El aprendiz de maratoniano

Historias sencillas de carreras

domingo, 18 de octubre de 2009

Copenhague, un lugar interesante para correr

La semana pasada la pasé en Copenhague por motivos de trabajo y como es habitual mis zapatillas viajaron conmigo. Tuve suerte con el tiempo, pues se anunciaba lluvia y tuvimos muy buen tiempo (frío, pero sin lluvia). La primera vez que viajé a esta ciudad (hace más de veinte años) me llamaron varias cosas la atención. La mayoría de las personas dejan su bici en la calle sin ningún tipo de protección; la gente come helados por la calle, independientemente del frío que haga (incluso bajo cero); hay unos puestos de salchichas en muchas esquinas, que te permiten algo más que matar el gusanillo con cierta dignidad. Los daneses son corteses y educados, y normalmente atienden con una sonrisa al visitante. Hoy esas cosas siguen pasando. Ahora además la ciudad cuenta con un metro que te lleva al aeropuerto en muy poco tiempo (en hora punta es mucho mejor que ir en coche).
Copenhague es una ciudad muy manejable. Puedes ver todo lo que merece la pena a golpe de paseo, y son muchas cosas. Aparte de visitar a la Sirenita, merece la pena pasear por los canales (hay también visitas en barco guiadas), cerca de la plaza de la Opera (en la que en invierno hay una pista de hielo); ver el cambio de la guardia a las 12, en el Palacio Real (con banda de música incluida, y muy cerca de los soldados, no como en Londres), pasear al anochecer por el Tívoli y disfrutar del espectáculo de luz y sonido, cenar en uno de sus restaurantes. El Tívoli, uno de los primeros parques de atracciones del mundo, conserva atracciones de feria de pueblo, y a mí por lo menos me hace regresar, de alguna forma, a la infancia. Enfrente del Tívoli han puesto una gran noria, como en otras ciudades europeas. Y pasear por sus calles peatonales, llenas de tiendas y de personas. Esta vez, gracias al congreso al que asistí, tuve la suerte de ver el ayuntamiento por dentro. Y visitar Cristianía, uno de los últimos reductos hippies que existen en la Europa occidental. En horas de luz se puede visitar sin problemas y ver algunas cosas algo anacrónicas, pero que pueden entenderse en un lugar donde la policía no suele entrar.
Y Copenhague es una ciudad donde se puede disfrutar corriendo. Esta vez corrí por dos sitios distintos. MI hotel estaba muy cerca de la Plaza del Ayuntamiento, y desde allí enfilé, por el bulevar H.C. Andersen hacia las grandes exclusas que hay en el centro de la ciudad. Son grandes lagos rectangulares, uno seguido del otro, donde viven algunos cisnes. El perímetro de las cinco exclusas tiene varios kilómetros. Por sus lados hay siempre gente corriendo y hay sendero de tierra. Llama la atención en Copenhague la gran cantidad de mujeres que corren (por lo menos uno de cada dos corredores es mujer). Cuando se corre por los lados que dan más al sur, hay que esperar los semáforos de las calles que las atraviesan, pero por el otro lado, hay túneles que permiten pasar de una a otra. Un lugar bonito y agradable para correr.
Mi segundo circuito fue más urbano. Desde la Plaza del Ayuntamiento, seguí por la calle peatonal que acaba en la Plaza de la Opera. De allí fui, pasando por el canal de las casas pintadas, hacia el Palacio Real, para acabar dirigiéndome hacia el lugar donde se encuentra la Sirenita. Tuve la suerte de ver salir el sol por detrás de la Sirenita, permitiéndome disfrutar de una imagen inolvidable. Desde allí bordee un camino que cruza un parque, para, volviendo por el mismo camino, regresar al punto de partida.
Copenhague, una ciudad que merece la pena visitar, y por la que merece la pena correr.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Haruki Murakami, o lo que nos gusta hablar del correr a los que corremos

Los que corremos, sobre todo los que ya hemos cruzado alguna vez la línea de los 42.195 metros, somos gente un poco peculiar. Nos gusta correr, nos gusta hablar de correr, nos gusta tratar de convencer a los demás de lo bueno que es correr, hasta nos gusta escribir de las cosas del correr (¿cuántos blogs de corredores populares habrá en el mundo, cuantos foros de discusión,…?). Una de nuestras peculiaridades, es que practicamos un deporte difícilmente asumible por nuestros semejantes, incluyendo la mayoría de las veces a nuestros seres queridos, que no comprenden cómo se puede madrugar o trasnochar para ir a correr, o sudar bajo el sol en verano, o pelarse de frío en invierno, o recorrer kilómetros para ir a una carrera. Correr es de cobardes, es una frase tópica que nos toca oír de vez en cuando. Cuando se empieza a correr por primera vez, tu cuerpo te dice que pares, que eso no es sano, y la mayoría de las personas responden con la cabeza a lo que el cuerpo les pide, y se paran. No pueden correr más allá de 20 minutos, por lo que ¿cómo entender que se pueda correr durante horas?

Pero nosotros, normalmente no nos desanimamos, y en muchas ocasiones tratamos de transmitir lo bien que nos sentimos después de un entrenamiento o una carrera, lo que nos motiva poder cumplir un objetivo (en forma de tiempo, de ritmo, o de distancia). Lo hacemos hablando con mucho entusiasmo, o también escribiendo en blogs y foros de corredores, donde encontramos almas gemelas que nos comprenden, porque comparten satisfacciones, emociones, sensaciones.

El libro autobiográfico de Haruki Murakami (What I talk when I talk about running), el gran novelista japonés, es un libro para nosotros, los corredores, pero también es un libro para que lean nuestros familiares y amigos, para que nos entiendan un poco mejor. Es para nosotros, porque nos cuenta porqué corre, cómo entrena, qué tipo de vida lleva, cómo se alimenta,… todo sin ánimo de tratar que se le imite, sino solo como acta de una forma de vida que no pretende sea ejemplar para nadie. Nos hace varias crónicas de carreras (y un triatlón) de forma magistral (su primera vez en correr más de 42 km, una ultramaratón de 100 km, una de sus maratones de NY,…) y comparte numerosas anécdotas personales a lo largo de sus muchos años de corredor popular.

Murakami, maestro de las palabras y corredor popular, sabe transmitir esos sentimientos, esas sensaciones, que tanto vivimos, pero que muchas veces no sabemos compartir con los no iniciados. Es un libro perfecto para que lo lean nuestros allegados, y cuando nos vean salir a correr en unas condiciones extremas de horario o clima, no piensen que estamos locos.

Maratones que he corrido

  • Maratón de Madrid: 2004 (3h 58m), 2005(3h 56m 42s), 2006(4h 15m 34s), 2007 (4h 06m 49s), 2009 (3h 40m 20s), 2012 (3h 19m 36s), 2013 (3h 13m 59s), 2014 (3h 40m 58s), 2015 (3h 19m 33s), 2017 (3h 58m 12s)
  • Maratón de Donosti: 2007 (4h 4m 52s)
  • Maratón de Toral de los Vados: 2008 (4h 11 m 16s)
  • Maratón de Marrakech: 2009 (3h 58m 4s)
  • Maratón de Oporto: 2009 (3h 30m 34s)
  • Maratón de Zaragoza: 2009 (3h 56m 32s)
  • Maratón de Sevilla: 2010 (3h 47m 27s)
  • Maratón de Boston: 2010 (3h 29m)
  • Maratón de Nueva York: 2010 (3h 28m 38s)
  • Maratón de Málaga: 2010 (3h 52m 16s)
  • Maratón de París: 2011 (3h 29m 43s)
  • Maratón de Berlín: 2011 (3h 23m 28s)
  • Maratón de Castellón: 2011 (3h 20m 14s)
  • Maratón Misteriosa (Tres Casas, Segovia), 2013 (3h 54m)
  • Maratón de Chicago: 2013 (3h 25m 37s)
  • Maratón de Londres: 2014 (3h 27m 58s), 2016 (4h 1m 18s)
  • Maratón de Amsterdam: 2014 (3h 28m 6s)
  • Maratón de Lisboa: 2015 (3h 34m 56s)
  • Maratón de Valencia: 2016 (3h 40m 32s)
  • Maratón de Tokio: 2017 (3h 39m 38s)

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