El aprendiz de maratoniano

Historias sencillas de carreras

domingo, 29 de enero de 2012

El largo camino a Ziwa (capítulo 3/6: Ziwa, Kenia)

Ziwa es un pequeño poblado de Kenia que se encuentra a una altitud cercana a los 2000 metros. Desde el punto de vista de nosotros, los afortunados y prepotentes habitantes del primer mundo, podríamos considerarlo como un claro ejemplo de lo que es el tercer mundo. Exceptuando algunas casas, en la mayoría de ellas no hay ni agua corriente ni electricidad. La gente vive en pequeñas parcelas, que en función de la riqueza (aquí es un poco eufemístico utilizar esta palabra) del propietario, pueden ser más o menos grandes. En las parcelas, en función de su tamaño, se plantan y cosechan distintas verduras y se cuida algún animal (desde gallinas hasta vacas). Es una sociedad agrícola-ganadera, donde no todo el mundo posee ese privilegio de la tierra y tiene que trabajar para los demás. Hay alguna pequeña industria y artesanos, pero en una sociedad parada en el tiempo. Casi nadie posee ni coche, ni televisión. Algunos una moto, una radio, o una bicicleta. La configuración de vivienda típica es una estancia dividida en dos (comedor y dormitorio), de no más de 12 ó 14 metros cuadrados, construida con ladrillos de adobe. Una estancia exterior donde se ubica la cocina y almacén y una letrina, algo alejada de la estancia principal. Los más afortunados tienen un pozo del que sacan el agua que necesitan, pero muchos tienen que acarrear cada día, desde largas distancias, bidones de agua para beber, cocinar, lavarse,… También es corriente ver por los caminos niños y mujeres llevando sobre la cabeza grandes bidones de agua. Me comenta mi compañero Antonio que el principal medio de transporte por el que se transporta agua en el mundo son los niños y las mujeres.
Hacienda típica

Adobe recién cocido



Cada par de brazos son útiles para permitir a la familia salir adelante haciendo lo que sea, por lo que en el seno de muchas familias donde nunca nadie recibió educación, no se concibe mandar a los niños al colegio. No hace falta imaginar las condiciones higiénicas o sanitarias y alimenticias de la población de Ziwa. Además, muchos niños, incluyendo los más pequeños, tienen que andar, a veces, kilómetros para llegar al colegio por caminos de tierra por los que circulan todo tipo de semovientes (incluyendo las pocas motos que hay). A primera hora de la mañana (a las 7 al salir el sol) o a mediodía, o por la tarde, es corriente ver grupitos de niños, o niños solos de todas las edades, yendo de aquí para allá, con su uniforme, y a veces sus libros. El mito del corredor keniata que se hace desde niño porque tiene que correr todos los días para ir al colegio, pude comprobarlo con mis propios ojos. Por eso muchos colegios, como el de James Moiben, opta por la opción de internado, que además permite acoger niños y niñas huérfanos.

Camino


Comercios en el centro de Ziwa
En la ZIwa nocturna, no hay luces. Solo luna y estrellas muy brillantes (hacía años que no veía un cielo estrellado tan maravilloso, sin ninguna contaminación lumínica) y de vez en cuando las luces de alguna moto que se atreve a circular por esto caminos tan tenebrosos una vez cae el sol. Con esa óptica prepotente que nos caracteriza a los privilegiados habitantes del primer mundo, podría parecer que Ziwa está estancada en un periodo de la historia atemporal, difícil de definir. Pero al contrario de la imagen gris y pesimista que ofrecen periodos de nuestra historia donde la penuria en una sociedad poco desarrollada se transmite a través de los rostros demacrados de sus habitantes, los pobladores de Ziwa ¡parecen felices! No es difícil verles reir o sonreir, especialmente a los niños, a los que con mucha facilidad es sencillo arrancarles un estruendosa carcajada. En su aparente pobreza material, transmiten una dignidad en su actitud, su forma de vestir (siempre buscando la pulcritud), su cordialidad con el visitante,… que algo nos chirría en nuestra cabeza.
Niña lavando

Una tarde, paseando al anochecer un vecino se paró a saludarnos. Se bajó con parsimonia de su bicicleta y anduvo junto a nosotros unos metros. ¿Qué tal andan las cosas por España?, nos preguntó. Después de unos días desintoxicados de las permanentes y pertinaces noticias de la crisis económica, de pronto volvió a mi cabeza esa lejana crisis (no solo lejana en distancia física). Mi primer impulso fue empezar a contarle “nuestra” crisis, pero pronto lo que sentí es una enorme vergüenza. ¿Cómo podemos quejarnos de nada después de conocerles?. Al poco llegamos a su casa. Enfrente hay una pequeña parcela con una casa tradicional de adobe y de ella sale corriendo un niño de poco más de dos años, a trompicones. Me recuerda a la forma de correr de Forres Gump cuando tenía las prótesis. Se llama Moses y se acerca a nosotros con una gran sonrisa. Cuando llega a nuestro lado me doy cuenta que también lleva unas prótesis. Philip me cuenta que una pareja de Guadalajara (amigos que prefiero no desvelar para preservar su intimidad) consiguieron para Moses una silla de ruedas, mientras de su bolsillo le pagaron la operación que hoy le permite correr de esa manera. Le han dado a Moses un futuro en una tierra tan hostil. Son este tipo de cosas las que me reconcilian con nuestro mundo.

Transportando agua
Moses sale a saludarnos
Niñas yendo al cole


Es en esta Ziwa donde James Moiben decidió invertir su futuro en la creación de un colegio de enseñanza primaria y secundaria.

El largo camino a Ziwa (capitulo 2/6. La bienvenida)

Clases de secundaria

Profesores del colegio


La vanette nos dejó en la puerta del colegio. Allí nos esperaba el Presidente de la Fundación del colegio, el Director, la mayoría del cuerpo de profesores y los alumnos formados en dos filas, empezando por los más pequeños, que apenas andan solos, y acabando por los más mayores de la escuela de secundaria. Nos ponen en el cuello una orla de bienvenida y tras saludarnos y regalarnos una jícara de cuero (para conservar la leche, símbolo de bienvenida en Africa), fuimos caminando, escoltados por las dos columnas de estudiantes, hacia el interior de la explanada del colegio. Ese tránsito se hizo con canticos donde algunas mujeres proponían un estribillo y todo el mundo contestaba al más puro estilo que caracteriza los cantos negros y que derivaron en el góspel americano. Philip, Antonio y yo, huéspedes desde entonces del colegio, empezamos a sentir la emoción del momento. La comitiva desembocó en el patio del colegio, donde en un mástil estaba plegada, en la parte más alta, la bandera de Kenia. Con gran protocolo, una escuadra de estudiantes de los de más edad, procedieron a arriar la bandera de Kenia al son de su himno nacional cantado por todos los estudiantes y profesores. Después, en honor a nosotros, se izó la bandera española.
Plantando un arbol

Firmando en el libro de honor


Acto seguido, también escoltados de la misma manera, incluyendo los cánticos, se nos llevó a otro lugar del colegio a plantar tres árboles, uno por invitado. Árboles que nos recordaría para siempre en sus corazones. Todas las personas que ellos han considerado importantes en su corta vida como institción, han plantado allí un árbol que los recuerda. Después, reunidos en el aula de mayor tamaño, se cantaron varias canciones en nuestro honor y se procedió a pronunciar varios discursos de bienvenida y de agradecimiento por nuestra parte. Antes de una rápida visita al colegio, firmamos en los libros de honor del Colegio y mantuvimos un pequeño encuentro con el cuerpo de profesores. Nunca antes he recibido un honor tan precioso, tan sentido y tan sincero. Muchas veces para honrar a quienes pensamos merecen nuestra honra, no es necesario grandes pompas y fastos. Solo se necesita transmitir cariño y cordialidad.
Jicaras para leche

Asamblea

Dando las gracias

Probando el proyector

El largo viaje a Ziwa (capítulo 1/6: el largo camino a Ziwa)

La mejor opción para viajar a Nairobi era a través de Doha, Dakar. No solo porque el precio del billete era el más bajo, sino porque es la ruta elegida meses atrás por Purity y Philip. Purity es una niña de Ziwa que está pasando unas semanas en un colegio de secundaria de Guadalajara y Philip es un atleta de élite, también de Ziwa, que volvía a casa. Philip va a ser nuestro guía en nuestro viaje a Ziwa.





Valle del Rift

Valle del Rift
Después de arreglar la facturación de todo el material escolar que llevábamos para el colegio (Moiben Education Centre) nos dirigimos a la puerta de embarque para iniciar nuestro largo camino hacia Ziwa. Viajo con mi compañero de Departamento, y vecino de despacho, Antonio Aznar, y nuestro objetivo es el Colegio James Moiben Education Centre en Ziwa, Kenya. Todo fue sin ningún incidente y tras la programada escala de Doha, a las 5.45 de la mañana, más de 14 horas después de salir de Madrid, aterrizamos en Nairobi. Según salíamos y recuperábamos nuestro material se nos hizo de día, de pronto, como pasa cerca del ecuador. Cuando amanece parece que alguien levanta una persiana y por la tarde, de pronto el sol cae para hacerse de noche. Y como en todos los países sin muchos recursos, la vida está totalmente vinculada con la luz del sol, y poco después de amanecer, todo el mundo anda ya moviéndose de un lado para otro.  En Nairobi están esperándonos, con una vanette del colegio, unos de sus profesores (Eliné Mutai).

Al salir del aeropuerto para atravesar Nairobi, nos encontramos ya con un tráfico denso y bastante caótico, al uso de muchas grandes ciudades. Me viene a la memoria algo del tráfico de Delhi, Rió o Teherán, pero con dos grandes diferencias: aquí no hay tanto ruido y, dentro del caos, se aprecia mucha más educación en la forma de conducir. Porque una cosa que llama la atención de los Keniatas, casi al pisar su tierra, es que son gente muy respetuosa con los demás. Son personas que transmiten dignidad, probablemente heredada por varias de sus etnias, entre la que se encuentran los Masai. Dignidad en su relación con los demás, en su manera de saludarte, en su forma de vestir, siempre aseada y en muchos casos podría decirse que elegante (no es raro ver por un polvoriento camino a una persona perfectamente trajeada en bicicleta). Dignidad adquirida desde su formación en la escuela primaria, donde se inculca el respeto a los demás, a los profesores, a su país. Donde todos, desde muy pequeños, llevan un uniforme que les distingue como pertenecientes a un centro de enseñanza.







Plaza de celebración independencia
Ecuador
Después de navegar una hora entre el tráfico, llegamos, todavía dentro de Nairobi, al parque donde suelen celebrar su Independencia para esperar otros dos pasajeros (el hermano menor de James Moiben, también maratoniano y un nuevo profesor para el colegio). Una vez completado el pasaje de la vanette, finalmente, después de otra media hora, salimos de Nairobi.



La distancia que separa Nairobi de Ziwa es de unos 350 km, pero la fama que precede a las carreteras de Kenia nos auguraba un largo viaje. MI primera impresión de las carreteras no fue mala, pero la realidad es que nuestra pequeña furgoneta se mueve con bastante lentitud y además van surgiendo todo tipo de imprevistos que van ralentizando nuestra marcha, como por ejemplo muchos accidentes que bloquean la carretera. Además paramos a desayunar, a festejar el paso de la línea del ecuador (para comprobar cómo cambia el sentido del remolino de agua desde el hemisferio norte al hemisferio sur, ya que allí puedes pasar de un hemisferio a otro con un pequeño salto) y, finalmente, paramos en Eldoret para hacer algunas compras y comer. Por el camino atravesamos en paralelo un enorme valle donde viven los Masai, y de tanto en tanto pudimos ver a los lados de la carretera una muestra de  lo que es más famoso de este país: su riqueza natural. Grupos de cebras, antílopes, pequeñas gacelas,  jabatos, algún mandril.
Eldoret es la ciudad más grande de la zona de Ziwa y me recuerda a muchas ciudades construidas por todo el mundo alrededor de una calle principal que la atraviesa. La ciudad es un hervidero a la hora de comer, con un bullicio enorme en sus tiendas, mercadillos, restaurantes. Todo ello le confiere un cierto parecido con las ciudades frontera del antiguo oeste americano. Allí tuvimos que parar para comprar el uniforme de Purity, que volvía para empezar el curso (que en Kenia se inicia en Enero).  De Eldoret y sus alrededores han salido los atletas que poseen el 70% del total de las mejores marcas mundiales registradas por la federación internacional de atletismo en fondo en carretera. En esos “alrededores” está Ziwa. Para alguien que corre maratones, este lugar es un poco mítico. Nos encontramos en un extenso altiplano cerca de los 2000 m de altitud.







Eldoret, tierra de campeones
Letrero a la entrada del colegio
Al poco de salir de Eldoret abandonamos el último asfalto de las carreteras para adentrarnos en pistas de tierra, por las que se hace difícil circular, caminos que nos llevarán, a las  5.30 de la tarde (12 horas después de salir del aeropuerto, más de 20 horas después de salir de Madrid) al Colegio James Moiben, en Ziwa. Ha sido un largo camino, y aunque algo cansado, llegamos  contentos. Allí nos esperaba un gran y emotivo recibimiento.

viernes, 6 de enero de 2012

San Silvestre Vallecana 2011


La Sansilvestre Vallecana se ha convertido en una de las “grandes carreras del mundo”. Según la clasificación de la Federación Internacional de Atletismo ‘solo’ tiene la categoría plata, pero tanto por organización, número de participantes, seguimiento de medios (incluida retransmisión en directo), servicios médicos, voluntarios,… posiblemente podría estar en la categoría de oro. La Sansilvestre, además, son dos carreras: la profesional y la popular. La profesional, exigente, talismática. La popular, multitudinaria. Desde luego la emoción que se siente al correrla podría ser equiparable a la de otras grandes carreras. La Sansilvestre popular tiene además dos vertientes: por un lado es la carrera importante donde muchos corredores populares quieren medirse, y por otro lado la charanga divertida donde muchos mezclan algo de deporte con la diversión previa al final del año.
Este año, la carrera ha sido la más multitudinaria de su historia, y no me ha defraudado. Entre otras cosas, porque después de varios intentos este año de bajar de 42 minutos, este 31 de diciembre al final lo he conseguido. He vivido la carrera con intensidad y concentración. Antes estuve calentando con mis compañeros de entrenamientos Paco y Carlos. Salí con cabeza para no estrellarme con la primera cuesta de Concha Espina, aunque la multitud no permite tampoco correr con alegría. Y a medida que se podía correr con más espacios, empecé a clavar los tiempos parciales que necesitaba para bajar de 42 (recuperando lo perdido el primer kilómetro). Al pasar por Atocha, poco después del ecuador de la carrera, pensé que lo tenía en mi mano, pero unos minutos después, especialmente cuando uno se acerca al kilómetro ocho, la carrera pica hacia arriba, y no sería la primera vez que la cuesta de la Avenida Ciudad de Barcelona acaba con las ilusiones de un corredor. Poco antes de llegar a lo que mucho llaman “el muro de Vallecas” me encontré con Gabi, un amigo de toda la vida. Iba tan concentrado (y tan al límite) que no le conocí. Después de intercambiar unas palabras de cortesía, me metí de lleno en la cuesta. Cuando culminé la cima dentro de tiempo, al ver que ya lo tenía en la mano, me pasó algo que nunca me ha ocurrido: me flaquearon la piernas. NO es que me dolieran, sino que me flaquearon, como cuando uno se pone muy nervioso. Fue una sensación rara y que tuve que superar pensando en que solo quedaba un kilómetro, con mucha gente animando, y que solo tenía que dejarme llevar. A falta de 150 metros, ya veía el cronómetro oficial por debajo de cuarentaydos, por lo que un pequeño strint incluso me permitió bajar de mi meta en “tiempo oficial” (tardé más de medio minuto en la salida en pasar por el arco”. Me sentí plenamente feliz y casi sin creérmelo (un minuto por debajo de mi mejor 10000) me dirigí al guardarropa para abrigarme y volver a casa.

Pero una gran carrera tiene que evitar algunas cosas que se siguen produciendo año tras año, y que a lo mejor la convierten en un carnaval. NO es presentable cómo está organizado el acceso a los corrales de salida. No se cómo acabó la cosa, pero 25 minutos antes de la salida, en el acceso a los cinco primeros corrales (los que salen primero y delante) había una aglomeración de miles de personas, nerviosas e impacientes por acceder a su corral, que tenían que pasar por un auténtico cuello de botella, de uno en uno, para acceder a una segunda zona que a su vez daba acceso al corral definitivo. Yo conseguí pasar 15 minutos antes de la salida, pero detrás de mí quedaron cientos de personas que no se si llegaron a su cajón a tiempo. Impresentable. Algún año habrá una avalancha con desgracias personales. O se toman medidas o al tiempo.

Y sigue siendo impresentable la actitud de muchos presuntos corredores, no sé si por ignorancia o, sencillamente, por falta de educación. Miles de semovientes (no pueden ser considerados corredores), se cuelan en cajones que no les corresponde, y otros miles se incorporan en la cabecera por delante de los que, a priori, van más rápido buscando una marca personal. Estos miles de maleducados, bobos inconscientes (porque no son conscientes del daño que ocasionan) provocan atascos, tropezones, mini-altercados,… Perjudican a los que quieren correr buscando su marca personal, da igual que sean 30 minutos o 50, porque estos cretinos se encargan de decidir por los demás. Muchos van en grupitos, juntitos, taponando la calle. Si a alguien se le ocurre afearles su comportamiento, tienen la osadía de encararse con frases como “¡qué pasa, que quieres batir algún record!” o “¡pero que prisa tienes!”. Si no van a correr, si lo que quieren es echar unas risas y divertirse, ¿por qué no se ponen detrás, donde se ponen todos los que persiguen el carnaval, no la carrera?. Todos los años te preparas mentalmente para tratar con toda esta tropa, pero realmente cuesta creerlo. Yo suelo salir en el tercer cajón ‘más rápido’, siempre salgo ‘en mi sitio’ y suelo llegar en el tiempo que me correspondía por el cajón donde salía. Entonces, ¿Cómo es posible que vaya adelantando gente, mucha gente, hasta pasada la mitad de la carrera? Muchos de ellos de alegre trote social (algunos inconscientes corriendo de la manita de sus hijos pequeños). Imagino que ni no hay alguna desgracia es por la intercesión de San Silvestre). En esto si somos distintos a las grandes carreras de otros países. Allí no pasan estas cosas, mal que me pese reconocerlo y la única diferencia es el personal que corre.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Maratón de Castellón (2011)

Después de mi participación en Berlín en el mes de septiembre, con un verano de duros entrenamientos con calor y humedad, la Maratón de Castellón me la planteaba como una propina para acabar la temporada. Si es que llamar propina a una maratón fuera correcto. Porque una maratón es una prueba que exige siempre mucho a los que la corren y que uno sabe cómo empieza pero nunca como acaba. Mi idea era salir “a ver qué pasa”, ya que mi preparación, a excepción de una tirada larga, básicamente consistía en vivir de las rentas de Berlín.

La maratón de Castellón tenía además otros alicientes. Iba a participar arropado por algunos amigos del Club Maratonianos de Leganés (Jose –el pollero-, Jose –el Presi-, Felix, Alejandro) y por Antonio Gallardo, nuestro entrenador en la Universidad. Diversas circunstancias, incluyendo alguna lesión, impidieron que se nos unieran a la aventura compañeros de entrenamiento como Jorge y Carlos. Otros amigos de Maratonianos de Leganés también corrieron (como Javi, el Monstruo de Leganés), pero al estar en otro hotel no pudimos compartir con ellos mucho tiempo.

Es esta una maratón bastante bien organizada y con muy buen trato al corredor. La feria del corredor es algo discreta y como único fallo, el hecho de que los dorsales no reflejaban los puestos de salida en los cajones, por lo que mucha gente, el día de la carrera, tuvieron que salir desde lugares que no les correspondían por marca. Algunos con más suerte consiguieron un distintivo que les permitía mejorar de corral, pero muchos se vieron relegados a peores lugares de salida. La bolsa del corredor bastante correcta, incluyendo una camiseta técnica de manga larga.

La maratón sale a las 9 de la mañana desde el puente de la Universidad Jaume I. Después de un sentido homenaje a una corredora ausente, se dio la salida con una emocionante mascletá. El ruido provocó que un perro se asustara y su dueña se lanzará tras él, estando a punto de provocar un enorme y peligroso barullo justo delante de la línea de salida. Muy bien organizados los avituallamientos, con abundante agua, isotónicas, frutas, geles,… Muchos voluntarios muy animosos. El recorrido de la maratón transcurre zigzagueando por toda la ciudad evitando pasar dos veces por el mismo sitio, pero provocando muchos giros a 90 ó 180 grados y numerosas idas y venidas por largas avenidas. El suelo en mal estado por culpa de obras, es otro inconveniente en muchos kilómetros de la carrera. El recorrido se hace algo aburrido, especialmente en su excursión al Grau (en la primera media) y por el paseo por la Ronda de Circunvalación (en la segunda). Cuando la carrera pasa por el centro de la ciudad, en algunos puntos, se concentra mucho público, que para sorpresa de los corredores foráneos (la mayoría), solo animaban a sus paisanos a los que conocían, permaneciendo en silencio el resto del tiempo. Alguien debiera explicarles que en una maratón, todos merecemos ánimos y que el colorido de una ciudad lo dan no solo con su presencia en las calles, sino con sus gritos de ánimo para todos.

Mi maratón fue muy buena, a pesar de que sufrí mucho los últimos 12 kilómetros. Pero eso siempre pasa cuando vas al límite de tus posibilidades. Hasta el kilómetro 29 fui con la compañía de Alejandro, que ahí se le acabaron las fuerzas. Pude mantener mi ritmo (entre 4.25-4.40/km) hasta el kilómetro 32. A partir del 33 fui cediendo 20 segundos por kilómetro (5min/km), llegando a un minuto en el 38 y el 39 (5.30/km). Los últimos dos, animado por la cercanía de la meta, volví a 5 minutos el km. En los últimos 200 metros, al ver que podía bajar de 3h 20m, esprinté, pero no lo conseguí por culpa de unos pocos segundos. Acabé totalmente exhausto, pero feliz al haber bajado tres minutos mi mejor tiempo en maratón. Mucho más de lo que esperaba al empezar la carrera.

En la llegada a meta, muchas atenciones al corredor. Voluntarios te quitaban el chip de la zapatilla. Una toalla de regalo para darte algo de calor. Amabilidad. Bebida abundante (cerveza, isotónicos, zumo, agua). Pizzas y dulces. Masaje (si uno tenía un poco de paciencia). Cubos con agua y hielo para poder meter las piernas. En conjunto se puede decir que trato exquisito.

Pero nuestra expedición sufrió en sus carnes lo mejor y lo peor de la maratón. Además de mi alegría por esa “mmp”, los dos más veteranos, Antonio Gallardo y Jose –el Presi- llegaron primero y segundo en sus respectivas categorías de veteranos, por lo que se fueron a casa con un bonito trofeo. Pero la cruz la vivieron nuestros tres compañeros de viaje. Jose –el pollero- no pudo acabar por una lesión (fue lo suficientemente inteligente para retirarse en el km 30); Felix también se lesionó casi en el 40, pero consiguió acabar casi diez minutos por encima del tiempo que quería hacer y Alejandro, compañero mío de viaje hasta el 29, se topó con el muro y se fue hasta casi las cuatro horas. Es lo que tiene la maratón, que te lo puede quitar todo cuando ya piensas que lo tienes en la mano. Con ese sentimiento agridulce volvimos a casa por la tarde.

Recorrido

sábado, 8 de octubre de 2011

Ljubljana, ¿capital de Syldavia?

Casi obligado por un compromiso de trabajo he tenido que viajar a Ljubljana, la capital de Eslovenia, y ha merecido la pena. Aunque ha sido un viaje relámpago, he tenido tiempo de llevarme una pequeña visión de esta pequeña ciudad y por supuesto, correr por sus calles.

Eslovenia es una de las repúblicas que formaban la antigua Yugoslavia. Fue la primera en separarse gracias al reconocimiento inmediato de Alemania, y prácticamente no vivieron la guerra de los Balcanes ya que en poco menos de un mes firmaron la paz con sus antiguos compañeros de viaje. Es un pequeño país, de unos dos millones de habitantes, encajonado entre Austria, Hungría e Italia (en distintos periodos formó parte del Imperio Austrohúngaro y también de Italia), con cierto nivel industrial, una buena agricultura, montaña, y aunque parezca mentira, un cierto ambiente mediterráneo. Cuando volaba sobre el país camino de Ljubljana, me vino a la cabeza EL Cetro de Otockar y yo mismo me sentí Tintín volando hacia “ese pequeño país centroeuropeo”.

Llegué a Ljubljana al atardecer, y continuando con mi impresión en el avión, tuve la sensación de estar en Syldavia, el reino imaginado (quizás copiado) por Hergé. UN país de gente trabajadora, amigable, más de vino que de cerveza, con historias antiguas de dragones (símbolo de la ciudad por distintas leyendas, desde la de San Jorge hasta la de Jasón y los Argonautas, que pasó también por allí y casi fundó la ciudad), caballeros y doncellas. Pequeñas calles abrigando el cauce del río Ljubljanica, en cuyas riveras se despliegan cafés y restaurantes y con preciosos puentes que unen las dos partes de la ciudad, la que en su día fuera amurallada y la extramuros, donde ahora se encuentra la Universidad, fuente de vida de la ciudad (de los doscientos mil habitantes, 60000 son estudiantes de la universidad). Todo es pequeño y manejable, como si de un escenario de película se tratara y realmente es una ciudad de película, pequeña, pero hermosa. Cuando cae la noche, los cafés y las terrazas se llenan de gente, gente que también nos encontramos a media mañana tomando el aperitivo o comiendo a hora europea. Edificios barrocos y “art nouveau” adornan la ciudad casi tallada por Jože Plečnik, su arquitecto icono, que transformó la ciudad en una joya, igual que Gaudí cinceló Barcelona.

A menos de una hora del mar y la montaña, ambiente estudiantil, rodeado de granjas que proveen la ciudad de fruta, verdura, setas y otros productos realmente naturales, tiene que ser un buen sitio para vivir. Desde el mismo epicentro de la ciudad (la Cyril Methodius Square) a menos de veinte minutos en dirección este o en dirección oeste, nos podemos adentrar en dos bosques donde podemos cruzarnos animales salvajes (incluyendo osos). Los amantes de la naturaleza encuentran aquí mucho más que unos parques. En el recorrido hacia el este, el bosque está precedido por un parque enorme llamado Tivoli, por donde se puede correr con toda libertad. Por falta de tiempo no puede explorarlo bien con mis zapatillas, pero esto me compromete a volver algún día.

Maratones que he corrido

  • Maratón de Madrid: 2004 (3h 58m), 2005(3h 56m 42s), 2006(4h 15m 34s), 2007 (4h 06m 49s), 2009 (3h 40m 20s), 2012 (3h 19m 36s), 2013 (3h 13m 59s), 2014 (3h 40m 58s), 2015 (3h 19m 33s), 2017 (3h 58m 12s), 2018 (3h 45m 4s), 2019 (4h 6m), 2021 (4h 11m 56s), 2022 (4h 8m), 2023 (4h 11m 51s)
  • Maratón de Donosti: 2007 (4h 4m 52s), 2017 (3h 38m 40s)
  • Maratón de Toral de los Vados: 2008 (4h 11 m 16s)
  • Maratón de Marrakech: 2009 (3h 58m 4s)
  • Maratón de Oporto: 2009 (3h 30m 34s)
  • Maratón de Zaragoza: 2009 (3h 56m 32s)
  • Maratón de Sevilla: 2010 (3h 47m 27s), 2019 (3h 50m 13s)
  • Maratón de Boston: 2010 (3h 29m)
  • Maratón de Nueva York: 2010 (3h 28m 38s), 2019 (3h 55m 38s)
  • Maratón de Málaga: 2010 (3h 52m 16s)
  • Maratón de París: 2011 (3h 29m 43s)
  • Maratón de Berlín: 2011 (3h 23m 28s), 2022 (4h 5m 40s)
  • Maratón de Castellón: 2011 (3h 20m 14s)
  • Maratón Misteriosa (Tres Casas, Segovia), 2013 (3h 54m)
  • Maratón de Chicago: 2013 (3h 25m 37s)
  • Maratón de Londres: 2014 (3h 27m 58s), 2016 (4h 1m 18s)
  • Maratón de Amsterdam: 2014 (3h 28m 6s)
  • Maratón de Lisboa: 2015 (3h 34m 56s)
  • Maratón de Valencia: 2016 (3h 40m 32s)
  • Maratón de Tokio: 2017 (3h 39m 38s)
  • Maratón nocturna de Bilbao: 2018 (3h 44m 32s)
  • Maratón de Valdebebas: 2020 (4h 01m 49s), 2021 (4h 20 min.)
  • Maratón de Polvoranca: 2021 (4h 39m 25s)

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