El aprendiz de maratoniano

Historias sencillas de carreras

lunes, 29 de agosto de 2011

Módica, Sicilia


Cuando mis amigos Pablo y Valen nos invitaron a su boda en Módica, Sicilia, y empecé a planificar el viaje, mis conocimientos sobre la isla rayaban los estereotipos y sitios más conocidos: la tierra de la mafia y la pizza, el volcán Etna, algunas ruinas,… Cuando llegué a Sicilia, algunos estereotipos se confirmaron (la manera de conducir siciliana no dista mucho de cómo la había imaginado) pero muchos otros se destruyeron al encontrarme un mundo muy distinto al esperado. Los sicilianos son encantadores, algo que corroboré al conocer a la familia de Valen. No sé por qué pensaba que el carácter hosco que a veces presentan algunos isleños de otras latitudes iba a ser la característica de los sicilianos, pero no es lo que me he encontrado. Al vincular Sicilia con la parte más al sur de Italia, pensaba encontrarme unos pueblos al estilo de los pueblos andaluces, blancos, encalados. Y esta quizás ha sido mi mayor sorpresa. Las ciudades son de piedra, una piedra caliza ocre que adquiere su mejor tonalidad al atardecer (como bien indican algunas guías). No son ciudades blancas y en algún caso me recordaron ciudades históricas castellanas o extremeñas, más que a la Andalucía blanca. Módica, en el corazón de la llamada Sicilia barroca, está en una comarca donde muchas de sus ciudades, cada una de ellas, son una joya del barroco más característico. Ciudades de tamaño medio con cientos de palacios, docenas de iglesias, y en la mayoría de los casos dos catedrales. Muchas de las ciudades, enclavadas en lo alto de una montaña o a lo largo de una garganta, se dividen en una “parte alta” y una “parte baja”, cada una con su Duomo. Se nota que fue un lugar esplendoroso y en una parte amplia de su historia. Hoy muchos palacios están abandonados, otros restaurados y utilizados como hotel o restaurante, pero el derroche arquitectónico en el más puro estilo barroco es apabullante. En algunos casos, en ciudades costeras, como Siracusa, se mezclan los colores ocres de los edificios con el azul intenso del mar. En tres días visitamos cinco ciudades: Siracusa, Ragusa, Módica, Scicli y Noto, todas ellas ciudades Patrimonio de la Humanidad. Además tuvimos tiempo de pasear por algunas de las bonitas playas, comer mucha pizza y buena pasta, saborear muchos granizados de limón, almendra o fresa y acompañar a Pablo y Valen en el día de su boda, pero esto es otra historia.

Claro que mis zapatillas viajaron conmigo a Sicilia. Esta vez no fue fácil encontrar un hueco para correr, pero al menos dos días pude salir. El problema era encontrar un recorrido en Módica que fuera algo plano, lo cual fue imposible. Al final no me quedó más remedio que correr hacia arriba y hacia abajo. Cogí la carretera dirección Ragusa (correr por la ciudad era prácticamente imposible, no solo por la gente que pasea sino por la propia orografía de las calles) e hice cuatro kilómetros hacia arriba y luego cuatro kilómetros de vuelta hacia abajo, para terminar con un pequeño recorrido urbano por la calle Umberto I (donde está el Duomo) hasta el ayuntamiento. Aproximadamente a dos kilómetros fuera del pueblo, se tiene una de las mejores vistas de la ciudad, que tuve la suerte de ver al anochecer, cuando la suave luz del sol tuesta el ocre de los edificios para hacerlos color pastel.

sábado, 2 de julio de 2011

Dresden, correr por el parque


La primera vez que visité Dresden fue poco tiempo después de la caída del Muro. Era una ciudad muy gris, donde aún quedaban muchos vestigios del aspecto típico de las ciudades comunistas tan parecidas entre sí por una arquitectura sin ningún tipo de imaginación y dudosa funcionalidad. Incluso aún estaban reconstruyéndose algunos de los edificios históricos totalmente destruidos durante la segunda guerra mundial. Porque Dresden fue una de esas ciudades alemanas totalmente destruidas por los bombardeos de la segunda guerra mundial. Poco antes de acabar la guerra, un bombardeo aliado acabó con la ciudad en una acción que fue muy difícil de entender porque la sufrió la población civil con la guerra prácticamente acabada. Con esfuerzo y dedicación (a veces con una gran ayudad de la comunidad internacional) la parte histórica de la ciudad fue reconstruida y hoy podemos verla como si no hubiera sido destruida. El centro histórico, conocido como “el joyero”, es realmente magnífico, con edificios barrocos muy al estilo centroeuropeo, con edificios que perfectamente podrían estar en Praga o Viena. Dresden además tiene el encanto de las ciudades gobernadas por la presencia de un gran río (el Elba), que en parte divide la ciudad nueva de la vieja. La vista desde la parte nueva de la zona histórica es hermosísima, tanto de día como de noche, donde los principales edificios están iluminados. Dresden es un destino turístico seductor, poco conocido, pero con atractivos como la Opera (una de las mejores de Alemania) con un edificio histórico muy conocido porque es protagonista de un famoso anuncio de televisión de cerveza. Dresden además es un gran centro universitario, con una gran densidad de institutos de investigación, especialmente en el área de Ciencia e Ingeniería de Materiales.


Correr por el centro de Dresden, ciudad sin altibajos, es muy agradable. Incluso correr por las riberas del río Elba, que nos da la oportunidad de ver la ciudad desde distintas perspectivas. Pero además de estos posibles recorridos, Dresden tiene una joya para los corredores. Un parque en mitad de la zona más vieja que permite aislarse por completo de la ciudad. Es un área verde, con una población de árboles, tan densa, que hay zonas donde el sol no llega nunca al suelo. El parque tiene más de dos kilómetros de largo y uno de ancho, pero por su interior hay muchas veredas que se separan de los caminos principales y que permiten hacer muchos kilómetros en un entorno totalmente verde. Claros con césped, estanques, algún edificio singular (como el Palacio ubicado justo en el centro),… El parque también acoge el pequeño Zoo de la ciudad. Hay momentos donde corres como si estuvieras en mitad del campo. Si vais por Dresden, no olvidéis llevar las zapatillas.


domingo, 19 de junio de 2011

Turismo en Nueva York. Mi NY imprescindible.

Me lo han pedido seres queridos. Aquí va.

MUSEOS.

Cualquiera de los grandes y famosos museos de NY es interesante de ver. Todo depende del tiempo que tengas. Creo que especialmente merecen la pena dos: el MOMA, quizás porque siempre ha sido una referencia mundial en arte moderno y el Museo de Ciencias Naturales. Este último tiene una colección de dinosaurios única en el mundo, entre otras muchas cosas.

LOS “SIGTHS”.

En NY hay que ver los famosos “sigths”:
- El Empire State Building. SI hay tiempo merece la pena subir de día y de noche. Si hay que elegir, yo prefiero de noche, a partir de las 10 (creo que cierra a las 12). Suele haer muchas menos colas. NO dejarse engañar por los cientos de vendedores de entradas que hay en los alrededores prometiendo de todo. Lo mejor es sacarla en la ventanilla.
- La estatua de la Libertad. Hay que ir temprano para evitar colas de horas. Si abre a las 9 (creo que si) hay que estar allí antes. Si no, tendrás que esperar una cola enorme, a cualquier hora que vayas. Una alternativa (y gratis) es tomar el Ferry que va a Staten Iland (si, el de Armas de Mujer y tantas pelis). Se puede ir y volver con magníficas vistas de la señora Liberty, y es gratis. EL Ferry se coge prácticamente al lado de donde sale el de la estatua.
- El puente de Brooklyn. También se puede hacer de día o de noche. A mi también me gusta más de noche, pero de día tiene su encanto. Vistas espectaculares de Manhatan. Hay que ir en metro hasta la estación High St. (al otro lado) y se puede volver a Manhatan por encima del puente, paseando. Merece la pena.

OTROS LUGARES Y EDIFICIOS.

- Grand Central Station. Protagonista de mil películas. Te parecerá que ya has estado allí. Fundamental.
- Edificio Christler. Símbolo del Art Decó. Construido en 1929 cuando la crisis de la bolsa.
- Hotel Waldorf Astoria: merece la pena sentarse en el hall, símbolo del lujo extremo. SI tienes ganas de ir al servicio, entra y verás (te costará un dólar, pero…)
Estos tres sitios están cerca entre sí. Otros sitios:
- Flat iron. Famosísimo edificio. Cerca del cruce de Broadway con la 5ª.
- Madison Square Garden. SI te quieres gastar un dineral en ver un partido de la NBA. Cerca está el Macy’s más grande del mundo.
- Hotel Plaza (parecido al Waldorf), se puede ver en el Paseo de la 5ª.
- Zona cero. Justo al lado está el único outlet que hay en Manhatan.
- Wall Street, el corazón financiero. Justo al lado de la zona cero.
- City Hall (al lado de Wall St. y zona cero. Tienda enorme de electrónica)

PLAZAS

Hay muchas, pero yo recomiendo, al menos, estas.
- Rockefeller center. Lugar mítico de muchas películas. En invierno se puede patinar sobre hielo. Se puede ver en el paseo de la quinta avenida (ver paseos).
- Times Square. En Times Square hay muchas cosas interesantes. Por ejemplo hay un kiosco donde se pueden comprar entradas de musicales de última hora. Cerca de Times Square están casi todos los teatros (Broadway). En una esquina (al sur) hay un hotel Marriot que tiene en una de sus plantas altas un restaurante/discoteca/bar de copas giratorio. Merece la pena. Mejor ir de noche.
- Washington Square. Una de mis plazas favoritas. Los fines de semana por las tardes, música en directo de muchos grupos improvisados, de todos los estilos. En su esquina sur-oeste, lugar donde se juegan partidas de ajedrez de dos minutos con apuestas. Cualquiera puede intentarlo. Saliendo del parque por esa esquina, y dos calles más abajo, hay una cancha de baloncesto callejera como las que salen en las películas. Está en el corazón de la Universidad de NY.

CENTRAL PARK

Merece la pena pasear por Central Park, por lo menos una tarde o una mañana. O correr por central park si uno tiene esa afición. Hay muchos lugares que visitar (ver cualquier guía turística) y que han salido en docenas de películas míticas. Los fines de semana muchísima gente practicando todo tipo de deportes. Hay que perderse por allí. Muy curiosas las dedicatorias de los bancos. Si eres amante de los Beatles, indispensable el memorial Strawberry Fields y el Dakota (parte Oeste).

BARRIOS

Todos merecen la pena, pero por lo menos Chinatown (puestos tipo “rastro” donde se pueden comprar imitaciones), alrededor de Canal Street. Curioso Little Italy. Intesante el Soho. Muchos restaurantes para cenar. Hoy se puede también pasear por Harlem sin problemas y entrar en una iglesia un domingo para ver una celebración.

PASEOS

Muchos, pero dos que recomiendo:
1) Desde Canal hasta Washington Square, por Broadway. Si se quieren comprar vaqueros, zapatos, zapatillas tipo americano,… tiendas a ambos lados.
2) Subir la quinta avenida desde, por lo menos, la 33 hasta Central Park: tiendas famosas (deportes, la tienda oficial de la NBA, tienda Disney, Sacks,… casi al final Tifany’s), edificios famosos (torre Trump, imprescindible entrar y subir por la escalera mecánica entre toneladas de mármol y tiendas de lujo, Catedral de San Patricio, Rockefeller Centre,…). Se pasa por la esquina de la calle 47, la calle de los diamantes (merece la pena echar un vistazo a los escaparates). Acabamos en la esquina con central park: a la izquierda el hotel plaza (entrar a echar un vistazo) y a la derecha FAO Swartz, una de las tiendas de juguetes más grandes del mundo (donde está el famoso piano de pie que sale en la película Big). Allí también está la mayor tienda Apple de NY, donde se puede encontrar ‘lo último’.

NO DEJAR DE HACER:

- Tomar Pastrami.
- Tomarse un perrito caliente por la calle.
- Desayunar un buen muffle.
- Mirar el cielo para sentirse muy pequeño.
- Asombrarnos por casi todo lo que vemos.

viernes, 22 de abril de 2011

Nacidos para correr, de Christopher McDougall

En la tradicional comida organizada por el Foro Carreras Populares, previa al Maratón de Madrid, se sortearon varios ejemplares de “Nacidos para correr” y tuve la suerte de que me tocó uno. Llevaba un par de semanas tratando de encontrarlo en alguna de las librerías de mi barrio y estaba a punto de comprarlo por internet, cuando me calló el libro entre las manos gracias al sorteo.

¿Cómo transmitir lo que podéis encontrar en este libro? Es la historia de una carrera mítica, la ultramaratón del Cañón del Cobre, en Mexico. Es un viaje iniciático del autor y protagonista desde el mundo del corredor popular hacia la mística que rodea el mundo de las ultramaratones de extrema dureza. Es un repaso a las aventuras de muchos de los corredores míticos de largas distancias. Leyéndolo conoceréis a algunos de los personajes más interesantes (reales) del mundo del ultrafondo . Es un manifiesto en favor del correr como medio de vida y el correr para divertirse. Es un tratado de antropología, donde se desarrolla la teoría de que el Homo Sapiens “nació para correr” y que fue esa capacidad, la de poder correr grandes distancias, la que nos convirtió en la especie predominante del planeta tierra. Es un tratado de nutrición deportiva. Es una apología del correr sencillo, natural, … lejos de las multinacionales. Y además de todo esto es una novela, con su planteamiento, trama, desenlace, novela que te engancha y te obliga a seguir leyendo. Novela en la que van apareciendo muchos personajes reales que son leyenda en el ultrafondo, incluyendo a los Tarahumaras, indios mexicanos y auténticos protagonistas de la historia.

Es un libro que invita a correr. Si eres corredor aficionado o profesional, debes leerlo porque te suscitará algunos interrogantes que a lo mejor te hace replantearte tu manera de correr y, desde luego, te hará ilusionarte más por esta afición. Si no te gusta correr, a lo mejor después de leerlo te planteas iniciarte en este apasionante deporte. Correr es nuestro destino, porque hemos nacido para correr. Como se dice en algún lugar del libro “no dejas de correr porque te haces viejo, sino que envejeces porque dejas de correr”.

Aquí tenéis un adelanto.

martes, 12 de abril de 2011

Maratón de París


Dedicado a mi amiga Maria Jesús.

El 10 de Abril de 2011 amaneció en París un día radiante. Uno de esos días que hacen que a esta ciudad se le llame “la ciudad de la luz”. Un día precioso para correr una Maratón. La verdad es que toda la semana había sido casi veraniega en París, pese a estar aún en el mes de abril. A las 7.00 de la mañana, casi no hacía falta abrigarse. Con la ropa con la que iba a correr y un chubasquero de plástico, me dirigí hacia el metro para llegar, media hora después, a la estación de Charles de Gaulle-Etoile, donde está el arco de Triunfo. El lugar es espectacular. Hacia un lado los Campos Elíseos, desde donde saldría la carrera, hacia el otro la Av. Foch, lugar donde está la meta. Ya hay un gran ambiente, y algo de confusión al no estar aún cortado el tráfico. Me dirijo por la Avenida Foch hacia el lugar donde está el guardarropa, y después de comprobar que no necesitaba mucho abrigo, entrego mi mochila quedándome conmigo solo un plástico para mantenerme caliente. Me queda casi una hora hasta el momento de salir, pero vivir ese ambiente tan especial previo a una gran maratón, en un lugar tan emblemático, hace que ese tiempo de espera lo disfrute minuto a minuto.

Grupos de corredores fotografiándose frente al arco de triunfo, corredores calentando o estirando, gente moviéndose de aquí para allá, vestidos de distintas maneras, nerviosos, expectantes, algún despistado de última hora buscando el guardarropa… El ambiente es increíble. Me paro un rato a contemplar el espectáculo desde un banco de los Campos Elíseos, saboreando cada instante. Me coloco bien el chip en mi zapatilla derecha, me aprieto los cordones, hago unos estiramientos casi simbólicos y decido que ya estoy preparado. Entonces camino hacia el Obelisco hasta encontrar mi corral de salida, el sub 3.30.

El corral se va llenando poco a poco, con mucha animación por los micrófonos de ambiente, que en francés, inglés, español, italiano, alemán y portugués iban dando distintas informaciones. Entre otras, que la temperatura iba a ser alta y que no olvidáramos hidratarnos en todos los puestos de avituallamiento. Cada vez queda menos y me agolpo en la parte delantera del corral. Risas, nervios, gritos, ánimos, camisetas volando de aquí para allá,… A pocos minutos del comienzo de la carrera, se guarda un minuto de silencio por las victimas de Japón. Y, por fin, suena un pistoletazo de salida.

La carrera sale lanzada hacia abajo, y después de tres minutos paso por la línea de salida. Apenas se puede correr con comodidad en varios kilómetros, con bastantes codazos y, esto sería la tónica en más de media carrera, con numerosos cuellos de botella que provocaban problemas con bastante frecuencia. Pese a lo temprano de la hora (8.45) muchísima gente animando de manera estruendosa. Público animando durante prácticamente todo el recorrido. Esto es, entre otras cosas, lo que hace grande una maratón. El recorrido es grandioso, como la ciudad. Especialmente estos primeros kilómetros que se corren por la superficie de la ciudad. Chatelet, el Louvre, el Hotel de Ville, la Bastilla,… Poco a poco, en dirección este, vamos saliendo del centro para adentrarnos en el Bois de Vincennes, siempre con muchísima gente empujándonos “¡Allez, allez!”. Pasamos junto al precioso Chateau de Vincennes y recorremos varios kilómetros antes de volver en dirección oeste para tomar la rivera del Sena. La vuelta a la Rue Charenton vuelve a significar mucha animación, un público entregado a su carrera. ¿Cuándo veremos en Madrid algo parecido?.



Después de la media maratón, cuando la carrera empieza a transcurrir paralela al Sena, se produce la primera pequeña estafa de la organización. En vez de correr por la superficie, nos dirigen a una vía rápida, que durante bastantes metros (en total kilómetros) discurre por túneles. La sensación no es buena, pero afortunadamente a la altura de la torre Eiffel se vuelve definitivamente a la superficie. La vista vuelve a ser espectacular. Pero ya estamos en el kilómetro 30, que es donde realmente empieza lo duro de la carrera, donde uno empieza a percibir las sensaciones que te permitirán llegar a meta bien, o arrastrándote. Hasta ese kilómetro había conseguido mantener un ritmo por debajo de los 5 minutos el km, pero a partir de ahí, mi ritmo difícilmente bajaba de esos 5 minutos, aunque afortunadamente tampoco se iba muy por encima. La dureza de los kilómetros aumenta al entrar en el Bois de Boulogne, donde disminuye el público. En un determinado momento se enfila una avenida donde muy al fondo se ve el arco de Triunfo lugar cercano a la meta, tan cerca, tan lejos.

A falta de seis kilómetros me doy cuenta de que ya no puedo mejorar mi marca en maratón. El calor y la humedad han hecho su trabajo y en las piernas casi no me queda nada. Casi decido dejarme ir cuando a mi lado pasa una de las liebres con la bandera de 3.30 que me dice en castellano: “¿Qué, que tal vamos?”. “Muy justo”, le respondo, “en la reserva”. “Vamos, animo, que ya estamos ahí” me contestó a su ritmo exacto. Eso me sirvió de revulsivo. Me coloqué a su espalda y ya prácticamente no le abandoné hasta meta. Las piernas casi no me respondían, pero podía aguantar el ritmo. Los dos últimos kilómetros fueron infernales, pero ya se percibía la meta, donde finalmente entré por debajo de los 3.30. Mi tercera mejor maratón. Una gran maratón de una gran ciudad.

Sobre la organización.

Aquellos que quieran correr esta maratón, aquí encontrarán más información práctica. La feria del corredor, bien organizada, aunque un poco alejada del centro. Todo muy caro y solo algunos regalos en los stand de ciudades con maratones. La bolsa del corredor un poco pobre (en mi opinión) y sin camiseta que iba a ser entregada en la línea de meta (¿para ahorrarse unas pocas?). No sé cómo fue la Rice Party (se sustituyó la pasta por arroz) porque al estar tan lejos decidí no participar.

La organización en la salida/meta, bastante buena, aunque el guardarropa estaba un poco alejado de la salida y eso te obliga a una buena caminata antes de empezar. Tampoco es normal que los puntos de encuentro con letras estuvieran duplicados.
Muy bien los avituallamientos. En todos agua, pasas, naranjas, platanos, azúcar. Solo bebidas isotónicas en un punto de la carrera.

El recorrido, salvo los tramos subterráneos, grandioso. Gran parte por el centro con muchísima animación. Muchos codazos en los cuellos de botella, pero es el precio de ir por el centro.

Una maratón inolvidable, grande, que merece la pena ser corrida.

Sigue mi maratón

viernes, 25 de marzo de 2011

Previo Paris

En muchos sitios de España, al número 15 se le llama “la niña bonita”. Y a casualidad ha querido que mi maratón número 15 sea en Paris, “la niña bonita”. Paris es una de esas ciudades talismán para mucha gente. “MI ciudad favorita”, dicen algunos. Yo siempre he pensado que Paris es una ciudad excepcional, impresionante desde el punto de vista monumental. En mi opinión, si quitamos a Rio de Janeiro, sin duda la ciudad del mundo más espectacular desde el punto de vista de la naturaleza que en ella se despliega y Nueva York como ciudad de referencia para muchas personas (también para mi) por mil razones, si preguntáramos a 100 personas por su “ciudad favorita por visitar” o “visitada”, posiblemente un porcentaje muy alto contestaría que Paris.
He visitado París en muchas ocasiones y, si coincide un día de primavera u otoño con un cielo limpio y despejado, el espectáculo que nos ofrece la ciudad es difícilmente comparable con ninguna otra. Aparte de los numerosísimos lugares comunes tan reproducidos en el cine y la televisión, el apelativo de “ciudad de la luz” es merecido sobradamente.

En Paris vivía y trabajaba una buena amiga y cuando decidí correr la Maratón de Paris, y me inscribí en la maratón, un aliciente era poder compartir unas horas con ella, ya que nuestras vidas se complican tanto que muchas veces tenemos que buscar excusas (como correr una maratón) para reencontrarnos con amigos. Mi amiga fue sorprendida por un cáncer perverso que se la llevó sin darnos tiempo ni a despedirnos de ella, y de alguna manera dejó huérfana la ciudad.

Correr en Paris se ha convertido para mí en un acontecimiento triste, porque cada minuto, cada hora de las que corra por esa ciudad, me recordarán a mi amiga. Difícilmente podré volver a esta ciudad sin recordar a mi amiga. Y hoy, ese recuerdo me produce tristeza. Serán 42,195 kilómetros que dedicaré, metro a metro, a la memoria de mi amiga Maria Jesús.

Maratones que he corrido

  • Maratón de Madrid: 2004 (3h 58m), 2005(3h 56m 42s), 2006(4h 15m 34s), 2007 (4h 06m 49s), 2009 (3h 40m 20s), 2012 (3h 19m 36s), 2013 (3h 13m 59s), 2014 (3h 40m 58s), 2015 (3h 19m 33s), 2017 (3h 58m 12s), 2018 (3h 45m 4s), 2019 (4h 6m), 2021 (4h 11m 56s), 2022 (4h 8m), 2023 (4h 11m 51s)
  • Maratón de Donosti: 2007 (4h 4m 52s), 2017 (3h 38m 40s)
  • Maratón de Toral de los Vados: 2008 (4h 11 m 16s)
  • Maratón de Marrakech: 2009 (3h 58m 4s)
  • Maratón de Oporto: 2009 (3h 30m 34s)
  • Maratón de Zaragoza: 2009 (3h 56m 32s)
  • Maratón de Sevilla: 2010 (3h 47m 27s), 2019 (3h 50m 13s)
  • Maratón de Boston: 2010 (3h 29m)
  • Maratón de Nueva York: 2010 (3h 28m 38s), 2019 (3h 55m 38s)
  • Maratón de Málaga: 2010 (3h 52m 16s)
  • Maratón de París: 2011 (3h 29m 43s)
  • Maratón de Berlín: 2011 (3h 23m 28s), 2022 (4h 5m 40s)
  • Maratón de Castellón: 2011 (3h 20m 14s)
  • Maratón Misteriosa (Tres Casas, Segovia), 2013 (3h 54m)
  • Maratón de Chicago: 2013 (3h 25m 37s)
  • Maratón de Londres: 2014 (3h 27m 58s), 2016 (4h 1m 18s)
  • Maratón de Amsterdam: 2014 (3h 28m 6s)
  • Maratón de Lisboa: 2015 (3h 34m 56s)
  • Maratón de Valencia: 2016 (3h 40m 32s)
  • Maratón de Tokio: 2017 (3h 39m 38s)
  • Maratón nocturna de Bilbao: 2018 (3h 44m 32s)
  • Maratón de Valdebebas: 2020 (4h 01m 49s), 2021 (4h 20 min.)
  • Maratón de Polvoranca: 2021 (4h 39m 25s)

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