El aprendiz de maratoniano

Historias sencillas de carreras

domingo, 25 de abril de 2021

Maratón de Polvoranca

En tiempos de pandemias, están proliferando las maratones clandestinas. Cuando se lleva la maratón en la sangre, existe la necesidad de enfrentarse a los 42,195 kilómetros, de sentir lo que esta distancia nos demanda de esfuerzo, sacrificio, sentir que aun podemos doblegarla. Y muchos maratonianos se están esforzando en organizar pruebas minoritarias (que llamo clandestinas por llamarlas de alguna manera), pero que cumplen con muchos de los estándares de las llamadas “maratones oficiales”: una distancia bien medida, una bolsa del corredor, dorsales, medalla de “finisher”, avituallamientos,… No es fácil dar con ellas, y de hecho tienes que formar parte de una secta peligrosa, la de los maratonianos irreductibles, adictos a la distancia, perturbados por sentir en las piernas aquello que solo se conoce si se ha experimentado. Yo no llego al extremo de algunos de mis compañeros “de secta”, pero tuve la suerte de ser admitido en su circulo de confianza y de poder conocer alguna de estas carreras clandestinas que están sirviendo para mitigar el mono de falta de carreras oficiales.



El pasado domingo 18 de abril, participé en mi tercera de estas grandes maratones. Grandes por su dificultad, por lo que implican de correr en soledad, sin público, sin bandas de música, sin oropeles… enormes por la ilusión con la que se corren y la ilusión que ponen sus organizadores. En esta ocasión el organizador es Teo (un maratoniano mítico, muy conocido en Madrid porque ha corrido muchas ediciones de MAPOMA con un disfraz de “el Zorro”, y no precisamente haciendo malos cronómetros). Y el lugar el también impresionante parque de Polvoranca, poco conocido por la mayoría de madrileños, pero muy conocido por los que trabajamos o vivimos en a zona sur. Un parque por el que he corrido en cientos de entrenamientos y que me trae recuerdos de muchas horas de esfuerzo y compañerismo. Un parque espléndido, con rutas agradables y un entorno natural que merece ser protegido.

Como en muchas de las maratones que he corrido, a medida que se acerca “la fecha”, van creciendo las dudas. Da igual que sea Nueva York o Polvoranca. Siempre atenazan las dudas. Y la principal duda de esta vez, estaba vinculada con algo tan imprevisible como es “¿Cuándo me llamarán para ser vacunado del COVID?”. Cuando anunciaron que iban a vacunar a mi franja de edad, empecé a sospechar que me iban a chafar la Maratón de Polvoranca. Pero pasó el lunes, el martes, el miércoles, sin noticias de cuando me iban a vacunar. Pero el jueves por la tarde, sonó el teléfono, y me anunciaron que, si quería vacunarme, tendría que estar al día siguiente a las 18.00 en el Wizink Centre. ¿Podría correr el domingo? Allí me personé a la hora establecida, y me fui a dormir el viernes tan ricamente, sin ningún efecto aparente. El sábado fue otra cosa. Amanecí con algo de fiebre. Y a eso de las dos de la tarde, estaba tiritando debajo de un edredón y dos mantas. ¿Podría correr el domingo? Después de unas horas, dos paracetamoles y una buena sudada, aparentemente la fiebre empezó a remitir. El domingo, a las 5 de la mañana, hora a la que puse el despertador para desayunar, no tenía fiebre. ¿Pero estaba para correr? Pues seguramente no, pero la irracionalidad de los que corremos maratones me llevó, un pie detrás del otro, hacia el coche para ir a Polvoranca.

Nos había convocado Teo en el parking que está al oeste del parque, cerca del lago. Al parking solo se puede llegar desde un determinado acceso, que todo hay que decir, nos remarcó Teo. Pero casi todos los que hasta allí pretendíamos llegar, colocamos el navegador, que de forma contumaz se empeñaba por llevarnos por un camino impracticable para coches normales y que nos metía una vez tras otra por caminos que no llevaban a ningún sitio. Cuando en el navegador aparece que tu destino está a 300 metros, pero que necesitas 30 minutos para llegar… ¡mal asunto! Y vuelta a empezar, y otra vez en el mismo sitio. En unas de las revueltas me encuentro con Luis, uno de mis compañeros de carrera, que estaba en la misma tesitura. Llamadas a Teo. Contestador automático. Y después de varios requiebros solo aptos para un todoterreno, arriesgando quedarnos embozados en un charco, desembocamos en un camino de asfalto que acabó llevándonos, milagrosamente, al parking desde donde arrancaba la carrera. Ya estábamos los diez corredores que formábamos parte de esa aventura. Nueve “chicos” y Lola, una grandísima maratoniana (Lolo, Teo, David, Lola, Antonio Rojas, Javi Fabiani, Antonio López, Pepe, Luis y un servidor).


Después de repartir Teo los dorsales, se dio la salida con 15 minutos de retraso, a las 8.15 de la mañana. El recorrido consistía en 7 vueltas (una “corta” y 6 de poco más de 6 kilómetros para completar los 42,195 km). La vuelta “corta” y la primera de las largas las hicimos en grupo, con Teo a la cabeza, para conocer bien el circuito. Después cada cual corrió como sus posibilidades le dejaron. En las dos primeras vueltas nos acompañó mi amiga Pilar, compañera de entrenamientos, y asidua de Polvoranca. Ya en esas dos vueltas, empecé a notar que “algo no iba bien”. Las piernas ya me pesaban más de lo normal, desde el primer paso. Después de que Pilar se fuera, prácticamente corrí solo todo el tiempo y cuando completé la tercera vuelta, la idea de abandonar me rondó la cabeza. Pero decidí dar otra vuelta más. El Parque se iba poblando de familias, corredores domingueros, ciclistas, y nadie podía sospechar que allí deambulábamos 10 maratonianos clandestinos sufriendo por completar nuestro sueño. Conseguí acabar la cuarta vuelta, con gran sufrimiento, y de nuevo, al pasar por la “salida-meta” la idea del abandono me martilleaba la cabeza. Pero pensé: “nunca he abandonado en una maratón; si abandono, siempre que me sienta mal, pensaré en abandonar, y abandonaré”. Y además “¿voy a abandonar aquí, en Polvoranca, parque que me ha visto entrenar tantas veces?”. “Vamos, daremos una quinta vuelta, a ver que pasa”. En esa quinta vuelta ya era un zombi, pero cuando pasé por meta, sabía, que por mucho que me tocara sufrir, iba a acabar. Y así fue. Después d 4 horas 40 minutos, el peor registro de mi vida, acabé la Maratón de Polvoranca.

Allí estaban esperándome mis compañeros de aventura. Con aplausos, cariño y una medalla. Que me supo tan bien como cualquiera que me dieran en las Majors que he corrido. Después de la foto de grupo de rigor, nos fuimos con la satisfacción de haber puesto una muesca más en nuestra particular lista de maratones. Luis terminó su maratón número 23 con la camiseta de Jordan, de los Bulls, con el número 23.

Cada maratón tiene su afán. Esta vez, además, corrí con una vacuna recién puesta, que seguramente contribuyó a las malas sensaciones que tuve desde el principio. Pero esa es la grandeza de la maratón, que nos pone a prueba más allá de lo que siempre esperas, y te permite darte la satisfacción de vencer, superarte, sentirte grande.

Agradecí entonces todo lo que Teo había puesto en la bolsa del corredor, que me ayudó a recuperarme. Y esa tarde descansé muy a gusto, pensando en… la siguiente maratón.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Enhorabuena por tu “Maratón Clandestino de Polvoranca”, José Manuel!

La marca conseguida es lo de menos: lo importante es que "todo suma", y éste te servirá de entrenamiento para futuros maratones “oficiales” (confiemos en que pronto sean “como los de antes") y para acercarse un poco más a ser "centenario", aspiración de todo maratoniano.

Soy el que te escribió hace meses, tras haber organizado y corrido, totalmente en solitario, mi "Maratón Pirata de la Vía Verde Ciclista de Madrid", el domingo, 17 de mayo de 2020. No volveré a aburrirte con los detalles: si algún lector tuyo tuviera un mínimo interés, puede verlo en el larguísimo “Comentario” que escribí en la anterior entrada de tu blog.

El tiempo ha ido pasando (¡casi un año y un mes, ya!) y no he tenido oportunidad de repetir mi “Maratón Pirata” durante el pasado invierno ni en esta primavera. Y ni en solitario ni acompañado por más corredores, como era mi intención.

Las circunstancias han reducido drásticamente mi tiempo para entrenar desde mi anterior comentario, en noviembre pasado: por un lado, mi suegro empeoró mucho de su cáncer, pasó sus últimas semanas entrando y saliendo del hospital y, finalmente, falleció hace casi 3 meses; por otro, mi empresa me obligó poco después a reincorporarme a jornada completa.

A diferencia de otros compañeros, a los que metieron en un ERTE (total o parcial) por la Pandemia del Covid-19, yo tuve que solicitar una reducción voluntaria de mi jornada (y, en consecuencia, de sueldo) para trabajar solo de mañana. Así, me turnaba con mi esposa (que trabaja por las tardes) en el cuidado de mi hijo, diabético tipo 1 (insulinodependiente). Y en sus últimos momentos, también de mi difunto suegro.

Atrás quedaron mis tardes “relativamente libres” en que, tras limpiar la casa, cocinar o ayudarle con los deberes, sacaba una hora diaria o más para hacer bici-estática, algo de gimnasia, etc. Tras el desconfinamiento, cuando mi mujer volvía a casa, podía incluso ir a correr.

Ahora, solo salgo a correr “seguro” los fines de semana. De lunes a viernes, rara vez saco 1 hora de bicistatic o de trote por el parque, y únicamente después de cenar, recoger la cocina y acostar a mi hijo. Ya ni me acuerdo de la última vez que hice series, tiradas largas o pesas.

(SIGUE)

Anónimo dijo...

(VIENE)

Pero no pierdo la esperanza: conociendo mi proverbial cabezonería (¿no es esa la principal “virtud” de los maratonianos?), algún domingo, antes de que llegue el verano, me levantaré de madrugada y correré 42 Kms “y pico”, cargando una mochila llena de bebidas isotónicas .

Todavía no he decidido en cuál de los posibles recorridos ¿Sigo fiel a la “Vía Verde Ciclista” y repito 4 veces el circuito de 10,68 Kms de la anterior vez? ¿O voy desde su Punto Kilométrico 21,00 hasta el P.K. 0,00, y vuelta? También podría prescindir del carril-bici: aunque detesto repetir muchas veces el mismo circuito, podría dar 17-18 vueltas al contorno de unos 2,5 Kms del campus de la Universidad Politécnica en Vallecas, que me queda muy cerca, es bastante llana y los domingos por la mañana está vacío (salvo por los restos de “botellones”).

Tanto si corro otro “Maratón Pirata” en lo que queda de primavera, como si se celebra sin más “sorpresas” el “R´n´R Madrid Marathon’2021”, el 26 de septiembre, asumo como inevitable que estarán entre mis peores marcas (casi doy por sentado que, por primera vez, superarán las 4 horas): los años pasan, pronto cumpliré 46 y mis entrenamientos distan mucho de ser regulares (casi no son “ni malos”). Además, están los “imponderables”: una tormenta repentina, una ola de calor intenso o una indigestión pueden arruinar el mejor entrenamiento.

Pero, ¿haría eso en menos “digna” la marca que obtuviera o, por el contrario, le daría más mérito? Recuerdo la doble “cura de humildad” que supuso el “MAPOMA´2001”.

- Para mí, en particular: era mi 2º Maratón, con 25 años. Había entrenado duro para rebajar mucho las 3h19’ que hice el año anterior y los “test” previos me permitían soñar con bajar de 3 horas. Pero ese año llovió “a mares” y solo conseguí mejorar en 3 minutos;

- Y a nivel general: ese año ganó un policía local gallego, con 2h17’. Seguramente fue su “Personal Best” y es una marca magnífica para un semi-profesional, pero no para un atleta 100% “pro”. La organización había contratado a keniatas con marcas sub2h10’ para “dar nivel a la prueba” pero, bajo semejante aguacero, quedaron por detrás de él.

Para bien o para mal, como bien dices: “el Maratón nos pone a todos en nuestro sitio”. Y precisamente esa es la grandeza de los 42,195 Kms de Filípides.

Lo dicho, José Manuel: enhorabuena por tu carrerón, un cordial saludo, y a ver si coincidimos pronto en algún maratón (oficial o "pirata")

Maratones que he corrido

  • Maratón de Madrid: 2004 (3h 58m), 2005(3h 56m 42s), 2006(4h 15m 34s), 2007 (4h 06m 49s), 2009 (3h 40m 20s), 2012 (3h 19m 36s), 2013 (3h 13m 59s), 2014 (3h 40m 58s), 2015 (3h 19m 33s), 2017 (3h 58m 12s), 2018 (3h 45m 4s), 2019 (4h 6m)
  • Maratón de Donosti: 2007 (4h 4m 52s), 2017 (3h 38m 40s)
  • Maratón de Toral de los Vados: 2008 (4h 11 m 16s)
  • Maratón de Marrakech: 2009 (3h 58m 4s)
  • Maratón de Oporto: 2009 (3h 30m 34s)
  • Maratón de Zaragoza: 2009 (3h 56m 32s)
  • Maratón de Sevilla: 2010 (3h 47m 27s), 2019 (3h 50m 13s)
  • Maratón de Boston: 2010 (3h 29m)
  • Maratón de Nueva York: 2010 (3h 28m 38s), 2019 (3h 55m 38s)
  • Maratón de Málaga: 2010 (3h 52m 16s)
  • Maratón de París: 2011 (3h 29m 43s)
  • Maratón de Berlín: 2011 (3h 23m 28s)
  • Maratón de Castellón: 2011 (3h 20m 14s)
  • Maratón Misteriosa (Tres Casas, Segovia), 2013 (3h 54m)
  • Maratón de Chicago: 2013 (3h 25m 37s)
  • Maratón de Londres: 2014 (3h 27m 58s), 2016 (4h 1m 18s)
  • Maratón de Amsterdam: 2014 (3h 28m 6s)
  • Maratón de Lisboa: 2015 (3h 34m 56s)
  • Maratón de Valencia: 2016 (3h 40m 32s)
  • Maratón de Tokio: 2017 (3h 39m 38s)
  • Maratón nocturna de Bilbao: 2018 (3h 44m 32s)
  • Maratón de Valdebebas: 2020 (4h 01m 49s)
  • Maratón de Polvoranca: 2021 (4h 39m 25s)

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