El aprendiz de maratoniano

Historias sencillas de carreras

viernes, 1 de mayo de 2015

Maratón de Madrid 2015. Progresa pero todavía necesita mejorar.

Un año más toca hacer balance de la Maratón de Madrid. Este año, un día de perros que nos llevó a todos los que acabamos a la épica, ha hecho que muchos posibles fallos de organización hayan quedado en segundo plano y que todo el protagonismo se lo haya llevado la lluvia y su efecto multiplicador sobre la felicidad que se siente al acabar un maratón. El pasado domingo, cuando cruzamos la meta, fue tan grande la sensación de haber culminado algo especial, que nuestra capacidad de sentirnos felices, se engrandeció y nos anestesió cualquier recuerdo negativo más allá de la lluvia y el frío.
Pero pasado unos días, conviene hacer balance, y recordar las cosas que han mejorado y también aquellas cosas que están muy lejos todavía de ser como se merece este maratón, por sus corredores, sus voluntarios y su público.
Empecemos por la feria del corredor. Las redes sociales se incendiaron, con razón, entre otras cosas por una organización que sistemáticamente tira balones fuera enfrente de cualquier problema. No es de recibo que personas que vinieron de largos viajes tuvieran que esperar hasta cuatro horas para entrar a la feria y recoger el dorsal. No hay excusas. La organización no supo reaccionar y evitar el desastre, quizás provocado por un exceso de celo de la seguridad del recinto. La mala imagen de la ciudad se la llevaron miles de personas, y no hay que buscar culpables más allá de los que “son los amos”.
Los cajones de salida. Un año más, algo que figura en la publicidad no se sabe para qué. Ante la desesperación de todos los que corren buscando hacer una marca personal, los cajones, sin prácticamente ningún control de entrada, eran invadidos por corredores de cualquier nivel que, por motivos que me siguen sorprendiendo, se empeñan en situarse en situaciones que no merecen provocando colapsos en el discurrir del arranque de la carrera. Obviamente los primero culpables son todos esos corre-cutres que no saben comportarse, pero un buen control de entrada a los cajones evitaría el caos que se produce. Y eso se arregla con unos pocos voluntarios más.
Los voluntarios. Son excepcionales, meritorios y no hay palabras suficientes para agradecerles su entrega. Pero muchos (algunos) de ellos, no ejercen bien su función, porque la organización, responsables, no les explica lo que deben hacer en cada puesto. Especialmente en dos puntos. Y de estos dos, sobre todo en uno. La entrega de dorsales y la llegada a meta. Para muchos corredores, sobre todo primerizos, los que vienen de lejos, etc., la recogida del dorsal es un momento especial. Los voluntarios de esos mostradores deben ser especialmente cariñosos con los corredores. Si no, pónganse en otro lugar. Y eso debe ocurrir especialmente en meta. Después de correr una maratón, al llegar a meta, se agradece una sonrisa, una felicitación. No que te pongan de cualquier manera la medalla y te ‘tiren’ el plástico térmico. En esto debiéramos aprender de las maratones de EE.UU. Al llegar a meta, los voluntarios, todos, estén donde estén, te hacen sentir especial, como si fueras un héroe. Según vas andando, no hay un metro donde alguien no te diga una palabra amable. El domingo pasado, la zona de meta era desoladora (y yo entré por debajo de 3.20, imagino lo debió ser una o dos horas después).  Hay que dar a los voluntarios unas mínimas claves de trabajo, especialmente en estos dos puntos.

Seguimos con dos carreras a la vez (media maratón y maratón) que no beneficia nada a los maratonianos, que debieran ser los principales protagonistas. Se arreglaría con una salida de la media maratón una o dos horas después, pero claro, eso acabaría con la gran mentira de que “corren la maratón 30000 personas” y la tan buscada foto (por parte de la organización) de una Castellana llena de corredores.

Muchas cosas se hacen bien (este año el ropero, la atención médica,…). Pero este maratón se merece más.

jueves, 26 de marzo de 2015

¿Maratón de Madrid: carrera popular o negocio?

Queda apenas un mes para la Maratón Popular de Madrid. La más antigua de España y una de las más antiguas de Europa. Carrera que gozó de un gran prestigio y que año tras año se va convirtiendo en un sarao que nada tiene que ver con una Maratón y que progresivamente va desencantando y desenganchando al corredor de maratón, tanto local como foráneo. La que era la principal maratón de España, por calidad en la organización y por número de corredores, es ya la tercera  (después de Barcelona y Valencia), y  no descartemos que pronto pase a ser la cuarta después de San Sebastián.  Barcelona, Valencia y  San Sebastian, maratones que se han preocupado por hacer las cosas bien, atrayendo corredores internacionales, cuidando sus circuitos, cuidando del corredor de maratón. Frente a Madrid, donde da la sensación de que lo que prima es el negocio.
¿Qué es lo que hace mal Madrid?  Pues muchas cosas. La más importante es que no cuida del corredor de maratón. Si, aunque parezca mentira, el corredor de maratón es la última prioridad de la organización de la llamada Maratón de Madrid. Hoy la principal  preocupación es atraer muchos corredores de 10K y media maratón, para hacer caja y para sumar entre todos 30 o 40.000 corredores que llenen la Castellana y que permitan una bonita foto para que los periodistas, que salvo excepciones honrosas no saben nada de nada, narren que “hay 40000 corredores de maratón en Madrid” (véanse los telediarios del día). Mentira, maratón, lo que se dice maratón, cada año la corren y  la acaban menos personas. No es agradable afrontar un reto como Madrid (posiblemente la maratón urbana más dura de Europa), teniendo que abrirse paso a codazos con miles de entusiastas neófitos que salen al tiempo que la maratón, a ritmos descabellados y  por supuesto copando los primeros trescientos metros de la salida. La carrera (la suma de las tres carreras) se ha multiplicado por tres o por cuatro, pero los recursos y los voluntarios no. La organización no ha sabido escalar los recursos, y la atención al corredor se ha deteriorado a límites insospechados. La bolsa del corredor ahora es casi inexistente; el servicio de guardarropa deplorable; la atención en meta penosa (trato y avituallamiento, ¡qué tiempos aquellos donde hasta te daban un caldito caliente, fruta, cerveza,…),… La organización de los corrales de salida, esperpéntica (no existe ningún control y ¡salen juntas las tres carreras!) No se adiestra a los voluntarios, como se hace en otras carreras internacionales, para que sepan dar el trato adecuado a los “finishers”. Se permite que haya miles de infiltrados que esquilman aún más los recursos y que tienen la osadía de hasta llevarse medalla al final.
Todo lo bueno que tiene la carrera (asistencia médica, voluntarios, en algunas zonas un público excepcional,…) se va eclipsando cada año por todos esos aspectos negativos que tanto perjudican al corredor.

La llamada Maratón de Madrid se ha convertido en un evento que cada día es “menos maratón” y donde los que corren maratón (se supone que “los protagonistas”) son maltratados y cada día menos importantes (obviamente, son los minoritarios).  Queda un mes… ¡a ver que nos tienen preparado este año!

lunes, 20 de octubre de 2014

Maratón de Amsterdam, el valor del grupo

Todas las maratones tienen algo especial, la maratón de Ámsterdam, también. Pero esta vez lo especial no ha sido la ciudad (que lo es), o la carrera, o la organización,... Esta vez lo especial ha sido la compañía.
Ámsterdam es una de esas ciudades especiales, que se deben visitar alguna vez en la vida, porque además de innumerables lugares de interés, posee peculiaridades que la hacen distinta a ninguna otra ciudad en el mundo. Además de una historia reciente, vinculada a la Segunda Guerra Mundial, que de alguna manera marcó el carácter posterior de la ciudad y sus habitantes, convirtiéndoles en tolerantes y abiertos al mundo, Ámsterdam posee dos barrios que podrían considerase únicos en Europa: el barrio rojo y el barrio verde. Ambos, aunque parcialmente localizados en zonas concretas de la ciudad, son barrios virtuales que cubren toda la metrópoli, extendiéndose por muchos lugares. El peculiar barrio rojo, donde las prostitutas se exhiben en escaparates ejerciendo una profesión que aquí es totalmente legal y amparada, y el barrio verde que agrupa a los llamados "coffe-shops", donde se puede consumir y comprar todas las variantes del cannabis. Ambos barrios marcan, para bien o para mal, el perfil de la ciudad que alberga la mayor colección del mundo de cuadros de Van Gogh y la casa de Ana Frank, por mencionar otras dos singularidades mucho más relevantes para el resto del mundo, y sin embargo infinitamente menos conocidas. Pero Ámsterdam es, además, la ciudad de las bicicletas, las flores, los diamantes,... Una ciudad con mil facetas, cada una de ellas interesante, pero apantalladas por los colores rojo y verde.

Es de esperar que una ciudad así, que además es totalmente plana, albergue una gran maratón, como así certifica la federación internacional de atletismo, considerando la Maratón de Amsterdam dentro de su categoría de carreras  de "Oro". Pero he de confesar que la Maratón de Amsterdam me ha defraudado. La organización tiene numerosos puntos mejorables (por ser prudentes). Gestión de ropero discreta, servicio de fisioterapeutas mal promocionado y señalado, acceso a corrales totalmente infra-dimensionado provocando la acumulación de miles de corredores tratando de acceder con mucha dificultad, avituallamientos mal organizados y escasos,... No existe bolsa del corredor, ni antes ni después (en meta una bebida isotónica, un vaso de agua, medio plátano y dos gajos de naranja). Feria pasable, pero con ausencias notables. Camiseta de 'finisher' de buen nivel, pero exageradamente pintada con marcas de patrocinadores (cuando quien patrocinan la camiseta somos los corredores pagándola aparte de la inscripción; vamos, doble o triple patrocinio). En la carrera no hay liebres con globos por tiempos, y servicio médico poco visible,... En fin, carrera muy mejorable desde el punto de vista de su organización.

Si repasamos el recorrido, en gran parte transcurre fuera del centro de la ciudad, llevando muchos kilómetros por zonas donde no hay viviendas. Lo que puede ser muy bonito para una tirada larga, se hace inmensamente aburrido en una maratón, especialmente si apenas hay público a los lados de la carrera. Y en las zonas más urbanas, poco público y de escaso entusiasmo. Público que se limita a animar a sus conocidos y que prácticamente ignora al resto de corredores. Por supuesto con excepciones, me temo que vinculadas a turistas y familiares de corredores. Eso sí, la salida y entrada al estadio olímpico, un privilegio, y algunas de las zonas naturales que se recorren, de una belleza incuestionable.
Por lo que se refiere a mi carrera, peor de lo planificado, pero mejor de lo esperado. Cuando preparé esta Maratón, pensé en hacer una buena marca personal, pero una contractura en el gemelo izquierdo dos semanas y media antes de la carrera, pusieron en riesgo que incluso pudiera correrla. Diez días parado y dos sesiones magistrales de mi fisio de cabecera (Adrián), permitieron que pudiera estar en la línea de salida, pero con muchas dudas. Dudas que fui disipando durante la carrera, aunque me llevaron a unos últimos 14 kilómetros con mucho sufrimiento. Al final cayó mucho el ritmo y entré con 8 minutos por encima de lo planificado, que dadas las circunstancias, es para darse con un canto en los dientes.

Pero vayamos a lo mejor de la carrera: la compañía. Fuimos a Amsterdam a correr un grupo importante de compañeros (y amigos) del grupo de entrenamiento de la Universidad. Algunos a correr Maratón (Carlos, Grego, Jose, Antonio, Fernando y yo mismo), otros a correr Media Maratón (Araceli, Laura, Pepa, Carolina) y otros, como Jorge y Jesús, lesionados, a animarnos y acompañarnos. También contamos con nuestras familias que con su apoyo y compañía han hecho que este fin de semana sea difícil de igualar. Es emocionante sentirse en una experiencia individual (cada uno corre con sus piernas), pero colectiva (en un evento de miles de personas), totalmente arropado por  amigos que viven como tú la experiencia, y por parejas que además de su cariño ponen su convicción en nosotros. En mi caso, los 27 kilómetros que corrí con Fernando,  los metros que corrieron a mi lado Jorge y Jesús (pasado el kilómetro 32, cuando las sombras de la desesperación aparecen) y  los ánimos de Laura, Pepa, Carolina y sus familias tuvieron mucho que ver con el resultado de mi carrera. Cuando al girar la última curva antes de entrar al estadio olímpico vi a Carol, Pepa, Fernando, Irene,... gritando mi nombre, en mitad del dolor que se siente en los últimos kilómetros y a falta de pocos metros para completar la Maratón, no pude reprimir un gran sentimiento de gratitud y lloré como cuando lloré al acabar mi primera maratón. Cuando al entrar al estadio olímpico y me encontré,  a mi mujer Ana y a mi amiga Rubi apoyándome desde la grada,  el sentimiento de felicidad fue completo. Lo había vuelto a conseguir, esta vez con la ayuda de un gran equipo donde todos cuidan de todos y todos se preocupan por todos.  Y con el apoyo en la distancia de los que no pudieron viajar (Edu, Emilio, David,...) que nos siguieron y enviaron todo su apoyo desde Madrid. Un gran equipo.


Como en todas las proezas deportivas, hubo luces y sombras. Las chicas estuvieron todas soberbias: Araceli, Carolina, Laura, Pepa. Pese al peor tiempo que tuvieron durante su recorrido, se vinieron arriba haciendo unas carreras fantásticas. Jorge y Jesús, enormes, incansables, acompañándonos a todos, y empujándonos hacia delante. Jesús, después, se hizo la media maratón estando lesionado; impresionante. El resto de chicos (quitando a Grego que entró en meta con su niña en brazos y contento con su marca, y Rubén, un amigo de Jose que hemos adoptado, que hizo su mejor marca) de alguna manera nos encontramos de frente con la peor cara del maratón. Jose, tan exigente consigo mismo, desesperado al no poder mantener el ritmo, casi abandona (Jose, habrá otras maratones -que no se entere Rubi-, donde podrás demostrar otra vez  tu inmenso talento en esto de correr). Carlos, con lo poco que había entrenado, acabó, como siempre, dándolo todo. Fernando se me quedó clavado en el 27 (como siento que no pudiéramos acabar juntos con un gran abrazo). Pero todos pendiente de todos, de sus tiempos, de su esfuerzo,... El grupo es nuestra fuerza y nuestra referencia. Ojalá volvamos a vivir algo así.

viernes, 20 de junio de 2014

Maraton de Nueva York, premio Príncipe de Asturias de los Deportes: se les ve el plumero.

La Fundación Príncipe de Asturias ha concedido este año 2014 el premio en la categoría de Deportes a la Maratón de Nueva York. El fallo reconoce la destacada trayectoria de la prueba deportiva que se inició en 1970 y que ha trascendido hasta convertirse en un acontecimiento de integración social, espíritu ciudadano y repercusión mundial. El jurado del galardón también estima que los organizadores de la popular prueba han "contribuido con su esfuerzo, de manera extraordinaria, al perfeccionamiento, cultivo, promoción o difusión del deporte”. El jurado del Premio, considera que el Maratón de Nueva York "simboliza la mejor convivencia entre el deporte aficionado y el profesional", que aglutina a más de 50.000 participantes".
Efectivamente, puede afirmarse todo lo anterior sin sonrojo, pero, ¿realmente los organizadores de la Maratón de Nueva York pueden considerarse depositarios de los valores que se definen en los que has de ser candidatos al galardón? Recordemos:
"la persona, institución, grupo de personas o de instituciones que, además de la ejemplaridad de su vida y obra, hayan conseguido nuevas metas en la lucha del hombre por superarse a sí mismo y contribuido con su esfuerzo, de manera extraordinaria, al perfeccionamiento, cultivo, promoción o difusión de los deportes".
¿Cuántas organizaciones de eventos podrían cumplir con esta propuesta? Igual que la maratón de NY, de igual manera está la NBA, la organización de la Super-Bowl, el mundial de futbol,… Todos ellos contribuyen con su esfuerzo, ¿de manera extraordinaria?, al perfeccionamiento, cultivo, promoción,… Efectivamente, todas ayudan a la difusión del deporte, pero sin olvidar que todas, todas, son un negocio privado muy lucrativo, donde la excusa del deporte sirve para conseguir un objetivo totalmente respetable que es el lucro de una determinada organización o grupos de personas. Desde el momento que la organización de esos eventos deportivos buscan como principal objetivo el lucro, en mi opinión, la contribución al perfeccionamiento, cultivo, promoción o difusión del deporte queda apantallada en el concepto de “esfuerzo” y “de manera extraordinaria”. Para mí la palabra “esfuerzo” y el concepto “de manera extraordinaria” no está asociado al mega-lucro económico y los intereses asociados con la Maratón de NY, o la NBA, la Super-bowl,… Hay muchas entidades y deportistas ejemplares que cumplen con las bases del premio y que, por el contrario, lo hacen sin ánimo de lucro. Obviamente no son tan mediáticas. Pero quizás más ejemplares. Si la fundación de los premios quiere transmitir a la sociedad que se quiere realmente premiar “esfuerzo extraordinario”, debiera evitar premiar organizaciones cuyo fin último es conseguir dinero, aunque colateralmente conlleven una excelente promoción del deporte.  Eso sí, estos nombramientos aseguran más portadas en medios de comunicación que otras de menor “relumbrón mediático”, y aquí es donde se le ve el plumero a la Fundación: ¿se elige a los premiados por sus méritos, o por la repercusión mediática que los premiados pueden proporcionar? ¿Estamos premiando el esfuerzo, o premiamos a quién nos puede dar más repercusión internacional? Francamente, vista la lista de premiados, abunda mucho de esto último.
Yo he corrido la maratón de NY y, posiblemente, si hoy corro maratones es porque un día vi por la televisión el puente de Verrazano lleno de corredores. Pero para correr la maratón de NY hay que ser un privilegiado, porque además de la forma física que requiere su preparación, es necesario tener una buena cantidad de dinero. Si no hubiera miles de privilegiados capaces de gastar esa buena cantidad de dinero todos los años, la maratón de NY no existiría. Para premiar el esfuerzo de muchos deportistas ejemplares merecedores del Premio Príncipe de Asturias no es necesario contar con la capacidad económica de miles de privilegiados que corren por NY cada año. Señores miembros de la Fundación Príncipe de Asturias, sean ejemplares con sus nombramientos, y no dejen se les vea el plumero. Este premio, pulcramente justificado, es una bofetada para muchos deportistas ejemplares.


martes, 27 de mayo de 2014

Estocolmo, la bella: un kilómetro en el túnel del tiempo.

No sé si este es el apelativo de esta ciudad, pero es una ciudad realmente hermosa. Llevaba años queriendo visitar Estocolmo (he estado en Suecia muchas veces, en Helsimborg, Goteborg,… ) pero nunca se había dado la ocasión.  Dicen que es la Venecia del norte, pero  en mi opinión son dos ciudades que no se pueden comparar, y en muchos  aspectos Estocolmo es aún más bonita que Venecia.  Especialmente si se tiene la suerte que hemos tenido durante el fin de semana (mi mujer, mi hijo Mario y yo) con los dos  días más soleados y calurosos del año. Mucha luz y sol, es la mejor combinación para disfrutar de esta ciudad. Estocolmo está imbricado por agua por todos lados. No son canales como en Venecia, son brazos de mar o de lago que hacen que a poco que se ande en una dirección u otra nos encontremos con abundante agua. El agua generosa, limpia, le  da alegría a la ciudad. Pero además tiene una arquitectura noble y majestuosa, al estilo de otras capitales europeas y numerosos edificios señalados (como el palacio real, el ayuntamiento, teatros, museos,…). En dos días solo pudimos visitar alguno de estos lugares emblemáticos, como la ciudad vieja, que permite adivinar un pasado medieval; el ayuntamiento, donde se celebra la cena y el baile de celebración de los premios Nobel; el señero museo Vasa, donde se conserva el mayor galerón de guerra del SXVII ( y que se hundió sin salir de la ciudad hace más de trescientos años, sin llegar a navegar). Y pasear por sus bonitas calles. Y en mi caso, correr por alguno de sus senderos.

Estocolmo tiene muchísimos senderos para poder correr sin repetir, no solo por la ciudad en su vertiente urbana, donde al haber carriles bici se hace sencillo devorar kilómetros. En todas sus islas y sus riveras hay senderos para correr o pedalear. Senderos, a veces, de tierra y verde. Incluso, en sus enormes zonas verdes, en medo de la naturaleza. Un auténtico lujo. Y en un país con cultura de correr, donde te cruzas por todos lados con otros corredores (y sobre todo corredoras, en número muy superior a lo que se ve en España).
En una de mis salidas, con una temperatura ideal, disfruté de la espectacular calle Strand, típica calle señorial frente al mar, me adentré por el puente de Djurgards en la isla donde están casi todos los museos (el Vasa, el del Licor, el de Abba,..) y bordeando por un sendero precioso la costa norte, volví por otro puente hacia la parte principal de la ciudad por el parque Ladugarsds. Espectacular. Al final del parque conseguí llegar a la calle Valhalla, autentica medular de la ciudad con un enorme bulevar por el que correr.  Y después de un poco menos  de dos kilómetros el gran premio del día. Uno se encuentra, a la derecha, con el estadio Olímpico. Construido para los Juegos Olímpicos de 1912, los juegos de la V Olimpiada, se conserva exactamente igual que hace más de 100 años. Nadie tuvo la tentación de derribarlo para hacer uno más moderno, como solemos hacer en otros sitios. Desde fuera se ve muy pequeño, pero lo es, con su obra de ladrillo visto y sus gradas originales de madera. Pese a ello impresiona. Todo como si fuera nuevo. Me dispongo a degustar la visión de este estadio histórico, donde acaban todas las maratones que se organizan en la ciudad, rodeándolo, cuando vi, en un lateral, una puerta abierta. ¿Por qué no? Por allí me metí, y sin darme cuenta me encontré en el tartán perfectamente cuidado que rodea al tapiz del césped central. Unos aspersores regaban el césped, y un grupo de jóvenes atletas de élite entrenaban técnica de carrera en la recta principal. Me miraron con cara extraña, pero sin mediar saludo, me dispuse a correr por esa histórica pista de atletismo.  Al principio, por si acaso, por la calle 8. Al ver libre la calle 1, continué por ahí mi carrera. Me sentí viviendo un momento muy especial. Me imaginé esas gradas de madera, con veinte filas,  llenas con señores y señoras de época, en aquella olimpiada, con los reyes de Suecia en la tribuna principal, que aún conserva los anaqueles. Mágico. Después de tres vueltas por la calle 1, no quise molestar a nadie, y me fui por donde había venido.  Ese kilómetro por esa pista quedará para siempre en mi memoria.


PS: Al día siguiente, temprano, volví a salir para despedirme de las calles de Estocolmo. Y volví al estadio olímpico. La puerta seguía abierta y esta vez, completé mis tres vueltas, totalmente solo, con todo el estadio para mí,  por la calle 1.

miércoles, 30 de abril de 2014

Maratón de Madrid 2014, la Maratón Inesperada

Cortesía de Forofos del Running
Hace 10 años, corrí por primera vez una Maratón, justo ahora hace diez años, y fue la Maratón de Madrid.  Por eso esta maratón será siempre especial. Lo que se siente al cruzar por primera vez una meta en una maratón no se olvida nunca y es, posiblemente, uno de los motivos que te empujan a repetir esa experiencia una y otra vez. Solo esperar poder revivir ese momento, hace que merezca la pena el esfuerzo de correr una maratón. Además la Maratón de Madrid, es la maratón de mi ciudad, la ciudad donde vivo; eso también la hace especial. Pasa por algunos lugares por los que entreno, paseo, vivo. Este año el recorrido pasaba a menos de doscientos metros de la puerta de mi casa.
Recuerdo algunas sensaciones de esa primera maratón y del orgullo que me produjo haber participado en un evento que yo consideré como extraordinario. Diez años después y algunas maratones más, me hacen ver, con un poco de pena, como ha cambiado esta carrera y en alguna cosa esencial, a peor.
En lo positivo. La carrera es espectacular, especialmente si sale un día soleado como ocurrió el domingo. Desde que se sale de la Casa de Campo hasta que se llega a Atocha, el recorrido es un poco feo, pero es muy difícil conseguirlo al 100%. Y el resto es precioso, pasando por lugares emblemáticos como la puerta del sol o el Palacio Real. Sigo pensando que si se hiciera al revés mejoraría mucho (incluyendo la dureza del mismo), pero es una batalla perdida. La parte 'avituallamiento' y 'acompañamiento médico', sigue siendo de primera (y eso es fundamental). Cada vez más madrileños y visitantes se lanzan a animar la carrera, aunque es este punto estamos aún lejos de otras maratones. Habría que conseguir gente animando en todo el recorrido, y eso pasaría por una concienciación de la gente a base de buenas campañas previas a la propia maratón. Pero hay puntos realmente especiales, como la Puerta del Sol o la cuesta a la salida de la Casa de Campo.
En lo negativo. Desde que es R&R, el número de bandas y su "calidad" ha bajado sensiblemente desde la primera edición (hace tres años). EL primer año, muchas bandas y mejores. Este año, escasas. Bolsa del corredor mediocre. Guardarropa lejos de la salida (esto es cutre y de muy mala organización, aunque siempre mejor que el desastre de 2013). En mi opinión, es muy negativo la organización de una media y un 10k simultáneo. Solo sirve para que la organización gane dinero (que no debiera ser el objetivo) y para que los medios 'se crean' que corren 30000 la maratón de Madrid y puedan hacer la foto de la Castellana petada de gente.  Esto es negativo para los maratonianos, que debieran ser los auténticos protagonistas.  Si esto es una Maratón, pues eso. Los cajones o corrales son un desastre. Se cuela quien quiere y no hay un  mínimo control serio. O lo haces bien o no lo hagas.  Hay muy buenos voluntarios, pero mal dimensionados para esta carrera. Y por favor, a los voluntarios hay que enseñarles lo que tienen que hacer, no dejarles a los leones.
Lo muy negativo. Esta debe ser la Maratón con más corredores furtivos (sin dorsal, dorsales fotocopiados,…). Cuando algo sale mal, la organización es a quién le echa la culpa de todo. Por su  culpa los problemas de dimensionamiento de recursos se empeoran aún más. Son mala gente y un cáncer para las carreras populares. Si quieres correr sin pagar, corre otro día. Y en España es donde hay más cutre-corredores (con o sin dorsal, da igual). Aquellos que acaparan recursos a costa de que alguien se quede sin lo que le corresponde. Si pueden coger 8 geles, los cogen; si pueden coger dos bolsas, las cogen,… y así con todo lo que pillan. Yo recriminé en carrera a un geta que llevaba más de 4 geles y con todo el descaro me dijo que los cogía para repartirlos. Hace falta tener cara dura. Y por último, el domingo la meta era casi un estercolero. Miles de corredores habían tirado al suelo plásticos, botellas, cascaras de plátano, etc. La imagen era tercermundista. Por favor, un poco de civismo. No sé por qué me da que son los mismos: cutres y guarros.
Mi carrera.
Dos semanas después de haber corrido la Maratón de Londres, con algunos problemas para terminarla en buenas condiciones, llega esta maratón, que es la maratón de mi ciudad, la maratón donde empezó todo. Muchos compañeros de entrenamiento la corrían (Edu, Jorge, Jose) y con pretensiones de hacer marcas personales. Durante toda la semana previa, otra vez las mariposas revoloteaban por mi estómago, y por supuesto me ofrecí para hacerles de liebre en algún momento. Pero aunque la razón me decía que no debería correr, en el fondo deseaba que pasara lo que al final pasó: el mismo sábado, un día antes, un amigo, Angelín, me regaló su dorsal porque él no podía correr por lesión. Y aunque lo cogí sabiendo que lo emplearía para correr toda la Maratón, mi discurso que pretendía engañar a la razón era que “saldría a ver qué pasa, a llegar donde pudiera”. De esa manera corrí también la maratón de Chicago, en minicarreras de 5k: primero 5, luego otros 5,…
Y sin los nervios de toda una semana, me levanté dispuesto a afrontar la maratón de la mejor manera posible, a rodar a un ritmo menos exigente del habitual y acompañar a Jorge y Edu que querían ir para llegar a 3h 40m. El día salió precioso, y después de dejar las cosas en el ropero, donde nos esperaban Laura y Carlos, también compañeros de entrenamiento, nos dirigimos hacia la salida, a más de veinte minutos de paseo andando a buen ritmo.

Para mí, salvo por un dolor en la ingle que me apareció dos semanas antes en Londres, todo fue perfecto. Los kilómetros caían uno tras otro, y disfrutando de la ciudad y el ambientazo de la maratón, me planté a la salida de la Casa de Campo, donde realmente empieza la carrera, casi sin darme cuenta. Gracias también a la compañía de Fernando,  Gregorio, Jesús, que a trozos nos fueron acompañando y dando ánimos. Para entonces Edu ya estaba sufriendo mucho, algunos kilómetros detrás, y Jorge también se había rezagado. Me quedaba poco más que el último diez mil, y ya era cuestión de apretar los dientes y mantener el ritmo. Es la zona peor de la carrera, no solo por el kilómetro en el que estás, sino porque también es la zona más desangelada y con menos público. El nuevo recorrido de la Maratón, hace que se llegue al Retiro con menos pendiente, pero ese “ida y vuelta” por la Castellana y luego Príncipe de Vergara se hace eterno. Aun así, pude esprintar después de entrar al Retiro. Por fin la meta. Un poco más de 3h 40m. Una vez más sientes la emoción que supone cruzar la meta en una maratón. 

Maratones que he corrido

  • Maratón de Madrid: 2004 (3h 58m), 2005(3h 56m 42s), 2006(4h 15m 34s), 2007 (4h 06m 49s), 2009 (3h 40m 20s), 2012 (3h 19m 36s), 2013 (3h 13m 59s), 2014 (3h 40m 58s), 2015 (3h 19m 33s), 2017 (3h 58m 12s), 2018 (3h 45m 4s), 2019 (4h 6m), 2021 (4h 11m 56s), 2022 (4h 8m), 2023 (4h 11m 51s)
  • Maratón de Donosti: 2007 (4h 4m 52s), 2017 (3h 38m 40s)
  • Maratón de Toral de los Vados: 2008 (4h 11 m 16s)
  • Maratón de Marrakech: 2009 (3h 58m 4s)
  • Maratón de Oporto: 2009 (3h 30m 34s)
  • Maratón de Zaragoza: 2009 (3h 56m 32s)
  • Maratón de Sevilla: 2010 (3h 47m 27s), 2019 (3h 50m 13s)
  • Maratón de Boston: 2010 (3h 29m)
  • Maratón de Nueva York: 2010 (3h 28m 38s), 2019 (3h 55m 38s)
  • Maratón de Málaga: 2010 (3h 52m 16s)
  • Maratón de París: 2011 (3h 29m 43s)
  • Maratón de Berlín: 2011 (3h 23m 28s), 2022 (4h 5m 40s)
  • Maratón de Castellón: 2011 (3h 20m 14s)
  • Maratón Misteriosa (Tres Casas, Segovia), 2013 (3h 54m)
  • Maratón de Chicago: 2013 (3h 25m 37s)
  • Maratón de Londres: 2014 (3h 27m 58s), 2016 (4h 1m 18s)
  • Maratón de Amsterdam: 2014 (3h 28m 6s)
  • Maratón de Lisboa: 2015 (3h 34m 56s)
  • Maratón de Valencia: 2016 (3h 40m 32s)
  • Maratón de Tokio: 2017 (3h 39m 38s)
  • Maratón nocturna de Bilbao: 2018 (3h 44m 32s)
  • Maratón de Valdebebas: 2020 (4h 01m 49s), 2021 (4h 20 min.)
  • Maratón de Polvoranca: 2021 (4h 39m 25s)

Archivo del blog

Seguidores del aprendiz de maratoniano