El aprendiz de maratoniano

Historias sencillas de carreras

martes, 6 de noviembre de 2018

Bilbao “night Marathon”: para no repetir…


El sábado 20 de Octubre de 2018, estaba en la línea de salida de la Bilbao "nigth Marathon". Con mucha ilusión, porque después de algunos avatares, había conseguido enlazar unas buenas semanas de entrenamiento (nunca suficientes) que me daban cierto optimismo. Optimismo reforzado por un fin de semana en Bilbao prodigioso: la ciudad no puede estar más bonita, más radiante. Y en los cajones de salida disfrutamos la espera (mi amigo Alfonso y yo) con un bonito show de un grupo de rock, fuegos artificiales, buena animación. Hasta ese momento, casi todo había ido bien, incluyendo una más que digna feria del corredor.
"Multitudinaria" llegada de la maratón

Pero desde que empezó la carrera, todo fue a peor. Los supuestos cajones de salida, no garantizaron una mínima fluidez en el recorrido. Durante muchos kilómetros, muchos más que en ninguna cerrera de estas características que haya corrido, no se podía correr a ritmo, cuando no había casi que pararse.  Obviamente los cajones no estaban bien configurados, porque muchos minutos después de salir uno se encontraba con corredores que iban a ritmo mucho más lento del que se les debiera suponer por la posición en la que corrían. Esto se agravaba con súbitos estrechamientos en la calzada, o en zonas de calzada con coches aparcados a ambos lados que apenas dejaban espacio para correr. Imposible coger el ritmo.

Está claro que muchos organizadores de carreras “de maratón” buscan una foto de salida multitudinaria, para lo cual mezclan miles de pseudo-corredores de 10k y media maratón, con maratonianos de verdad. No había más que ver las caras que te rodeaban en el cajón de salida. Junto a las caras de preocupación de los maratonianos, la cara de fiesta de los que iban a corretear con alegría por Bilbao. La foto es muy bonita, pero lo que implica es una falta de respeto total a los que debieran ser los protagonistas de algo que se llama “maratón de Bilbao”: los maratonianos. Desgraciadamente no solo pasa en Bilbao (también es sangrante, por ejemplo, en Madrid). Esto de arreglaba con salidas diferenciadas para el 10k-21k y maratón, pero entonces primaría el respeto a la maratón, frente a la publicidad de los organizadores.

Al desastre del mal diseño del recorrido, que impide correr apropiadamente, prácticamente no existen puntos de control (incluyendo la salida, lo que hace que no exista registro del tiempo neto). En todo el recorrido, apenas 4 (o cinco?) lugares de control, por lo que, además de no poder tener una buena estadística de ritmos al final de la carrera, hacía imposible el seguimiento de atletas a través de la app del maratón. Los que corrimos maratón, no tuvimos control oficial en el 10 k, ni en la media maratón. Impresionante chapuza. Un “tracking” sin puntos de referencia, no sirve para nada. Otro suspenso.
Pero aquí no acaba la cosa. EL final del 10k y de la media maratón, coincidió “físicamente” con el trazado de maratón. Imaginen un corredor de 10 k esprintando en sus últimos 300 metros junto a un maratoniano que corre la primera cuarta parte de carrera. Vamos, un peligro para la integridad de muchos.

El recorrido, junto a partes bonitas de la ciudad, tenía kms y kms de recorrido que los maratonianos llamamos “pestoso”, incluyendo solitarios barrios. Si además tenemos en cuenta que por algunos sitios se pasaba ¡hasta ocho veces!, uno puede imaginar la soledad que se experimentaba en esa supuesta segunda vuelta de los maratonianos. Segunda vuelta totalmente desmotivadora. Los que acabamos la maratón fuimos menos de 600 (recordemos la foto de la salida con miles de enfervorecidos “atletitas”). Una segunda vuelta donde casi siempre se corría solo, sin público, en alguna zona oscura y por alguna zona aguantando los ánimos en tono de mofa de algunos borrachos que estaban poteando en la zona vieja. La llegada, bastante desoladora.

Y después de llegar un peregrinaje de más de 20 minutos hasta la zona de ropero, sin ninguna indicación. Vamos, genial.

Lo siento, pero no. La experiencia, no se la recomiendo a nadie. Y eso que en el terreno personal, fue una buena maratón, en la que hice un tiempo digno y acorde con lo que había entrenado, pese a la asfixiante humedad. Una pena que, una vez más, se utilice el reclamo de la palabra “maratón” para ganar dinero sin el más mínimo respeto por los maratonianos.

domingo, 28 de octubre de 2018

La "23más4", una carrera popular única, irrepetible e inolvidable.


Hoy he corrido la carrera “23mas4”, una carrera única e irrepetible que se ha celebrado hoy, en Cáceres, a las 10 de la mañana. Una carrera de 5 km, sin control de tiempos, que hemos recorrido a ritmo social y un grupo de 20 amigos. No ha habido épica, ni esfuerzo extremo, ni records,… solo un grupo de amigos en un entorno maravilloso, como lo es la ciudad de Cáceres. Pese a estos números tan poco espectaculares ha sido una cerrera única e irrepetible, y además será inolvidable.

Esta carrera empezó a organizarse hace muchos años. Mucho antes de que incluso los organizadores, y mucho menos los protagonistas, lo supieran. Hace muchos años, allá por el año 2006, Carlos, uno de los protagonistas, empezó a correr. Discretamente, como muchas cosas que hace Carlos. Un día me lo encontré en el parque de Butarque y le convencí para que se uniera al grupo de entrenamiento de la universidad (Carlos Corre). Había conocido a Carlos unos meses antes gracias a una aventura personal/profesional muy intensa en la que él participó de forma activa. Si aquella aventura no hubiera tenido lugar, a lo mejor nuestros caminos nunca se hubieran cruzado, y quizás, una de las mejores cosas que me dejaron aquella fallida aventura, fue conocer a Carlos. Le conocí como gran profesional, faceta que luego seguí en el tiempo hasta hoy mismo. Carlos es muy grande, en el sentido físico, ya que mide más de dos metros, pero también en el sentido personal: todo lo grande que tiene como ser vivo, lo tiene como ser humano. Conozco pocas personas tan generosas con los que le rodean y tan humildes en relación con sus virtudes. En todo el tiempo que pasamos corriendo juntos, nunca me habló de novia alguna, lo cual atribuí, en partes iguales, a su enorme y generosa entrega a su trabajo como a su más que evidente timidez.

Un buen día, en Carlos Corre, apareció Laura. Laura era una estudiante de la Universidad, “del otro Campus”. Laura era un encanto. No es que fuera guapa, que lo es; es que nos iluminaba a todos con su gran sonrisa y actitud positiva frente a la vida. ¿Por qué Laura, cruzó la carretera de Toledo para venir a correr con nosotros? Creo recordar que dijo “que los de Getafe eran muy aburridos”, aunque ahora, pasados los años, eso es lo menos importante. Yo creo que desde el primer momento Carlos y Laura se fijaron el uno en el otro. ¡Era difícil no fijarse!: Carlos es un gigantón y Laura irradiaba luminosidad. Pero tuvo que pasar tiempo para que aquello acabara en historia feliz. Los dos son tímidos, y ni Carlos ni Laura, se atrevían a dar el paso… pero al final, pasó lo que tuvo que pasar. Que estaban hechos el uno para la otra y la otra para el uno. Un día 23 Carlos se declaró, otro día 23 se comprometieron, y ayer, 27 de octubre, se casaron en Cáceres.

Y tuve el privilegio de estar presente en la Boda de Laura y Carlos, con un buen número de amigos con los que hemos corrido juntos muchos kilómetros: Jose, Grego, Antonio, Carolina, Araceli, Rubi,… Al final del banquete de bodas, Laura y Carlos nos repartieron los dorsales para una carrera muy especial, la “23más4”, una carrera de una única edición. Laura y Carlos, han querido empezar la maratón del resto de su vida, con una carrera popular con sus amigos. ¿A qué es original? ¿A que es romántico?  La luz en los ojos y la emoción con la que se leyeron los votos ayer, la tenían esta mañana cuando, con mucho frío, nos hemos puesto a correr por Cáceres. Se conocieron corriendo y han querido empezar esta etapa de su vida corriendo. Correr la  “23más4” ha sido un privilegio, algo único e irrepetible, algo que quedará en mi memoria para siempre. He corrido muchas carreras “famosas”, pero de ninguna podré presumir como de esta “yo estuve allí”. Gracias, Laura, gracias Carlos, por darme esta oportunidad.

jueves, 3 de mayo de 2018

Mühlhausen, Turingia, Alemania

Camino de la Muralla

Nunca hubiera pensado que iba a conocer esta pequeña ciudad situada, casi, en el centro geográfico de Alemania, y un poco mal comunicada. Pero ahora es la ciudad donde vive mi hijo Mario con su pareja Julianne y se ha convertido, automáticamente, en “otro” centro de mi universo. Es ciudad casi frontera entre las antiguas dos alemanias (del lado de la antigua RDA) y ahora se ha quedado a unos pocos kilómetros del km 0 de la nueva Alemania.

Lago Schwanenteich




Km 0
Mühlhausen es una ciudad preciosa, plagada de iglesias (algunas muy antiguas, parte góticas, parte renacentistas), de casas típicas alemanas (esas que tienen las fachadas con vigas de madera pintada de negro en diagonal) y con una muralla medieval (del siglo X) que prácticamente circunda la ciudad. Muralla bastante bien conservada y que da idea de la importancia que pudo tener esta ciudad en el pasado. Da gusto pasear por esta ciudad tranquila, por su limpio y bien cuidado centro, dentro de las murallas, o circundándolas tanto por fuera como por dentro.

Mühlhausen es conocida porque en una de sus iglesias fue organista Juan Sebastian Bach, pero también porque allí nació Thomas Müntzer, un predicador reformista, coetáneo de Lutero, inicialmente su seguidor, pero que acabó peleado con él por disputas políticas y teológicas.

Charlando con JSB
Como siempre que viajo, lo hago con mis zapatillas. ¿Y por donde se puede correr en una ciudad amurallada?: rodeando la muralla. Es un recorrido bien bonito, bastante plano (la puerta principal de la ciudad a través de la muralla está en alto, por lo que siempre habrá un tramo cuesta arriba y otro cuesta abajo, independientemente del sentido que se elija). Son poco más de tres kilómetros, pero no se hace aburrido dar más de una vuelta que además se puede combinar con alguna diagonal por la calle principal. También se puede correr por un lago precioso que está a un par de kilómetros del centro (el lago Schwanenteich). Combinando las murallas con el lago se puede sacar un buen recorrido. Pero esto queda para otra visita, porque me da la sensación de que volveré muchas veces a Mühlhausen.

Maratón de Madrid 2018: ¡por fín empieza a parecer una maratón internacional!


Después de muchos años perpetrando chapuza tras chapuza. Recordemos, por ejemplo, aquel año donde los corredores subíamos al camión ropero a buscar nuestra mochila, el mismo por cierto que ofreció la lamentable imagen de cientos de corredores desesperados por el tumulto a la hora de dejar la ropa, o ese ropero situado a kilómetros de la salida, o ese año donde se permitió entrar en meta a tantos sinvergüenzas con falso dorsal, que las medallas no llegaron a muchos que se la merecían, o, ya termino con los recuerdos cutres, esos corrales sin control, donde todo el mundo se colocaba casi en la línea de salida.

Hay que reconocer que este año, muchas cosas han cambiado, para bien, y esto empieza a parecer una maratón internacional. Dos de los cambios, posiblemente han sido derivados de una decisión ajena a la organización, ya que la salida de la meta del parque del Retiro ha tenido como consecuencia dos importantes mejoras: el ropero en las inmediaciones de la salida y la meta y, el recorrido. Que el ropero estuviera situado a kilómetros (3 ó 4) de la salida producía muchas situaciones kafkianas y cuando menos, molestia para todos. Muchos han corrido la maratón con la ropa a la espalda por esta chapuza.

Y la gran mejora, en mi opinión, es el nuevo recorrido. Se cambian varios kilómetros en cuesta, al final de la carrera, por varios kilómetros más o menos llanos, dentro de la Casa de Campo. Es verdad que ahora el recorrido por dentro de la Casa de Campo se hace un poco largo, pero están bien pagados cuando uno se aproxima a Atocha y sabe que está llegando a la meta.

Por algún motivo, imagino que la madurez de los ciudadanos madrileños para este tipo de grandes eventos que tanto benefician a una ciudad, ha habido mucha más gente animando por las calles y ningún incidente por automovilistas que pierden los nervios. Esto es de las cosas que hacen grande una maratón, y quizás el hecho de que ha aumentado el número de personas de fuera de Madrid que la corre, ha arrastrado a más gente a los lados de la carrera para animar a los que la corríamos.

Otra cosa que ha cambiado para bien son los voluntarios. Da la impresión de que este año estaban algo aleccionados.  En meta, te encuentras voluntarios amables, con una sonrisa, que te colocan la medalla y te dan la enhorabuena. Ha habido ediciones donde los voluntario casi te tiraban la medalla, eso cuando no se acababan por falta de control. Recuerdo un año que un voluntario dl dio una medalla al nene que entraba en meta con su papá, medalla que alguien no recibió, seguramente al final de la carrera.
La feria, ya en IFEMA, espectacular, al nivel de las grandes maratones. Todavía en el recuerdo las colas que se organizaban en el antiguo pabellón de la Casa de campo, donde veías a extranjeros con la maleta, esperando en cola alrededor del pabellón.

Y el control en los corrales. Ya era hora. Si pones corrales es para que haya control. Aun así, todavía nos falta un hervor a los españoles. A tenor de que fui adelantando gente a ritmos muchos más lentos que el mío, y que esto ocurrió hasta más allá del kilómetro 20, eso significa que miles de personas estaban en el corral que no debían. Se deben pensar que por ponerse en un corral más adelantado van a correr más rápido. Lo que demuestran es falta de civismo y paletismo extremo. Esto no pasa en ningún país civilizado. Gente que va a acabar en más de 4 horas que se sitúa en el corral de 3… impresentable (¿y para qué?)

En fin, que parece que vamos aprendiendo. Es de justicia reconocerlo. Me sigue pareciendo deplorable que las salidas de la media y de la maratón sean a la vez, pero eso parece que es irrenunciable por la organización, porque lo único que realmente les importa, parece, es poder hacer esa foto de la Castellana llena de corredores, y eso se consigue gracias a que estamos todos juntos. Para los que corremos maratón, que debiéramos ser los auténticos protagonistas, correr con gente que va a hacer la media, supone varios inconvenientes, que todo el corre conoce y que no voy ahora a contar. Hay muchas ocasiones de hacer medias maratones, pero solo una (en Madrid) de correr maratón. Correr maratón no es lo mismo que correr media, y toda la liturgia que rodea a la maratón nada tiene que ver con la media. Una foto, parece que es más importante que molestar a los que debieran ser el centro de la atención y del cuidado. ¿Por qué no salen media hora después? A lo mejor algún día lo entienden.

Pero que no se relajen. Quedan cosas por mejorar. Algún despiste de los voluntarios al final de la carrera, donde además faltaban algunos cubos para poner desperdicios y aquello parecía un basurero. La ya mencionada salida conjunta de madia y maratón… En la feria, faltaba alguna información impresa en la bolsa sobre los últimos detalles. Otros años había una pequeña revista (¡no se puede dejar toda la información solo en internet!) y se echa de menos a los paracas en la salida. Uno es un sentimental.

martes, 28 de febrero de 2017

Destino Tokio (y 3)

Otras maratones serán más bonitas (puede), más rápidas (puede), más numerosas (puede), o incluso más espectaculares (puede), pero lo que es seguro es que no están mejor organizadas que la Maratón de Tokio. Sobre todo si tenemos en cuenta que corren del orden de 36000 maratonianos y unos 500 un diez mil (los de 10k es apenas simbólico (*). 
Desde que te inscribes meses antes, pasando por la mastodóntica feria del corredor y hasta que sales de la zona de llegada, es un ejemplo de buena organización. Nada falla, y muy pocas cosas se pueden reprochar, y estas, siempre, se solventan por un voluntario con una sonrisa. Porque una de las cosas mejores de la maratón de Tokio, son sus miles de voluntarios. Voluntarios a la salida del metro para indicarte qué camino has de seguir (tanto para llegar a la Feria, como para llegar a tu puerta de salida), voluntarios en la feria del corredor que te guían y ayudan, voluntarios durante toda la carrera (¡casi un voluntario cada 100 metros en todo el recorrido!), voluntarios que te dan cariño cuando llegas, voluntarios educados en su trabajo y entrenados para satisfacer cualquier necesidad que pueda surgir por parte de un corredor (*). Ni un mal gesto, siempre una sonrisa, buena voluntad, respeto al corredor. Llegué a la Feria el día anterior a la carrera y 20 minutos antes de la hora de apertura. Éramos ya miles de corredores haciendo cola mediante el típico sistema de pasillos hechos con cintas. Pudimos ver, desde la cola, la febril actividad de los voluntarios preparándolo todo para poder entregar los dorsales. En un momento dado, pararon toda esa actividad, para, al grito de uno de la organización, saludarnos al estilo japonés y dedicarnos una cerrada salva de aplausos. Si, se dirigieron a la cola y, nos aplaudieron. Realmente emocionante…, y antes de empezar a correr.
Centro de Convenciones
Entrada a la feria
La Feria está alojada en un pabellón inmenso, espectacular, que visto desde fuera parece hecho para La Guerra de las Galaxias. No he visto una feria más grande (y he visto muchas). Nada más entrar te van dirigiendo para recoger el dorsal, ponerte el brazalete de seguridad (sin el cual no puedes entrar en la zona de salida), camiseta oficial, probar el chip,… Todo organizado, sin esperas, a pesar de ser miles (*). Y siempre, repito, con una sonrisa. Cuando sales de la zona de “corredores”, entras en la zona abierta, y es inmensa, en cantidad y variedad. La feria del corredor más grande que jamás haya visto.

Recogiendo el dorsal
Confiado en esa organización a la japonesa, el día de la carrera salí de mi hotel “solo” dos horas antes. En Japón es prácticamente imposible que no funciones bien el metro, o que pueda haber una cola (y ahí me equivoqué en parte…). En el metro ibas encontrándote corredores, pero como había 6 puertas distintas de entrada a la maratón, nos íbamos separando en distintos transbordos para coger distintas líneas. Solo al final ibas en el típico vagón lleno de corredores hacia una gran carrera, e incluso entonces las paradas de bajada eran distintas. En cuanto pones un pie en la calle, hay voluntarios esperando para indicarte el camino. Al llegar a la puerta, te encuentras la primera retención. Antes de entrar, hay doble control de seguridad. Controlan el brazalete, el dorsal, y luego bolsa a bolsa. Pese a todo, los miles de personas, la retención es de menos de 10 minutos (*). Un vez dentro, pese a que todo está indicado y bien indicado, el pulular de miles de personas crea algo de confusión, pero es fácil encontrarlo todo: guardarropa, corrales de salida… y si hay algún problema… ¡pregunta a un voluntario!

Otra cosa curiosa: nadie tira nada al suelo y nadie hace “aguas menores” fuera de los baños portátiles. Y eso crea la segunda “gran” cola. Aun así, tampoco más de 10 minutos. Pese a los miles de pululantes corredores, nadie orina fuera del tiesto y nadie ensucia nada.
Entrada por puerta 5
Control de seguridad
Hace frio y me dejo para el corral, además de lo puesto, una camiseta extra para tirar y un chubasquero chino. En el corral bastante silencio y las ceremonias típicas de las grandes maratones, quizás un poco más: canticos, música, himnos, presentación de estrellas,… Por fín, a las 9.10 se da la salida. Desde el primer metro, las calles abarrotadas con gente animando (**). “Aito, aito, aito,…” yo pensaba que llevaba un vasco a mi lado, pero no, debe significar algo parecido a “vamos”. Es emocionante. Se pasa por las principales calles de la ciudad y los 8 primeros kilómetros son cuesta abajo. El resto subidas y bajadas siempre suaves. Una maravilla de recorrido. Nunca vi carrera más “avituallada”. Cada 2,5 kilómetros, a veces cada menos, isotónicos y agua. Y en muchos puestos diversa variedad de comida: pan, frutas variadas, zumos, fruta en puré (packs de bebé), caramelos, glucosa, geles,… Todo esto, la propia organización, pero además muchos japoneses ofrecían su propio avituallamiento. Algo increíble. Y, quitando las zonas de agua-isotónicos, nada sobre el suelo. Cada 100 metros hay voluntarios con bolsas para recoger cualquier tipo de basura. Increíble. Como la carrera tiene varios recorridos de ida y vuelta, al final ves “por el oro lado” el final de la carrera y el coche escoba y docenas de coches de limpieza para recoger la escasa basura que pudiera haber por los suelos. Un minuto después de acabar la carrera, la ciudad está limpia.


Zona de corredores
Como hacía frio, me dejé una camiseta térmica debajo de la camiseta de tiras. A veces pensaba que me sobraba, y a veces que me faltaba más abrigo. Pese a que por la humedad rompí rápido a sudar, cuando pasabas por el sol, hacía un calor tremendo, pero cuando pasabas por sombra mucho frío. Es mi peor recuerdo de la carrera, calor y frío, y mucho sudor. Afortunadamente te podías ir hidratando cada poco. Cuando vi tanta gente a ambos lados, me preocupó el asunto del “desagüe”. En cualquier otra maratón, te sales a un lado, y sin problema, pero aquí… “No problem”: cada kilómetro (o menos, en muchas ocasiones) había baños portátiles, perfectamente indicados unos 100-200 metros antes. Y cada vez te anunciaban cuando ibas a encontrar el siguiente. Impecable. Además disponías de los miles de baños públicos super limpios que hay en Tokio. De forma totalmente extraña, y supongo por la cantidad de sudor, no tuve que parar ni una sola vez en toda la carrera. Además, estaciones médicas señaladas cada kilómetro.
Todo muy indicado...



Durante toda la carrera, la animación es espectacular, pero los últimos kilómetros te ponen los pelos de punta. Y cuando llegas, la atención es exquisita. Nada más llegar están pendientes de si alguien necesita ayuda especial. Después filas de voluntarios te ponen una toalla en los hombros, y mientras te aplauden y felicitan. Más adelante otras filas te ponen una manta térmica, y te siguen aplaudiendo y felicitando. Y después lo mismo cuando te ponen la medalla, y cuando te dan agua, y cuando te van dando fruta, isotónico,… Te sientes realmente especial (*). En alguna estación fue tan emocionante que casi rompo a llorar.
No sé por qué han incluido la maratón de Tokio como la sexta “Major”. Posíblemente porque tenían que meter alguna asiática. Posiblemente porque hayan pagado mucho. Pero lo cierto que es una maratón grande, muy grande. Si no fuera por lo especial que es Londres o lo carismática que es Nueva York, posiblemente la mejor maratón del mundo. Creo que se merece estar ahí.
Impresionante ciudad

Al final, contento...
Dentro de un par de meses estaré trotando la Maratón de Madrid y volveré a maldecir la feria del corredor, el guardarropa a varios kilómetros de la salida, esos voluntarios que todo se lo merecen pero a los que nadie les dice lo que tienen que hacer, ese descontrol en la salida donde meten juntos a los de 10k, media maratón y maratón, toda esa gente que va a hacer turismo y que no se toma en serio la carrera, la falta de público en gran parte del recorrido y a veces protestando por los cortes, y… con Tokio tan cerca, todo eso me parecerá peor. Aún resuenan en mis oídos las declaraciones totalmente exentas de autocrítica de los organizadores ante los clamorosos fallos de cada año, y que atribuyen siempre a lo incívicos que son los corredores. Y me volveré a preguntar ¿cómo es posible que nos hayan dado la categoría Oro de la IAAF?, a una carrera que cada año cuida menos a los corredores (especialmente a los de maratón), cuya única preocupación es hacer caja con los miles que corren “media” o 10k. Este año estrenan la categoría Oro (¿Cuánto habrán pagado?), pero, ojalá me equivoque, cuando escriba sobre ello estaré preguntándome el porqué.

¿Y cómo me fue?  Pues para lo que he entrenado, demasiado bien.
Acabé en 3h 39m, lejos de mis mejores tiempos, pero muy contento. Puede mantener prácticamente el mismo ritmo toda la carrera y sufrí relativamente poco (y porque tiré de pundonor para no irme mucho en el tiempo al final). Un día redondo, donde además completé las 6 Majors.

(*) ¿Podrían aprender algo los que organizan la Maratón de Madrid?

(**) ¡Ya podrían aprender los ciudadanos de Madrid!

viernes, 24 de febrero de 2017

Objetivo Tokio 2

Siempre que se acerca el día de una maratón, sobre todo si es una “gran maratón”, como es el caso, uno no hace más que pensar en la carrera. La semana previa entran todo tipo de dolores, entran las dudas,… En mi caso, con las certidumbres con las que llego y teniendo en cuenta que mis últimas tres semanas de trabajo (bueno mis últimos tres meses) han sido trepidantes, sin un minuto para un respiro, llega el día en el que tengo que viajar, y apenas siento los nervios que preceden a la puesta en marcha. Mi vuelo estaba programado para la 17.20, y a medida que pasa la mañana del viaje, empiezo a darme cuenta de que mi aventura está a punto de empezar. Pero la mañana no me da tregua, y lo que debiera haber sido un traslado al aeropuerto tranquilo, se convierte en un apurado viaje mirando el reloj. Pero por fín llego al aeropuerto con tiempo suficiente y pienso: “ahora a disfrutar cada minuto, cada hora, que ya habrá tiempo de sufrir corriendo”. Empiezo a mentalizarme sobre lo que me espera, pienso en llegar al avión y regodearme en los pasos que tengo que dar hasta llegar a la salida.

Pero no contaba con las compañías aéreas. Mi viaje a Tokio hace escala en París, con traslado entre Orly y Charles de Gaulle. Según el programa de viaje, con tiempo de sobra para hacer el “transfer”, pero según llego a mi puerta de embarque se anuncia un retraso de 45 minutos. Como me conozco el percal, y perder el vuelo Paris-Tokio supondría decir adiós a la maratón, me voy al mostrador de la compañía para pelear alguna alternativa de llegar a Paris antes. Pero no hay nada alternativo que mejore la situación, por lo que toca esperar y confiar en la providencia (ya que desde hace mucho tiempo no confío en ninguna compañía aérea). Pasados esos 45 minutos (siempre mienten) llega el avión en el que tenemos que embarcar, y entre pitos y flautas, tras un embarque eterno, salimos con hora y media de retraso. A priori me he comido el margen de confianza que tenía para llegar a Charles de Gaulle.

Mientras vuelo hacia Paris, lo hago con la gran incertidumbre de saber si llegaré a conectar con mi vuelo Paris-Tokio. Realmente en manos de la providencia. No me atrevo ni a mirar todos los papeles que vienen conmigo y que tienen que ver con la Maratón, y que pensaba revisar con delectación en el vuelo. No quiero poner más ilusión en la Maratón, por lo menos hasta que tenga seguro que esté volando hacia Japón.
El avión aterriza en Orly a las 9 de la noche. Mi embarque en Charles de Gaulle es a las 10.30. Quita 20-25 minutos para llegar a la puerta de embarque, y tengo exactamente dos horas para salir del avión, llegar a la terminal y buscar el autobús de enlace. Pero una vez más, las compañías aéreas no dejan de sorprendernos. Una vez aterrizados, esperamos dentro del avión otros 40 largos minutos hasta que llega la jardinera. Desembarcamos y cuando ya parecía que la jardinera enfila la terminal, otros 10 minutos en un “stop” para dejar pasar un avión. Desespero. Pongo el pie en la terminal a las 9.50. Imposible llegar al Charles de Gaulle. De nada me sirve que me den un billete para el día siguiente, porque llegaría a Tokio con la feria del corredor cerrada y no podría correr.

Pero uno no se rinde. “¿Habría algún medio más rápido que un coche para llegar al Charles de Gaulle?”, le pregunto a la azafata de tierra de Air France. Y la respuesta es: “si, hay moto-taxis”. Y sin pensármelo, corro en la búsqueda de una moto-taxi. La broma me iba a costar 150 euros, pero eso, o adiós a la Maratón de Tokio.

La moto-taxi es una de esas motos tipo scooter, pero enormes. Te colocan un gabán, un casco, aseguran tu maleta atrás y a la autopista.  Y me dispongo a pasar los peores 25 minutos de mi vida. A 140 km/hora por carreras de circunvalación de Paris, totalmente atascadas y circulando entre coches y camiones entre los que pasábamos a escasos centímetros. No me atrevía ni a mirar al frente. Pensé “voy a morir en la M-30 parisina, y tampoco correré la maratón…”. Cuando puse un pie en tierra, ya en la terminal 2E del Charles de Gaulle me prometí no volver a subirme jamás en un cacharro así. Eran las 10.20 de la noche. Llegué a tiempo al embarque.

Pero no iban a acabar ahí los incidentes de la noche. Al llegar a mi asiento, el 29C, había allí aposentada una japonesa que insistía en que ese era su asiento. Y efectivamente lo era, por un error informático, los dos teníamos el mismo asiento. Tras otra espera, esta vez de minutos, me dice la azafata que tiene que darme otro asiento. “¿Pero de pasillo, no?” pregunto. “Si, de pasillo, aquí… en “preferente”. Bueno, algo empieza a cambiar…


Catorce horas después estoy en la habitación de mi hotel, en Tokio, esperando a que me entre sueño y escribiendo esto.

Maratones que he corrido

  • Maratón de Madrid: 2004 (3h 58m), 2005(3h 56m 42s), 2006(4h 15m 34s), 2007 (4h 06m 49s), 2009 (3h 40m 20s), 2012 (3h 19m 36s), 2013 (3h 13m 59s), 2014 (3h 40m 58s), 2015 (3h 19m 33s), 2017 (3h 58m 12s), 2018 (3h 45m 4s)
  • Maratón de Donosti: 2007 (4h 4m 52s), 2017 (3h 38m 40s)
  • Maratón de Toral de los Vados: 2008 (4h 11 m 16s)
  • Maratón de Marrakech: 2009 (3h 58m 4s)
  • Maratón de Oporto: 2009 (3h 30m 34s)
  • Maratón de Zaragoza: 2009 (3h 56m 32s)
  • Maratón de Sevilla: 2010 (3h 47m 27s)
  • Maratón de Boston: 2010 (3h 29m)
  • Maratón de Nueva York: 2010 (3h 28m 38s)
  • Maratón de Málaga: 2010 (3h 52m 16s)
  • Maratón de París: 2011 (3h 29m 43s)
  • Maratón de Berlín: 2011 (3h 23m 28s)
  • Maratón de Castellón: 2011 (3h 20m 14s)
  • Maratón Misteriosa (Tres Casas, Segovia), 2013 (3h 54m)
  • Maratón de Chicago: 2013 (3h 25m 37s)
  • Maratón de Londres: 2014 (3h 27m 58s), 2016 (4h 1m 18s)
  • Maratón de Amsterdam: 2014 (3h 28m 6s)
  • Maratón de Lisboa: 2015 (3h 34m 56s)
  • Maratón de Valencia: 2016 (3h 40m 32s)
  • Maratón de Tokio: 2017 (3h 39m 38s)
  • Maratón nocturna de Bilbao: 2018 (3h 44m 32s)

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