El aprendiz de maratoniano

Historias sencillas de carreras

sábado, 16 de octubre de 2010

Florencia, desde mis zapatillas (2)

Mi anterior visita a Florencia fue muy rápida. Prácticamente un paseo nocturno (y una carrera diurna) mediante el que pude acercarme a la piel de esta ciudad considerada como la capital del Renacimiento. La visita fue tan breve que no me dio tiempo a enamorarme de la ciudad. Porque conocer Florencia con cierto margen de tiempo tiene el riesgo de enamorarse de la ciudad. En esta ocasión he tenido la oportunidad de poder visitar con más detenimiento algunas de las joyas de Florencia y de disfrutar con la boca abierta, por el asombro, de algunas de las obras maestras más importantes de nuestra civilización occidental. Pintura, escultura, arquitectura (y también literatura, aunque para disfrutar de esta no hace falta venir a Florencia).
En cualquiera de las iglesias de Florencia, llama la atención la presencia de obras maestras. En forma de estatua, de relieve, de tumba, sobre lienzos, frescos que aún quedan cubriendo muchas de las paredes de la mayoría de las iglesias. Algunos templos aun conservan una gran parte de los frescos originales, en la mayoría de los casos bien restaurados. Resulta sencillo imaginar lo impresionantes que debieron ser cuando en su esplendor todo su interior estaba cubierto de frescos a modo de pequeñas capillas sixtinas. Por si fuera poco, uno puede impresionarse con pintura visitando la Galería delli Ufizzi, donde no hay la abundancia de escuelas ni el tamaño de nuestro museo del Prado, pero donde podemos encontrar piezas únicas, maestras, incomparables, de todos los grandes maestros del Renacimiento. Florencia es además la ciudad de la escultura. Por cualquier sitio nos encontramos estatuas, de bronce, de mármol. La gran estrella es, cómo no, Miguel Ángel, y su David perfectamente situado en la Academia, pero no olvidemos obras como el Perseo, o el rapto de la Sabinas (en la Logia dei Lanci), ni los monumentos funerarios de la familia Medici, en la capilla del mismo nombre, ni tantas otras obras maestras. Y esa iglesia de la Santa Cruz… Si, esta vez he tenido tiempo suficiente de enamorarme de Florencia. Dejo esta ciudad con el dolor que se siente al dejar un ser querido, pero con la esperanza de volver algún día.

Una estancia algo más larga me ha permitido explorar algún nuevo circuito para correr por la ciudad. Durante varios días he corrido en paralelo al río, desde el puente Americo Vespucci, alcanzando el parque dele Cascini. Es un recorrido plano que permite disfrutar de una agradable vista y entorno, que se comparte con muchos otros corredores, ciclistas, paseantes,… Hay varios kilómetros marcados en el suelo cada cien metros. El único aspecto negativo en que en algunas zonas uno se cruza con nubes de mosquítos pequeñísimos que ni tan siquiera se ven, pero que te cubren todo el cuerpo. Afortunadamente las nubes duran unos cuantos metros que te obligan a hacer un improvisado farlek. Una alternativa a este circuito (para evitar los mosquitos) es cualquiera de las vías paralelas que corren por el parque más hacia el interior de la ciudad, pero esto queda para otro viaje.

Una vez más, las zapatillas me llevaron a un paraje bellísimo: la vista que de Florencia se puede disfrutar desde la Iglesia de San Miniato del Monte, al otro lado del río. Por recomendación de mi amigo y colega Efraín, un día enfilé por el Ponte Veccio hacia la calle de San Giorgio. Mi amigo no me advirtió de la cuesta que me esperaba, pero apretando los dientes llegué a lo alto de la calle, casi donde confluye con el Forte di Belvedere (a mitad de la cuesta está una de las supuestas casas de Galileo). El camino que lleva hacia San MIniato discurre por un desvío que se toma hacia la izquierda, una vez uno se encuentra con el Fuerte Belvedere, pero por error me fui por la Vía de San Leonardo hasta que llegué al Vial Galileo lo que aumentó mi sufrimiento un par de kilómetros. Cuando caí en mi error, di la vuelta y por casualidad conseguí dar con el camino que lleva casi hasta la base de la subida desde el río, cuesta que acaba en una escalinata que conduce directamente a la Iglesia. Cuando corres hacia arriba no eres consciente de la vista que se va construyendo a tu espalda. Cuando llegas, recuperas el resuello y te das la vuelta, VES Florencia. De un vistazo toda la ciudad, a la derecha el Duomo y el Campanile. Un poco más cerca el Palazzo Vecchio, el río, los puentes… Esta es LA VISTA, la mejor vista de Florencia. La ciudad en todo su esplendor. Mereció la pena el esfuerzo. Merece la pena llegar hasta allí solo para disfrutar de esa imagen que será difícil olvidar.

Si, esta vez me va a resultar más difícil olvidar Florencia.


Fotos cortesía de mi compañera Mónica :-)

Maratones que he corrido

  • Maratón de Madrid: 2004 (3h 58m), 2005(3h 56m 42s), 2006(4h 15m 34s), 2007 (4h 06m 49s), 2009 (3h 40m 20s), 2012 (3h 19m 36s), 2013 (3h 13m 59s), 2014 (3h 40m 58s), 2015 (3h 19m 33s), 2017 (3h 58m 12s)
  • Maratón de Donosti: 2007 (4h 4m 52s)
  • Maratón de Toral de los Vados: 2008 (4h 11 m 16s)
  • Maratón de Marrakech: 2009 (3h 58m 4s)
  • Maratón de Oporto: 2009 (3h 30m 34s)
  • Maratón de Zaragoza: 2009 (3h 56m 32s)
  • Maratón de Sevilla: 2010 (3h 47m 27s)
  • Maratón de Boston: 2010 (3h 29m)
  • Maratón de Nueva York: 2010 (3h 28m 38s)
  • Maratón de Málaga: 2010 (3h 52m 16s)
  • Maratón de París: 2011 (3h 29m 43s)
  • Maratón de Berlín: 2011 (3h 23m 28s)
  • Maratón de Castellón: 2011 (3h 20m 14s)
  • Maratón Misteriosa (Tres Casas, Segovia), 2013 (3h 54m)
  • Maratón de Chicago: 2013 (3h 25m 37s)
  • Maratón de Londres: 2014 (3h 27m 58s), 2016 (4h 1m 18s)
  • Maratón de Amsterdam: 2014 (3h 28m 6s)
  • Maratón de Lisboa: 2015 (3h 34m 56s)
  • Maratón de Valencia: 2016 (3h 40m 32s)
  • Maratón de Tokio: 2017 (3h 39m 38s)

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