bandera de España. Me hace una ilusión enorme que me da algo de energía extra. Me acerco a saludarles y al volver a la carrera he perdido por delante a mis dos compañeros (que no amigos). No volví a verlos (el ejecutivo acabó con un tiempo de 3h 17m, muy lejos de mis posibilidades, el elitista se debió retirar antes para no quemarse de cara a sus compromisos profesionales).

Sigue habiendo gente en todos los kilómetros del recorrido, pero a medida que se va subiendo hacia el norte, la densidad de personas va bajando. Al llegar a Harlem disminuye sensiblemente.

El Bronkx

Por el puente de la Avenida Willis, se abandona Manhatan para pasar por el Bronkx. Aquí la carrera, sin dejar de estar animada, pasa por su zona más apagada. Hay parte del recorrido por trozos de autovía, sin gente. Las fuerzas empiezan a faltar y el tío del Mazo empieza a trabajar duro.

AL llegar al puente de Queensboro, había mantenido mi ritmo cercano a 4.30. AL entrar en la Primera Avenida ya iba a 4.45. AL llegar al Bronkx ya iba a 5min/km.

De nuevo Manhatan

Se sale del Bronkx por el puente de la Avenida Madison hacia la calle 138, por donde se corre hasta llegar a la Quinta avenida. Empieza el “camino de vuelta”. Se va bajando Manhatan (aunque hay trozos que son cuesta arriba). En la calle 124 la Quinta se topa con el parque Memorial Marcus Garvey (inspirador del movimiento Rastafary). Se bordea el parque y a la altura de la 120 se vuelve a girar para recuperar la Quinta. En la esquina inferior del parque, se pasa a 5 metros de mi alojamiento en Nueva York, de donde salí a las 5 de la mañana. Cuesta no pensar en la ducha que está tan cerca. Al bajar hacia Central Park, vuelvo a encontrarme a mi familia. Me paro a besarles y saludarles y al retomar la carrera noto un pequeño tirón. Afortunadamente se me pasa. Estamos sobre el km 30, y ya voy a 5,15 el km.

A la altura de Central Park ya no me queda nada en las piernas, pero empieza a haber mucho más público animando. Ahora hay muchos españoles entre el público que te gritan dándote algo de energía. A la altura de la milla 24 se entra en Central Park, y también en la parte de la carrera más dura, ya que se entra en un continuo tobogán, allí donde ya no queda nada en las piernas. Pero hay que reconocer que la multitud te lleva en volandas. Una multitud entregada, entusiasmada, motivada,… Llego a la altura del Hotel Plaza (Central Park Sur) a 6 minutos el km.


Ya solo quedan poco más de dos kilómetros. Ya no puedo más, pero ahí están todas esas personas empujándote. Paso por el cartel de última milla, otra vez dentro de Central Park. Último kilómetro. Ultima media milla. Ultimo medio kilómetro. 200 metros, 200 yardas,… Paso por la línea de meta… Una vez más, se siente una inmensa alegría, gran emoción. Difícilmente explicable. Una vez más la maratón te lleva hasta allí, hasta el límite, pero en medio de las emociones más intensas. El tiempo es lo de menos, pero además, pese al trabajo del tío del mazo, he bajado casi medio minuto mi mejor tiempo en maratón.

Una voluntaria me pone, con una gran sonrisa, la medalla de “finisher”. “¡Enhorabuena!”, me dice. Más adelante me ponen una manta térmica. También con una gran sonrisa. Me encuentro con un conocido español y vamos comentando la carrera. Mientras, nos entregan algo de avituallamiento líquido y sólido. Y en medio de una nube de felicidad, nos arrastramos hacia el guardarropa donde nos despedimos con un abrazo.

El único punto negro en la organización de esta maratón, es el tiempo que tuvimos que esperar para recoger la ropa: casi media hora, después de otra media hora de peregrinaje hasta allí. Casi helados. Lo único bueno es que esa prolongación te permite saborear, paladear algo más el final.
Me puse la ropa y después de otra buena caminata, por fín me encuentro con mi familia, en la calle 70 con las Américas. La maratón de Nueva York ha acabado.

Después de la Maratón.

EN la nube en la que te encuentras después de tantas sensaciones, me comí un perrito caliente en uno de los puestos callejeros. Fuimos a nuestra casa (B&B) de Harlem y después de una ducha, volvimos a la calle para seguir disfrutando de esta ciudad. Esa noche cenamos un buen costillar en un restaurante cerca de Times Square. Siempre he querido esta ciudad y siempre he vuelto a ella como quien vuelve a casa. Ahora me llevo en el equipaje tantas emociones nuevas que volver será aun más un placer.





Le dedico esta crónica a mi familia, que me acompañó a vivir esta experiencia en Nueva York, a muchos amigos que me han seguido a distancia y a mis compañeros de entrenamiento, especialmente a Jose ("el pollero"). Gracias a que me llevó con "la vara" a hacer seismiles a 4.30 por el parque Polvoranca creo que he podido aguantar con dignidad hasta el final.

19 comentarios:

Celina dijo...

Enhorabuena José! qué emocionante tu crónica, transmite la intensidad de tus emociones en la prueba! un besote

La Bala Raquela dijo...

Qué inolvidable y maravillosa experiencia acabas de vivir. Gracias por compartirla Jose, me ha encantado. Qué bien describes y transmites todo, ha sido como estar allí.

Y vaya con el estiraó ese de la élite...

Muchas felicidadesss por todo lo que has vivido en NY!!

Un beso.

Korrecaminos dijo...

Que crónica... Espectacular. Me has transportado hasta allí y he sentido cada metro que has recorrido.

Enhorabuena por tu carrera.

Miquel dijo...

Torcas, he disfrutado mucho con tu crónica. A los que nos gustaría correr en NY pero la economía no nos lo permite, al menos leyendo casi casi que me sentía como en central park. Y lo del sanguango ese que comentas, pues olvídate. No representa a la mayoría de deportistas, sino a la minoría de capullos.
Un abrazo desde Valencia, y, "enhorabona campió".

Alex dijo...

Enhorabuena Jose.

Se nota que la disfrutaste en toda su intensidad sabiendo aprovechar y sacarle jugo a cada uno de lo pequeños detalles que otra gente pasaría por alto. En cuanto a los famosillos, simplemente "sin comentarios".

Me alegro un montón por tí y por tu familia que hayáis disfrutado tan intensamente de la carrera y por descontado de N.Y.

Por mi parte espero poder hacerla algún día, por marca no hay problema, pero en lo económico la cosa está mas jodida, bueno ya llegará mi hora.

Un abrazo de corazón.

ALEX.

antonio vera dijo...

Mi enhorabuena, por tu crónica, tu carrera, tu viaje con la familia...y encima mejor marca personal.
Con tu descripción de NY, del ambiente de la carrera... hasta me han entrado ganas de correrla algún día.
¿Cual será la próxima?
Un fuerte abrazo y a seguir disfrutando.

Antonio desde Sevilla

Tev dijo...

Excelente crónica de una gran aventura. Enhorabuena!

El crusti dijo...

Gracias Jose por obsequiarnos con tus palabras y compartir tu experiencia.
Un abrazo
Santi

Carles Aguilar dijo...

Fantástico relato..!! Tiene que ser una experiencia única correr en NYC. Tu ya lo has conseguido y además con éxito... Disfrútalo al máximo durnate estos días.. Felicidades..

Tania dijo...

Excelente crónica Jose!! simplemente maravillosa!! NY es NY!!
Lo has disfrutado a tope y mejor quitar de la memoria la anécdota del corredor español de élite!
Gracias por compartir todas esas sensaciones y vivencias y enhorabuena por este maratón!
bss
Tania

Olga y Alfonso "Halfon" dijo...

Que gran crónica, transmisora de una gran carrera.
Me has emocionado con tu narración, me parecía ir contigo, eso sí mas descansado.
Algún día cumpliré el sueño de correr esa Maratón.
Un fuerte abrazo

Javier HG. dijo...

EMOCIONANTE JOSE!! Estas en un estado increible, y continuas rebajando los tiempos, dice mucho de la calidad de tus entrenos...

disfrutalo, te lo mereces.

Un abrazo.

José Manuel dijo...

SOis todos muy generosos con vuestros comentarios. Muchas gracias amigos!!!

*Miss Pegasus* dijo...

Qué crónica tan emocionante, Jose Manuel... Me ha encantado...
Pensaba correr un solo maratón en mi vida y retirarme, pero igual son dos: el del debut y el de NY... Estuve allí hace años, cuando aún había torres gemelas, y me fascinó. Quizás debería repetir corriendo cuando estrene la cuarentena.
¡Un abrazo para un campeón!

torcas dijo...

Ni lo dudes, Belén, NY es la madre de todas las maratones. (Aunque dudo que solo pudieras correr una: la maratón es como una enfermedad, un veneno, cuando te contagias es para toda la vida...

*Miss Pegasus* dijo...

Uff, qué pereza, más de uno y con lo mal que tengo yo la espalda... Lo probaré tarde, para que no tenga remedio y no pueda engancharme en exceso...
Seguiremos leyendo. Un abrazo!

Diego dijo...

Desde Argentina quiero compartir con vos mi cronica de la marathon, abrazo y quiza nos volvamos a ver en alguna carrera!
Diego
http://www.elgrafico.com.ar/running.php

Joaco dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Camila dijo...

Hola! Excelente entrada, te felicito por todo!! Yo quería correr la maratón, pero no pude hacerlo por encontrarme con trabajo en algunos hoteles en mar del plata. Otra vez será...

Maratones que he corrido

  • Maratón de Madrid: 2004 (3h 58m), 2005(3h 56m 42s), 2006(4h 15m 34s), 2007 (4h 06m 49s), 2009 (3h 40m 20s), 2012 (3h 19m 36s), 2013 (3h 13m 59s), 2014 (3h 40m 58s), 2015 (3h 19m 33s)
  • Maratón de Donosti: 2007 (4h 4m 52s)
  • Maratón de Toral de los Vados: 2008 (4h 11 m 16s)
  • Maratón de Marrakech: 2009 (3h 58m 4s)
  • Maratón de Oporto: 2009 (3h 30m 34s)
  • Maratón de Zaragoza: 2009 (3h 56m 32s)
  • Maratón de Sevilla: 2010 (3h 47m 27s)
  • Maratón de Boston: 2010 (3h 29m)
  • Maratón de Nueva York: 2010 (3h 28m 38s)
  • Maratón de Málaga: 2010 (3h 52m 16s)
  • Maratón de París: 2011 (3h 29m 43s)
  • Maratón de Berlín: 2011 (3h 23m 28s)
  • Maratón de Castellón: 2011 (3h 20m 14s)
  • Maratón Misteriosa (Tres Casas, Segovia), 2013 (3h 54m)
  • Maratón de Chicago: 2013 (3h 25m 37s)
  • Maratón de Londres: 2014 (3h 27m 58s), 2016 (4h 1m 18s)
  • Maratón de Amsterdam: 2014 (3h 28m 6s)
  • Maratón de Lisboa: 2015 (3h 34m 56s)
  • Maratón de Valencia: 2016 (3h 40m 32s)
  • Maratón de Tokio: 2017 (3h 39m 38s)

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