El aprendiz de maratoniano

Historias sencillas de carreras

domingo, 30 de septiembre de 2012

Cerrar el círculo: hablar de correr.


Un día empiezas a correr, después empiezas a escribir “sobre el correr” (¿cuantos blogs de corredores hay?) y ayer impartí mi primera conferencia sobe “el correr”.

Desde hace unos pocos años colaboro con una ONG (“Solidarios”), que entre otras cosas organiza actividades culturales en cárceles de Madrid. Hasta ahora había participado en estas actividades siempre dando conferencias técnicas, científicas, por supuesto que de divulgación, pero siempre centrándome en mi actividad profesional como profesor de Ciencia e Ingeniería de Materiales en la Universidad. Antes del verano, cuando hablé con Álvaro, el responsable de la ONG para ver si programábamos alguna charla en este primer trimestre del curso, se me ocurrió la posibilidad de hablar sobre esta pasión que es correr maratones. A Álvaro le pareció buena idea y hoy, por fín, he dado mi primera conferencia “no profesional” sobre el correr: “Viajar para correr: la Marathon de Nueva York”, en la Carcel de Valdemoro.

Y el resultado ha sido muy satisfactorio. Igual que en las otras ocasiones, en una cárcel se tiene un auditorio muy entregado, agradecido.  A una semana de la maratón de Chicago, hablar de la maratón de Nueva York, ha sido un auténtico privilegio y una manera de canalizar la emoción que se siente antes de una Major. Han sido casi 60 minutos de charla y más de 30 de preguntas, curiosidades, inquietudes. La maratón de Nueva York es un icono en este mundo de las carreras, pero además la ciudad de Nueva York es un lugar común para mucha gente. Uno de los internos que estuvieron escuchándome ha vivido en NY muchos años y mi charla le devolvió, durante un reto, parte de su libertad. Ya he cerrado el círculo: correr, escribir, hablar,…

domingo, 23 de septiembre de 2012

A dos semanas de la maratón de Chicago


Las maratones se empiezan a correr mucho antes del día D. Yo empecé a correr maratones el día que, andando por mi ciudad, me crucé con una de ellas. Me prometí a mi mismo que algún día completaría una Maratón. Por aquel entonces, no solo no corría de forma habitual, sino que la idea de correr una maratón completa, 42,195 m, era algo que caía fuera de mi imaginación (nunca había conseguido correr más de 8 ó 10 kilómetros).  Como el objetivo vital era correr UNA maratón, ¡porqué no soñar con correr la Maratón de Nueva York! Esa imagen de miles de corredores por encima del que todos pensamos es el Puente de Brooklyn (y que resulta que es el de Verrazano) es muy atractiva e invita a pensar “algún día yo estaré ahí”. Pero yo no estaba dispuesto a hacer el ridículo en Nueva York, por lo que con cierta prudencia, me tracé un plan a largo plazo que incluía correr alguna maratón menos “importante” para ver si era capaz de, al menos, acabar. Y así fue como me inicié. Y utilizo la palabra “inicié”, porque el mundo de las maratones puede convertirse en una religión, o si no, en un modo de vida. En mi caso así ha sido. Para mí, hoy, correr maratones es una forma de vida que me permite vivir de forma saludable, con un peso bajo control, con ilusiones por superar retos y dentro de un universo donde conozco personas y lugares excepcionales. Una forma de vida que completa plenamente mi actividad profesional y familiar.

Tras correr varias maratones en España, decidí que ya estaba en disposición de intentar correr una Major. Y me planteé el reto personal de correr las cinco Majors. Londres, Nueva York y Boston pedían marca. Berlín y Chicago no. En mi reto personal incluí que correría esas grandes maratones por méritos propios, es decir, que en aquellos casos donde se pidiera una marca personal, así lo haría. Y siempre pensando en que en el futuro podría lesionarme o perder la forma, me conjuré para abordar esas maratones que requieren marca en primer lugar. Y así corrí, primero Boston y luego Nueva York. Eso ocurrió el año 2010. Para ello tuve que correr una Maratón por debajo de 3 horas 30 minutos, algo que no hubiera soñado cuando inicié mi camino maratoniano en el año 2004, pero que a base de muchas horas de entrenamiento y motivación conseguí en la Maratón de Oporto en Octubre de 2009. Aquél 3h 30m me abrieron las puertas de Boston, y Boston las de Nueva York. Pero aun estaba lejos de las 3h 15m que me piden en Londres. Llegó, por tanto,  el momento de Chicago y Berlín, con la mente puesta en la marca que necesito para Londres. Las dos son Maratones “planas”. El año 2011 iba a ser el año de Chicago, pero un compromiso profesional en las fechas de la maratón hizo que Berlín se colara en el camino. En Berlín rebajé mi tiempo muy cerca de 3h 20m, por lo que el objetivo de las 5 Majors parecía acercarse. El 2012 va a ser el año de Chicago.

Hace unos meses acabé mi maratón numero 18 (mi sexta maratón de Madrid). En Madrid corrí mi primera maratón, aquella que iba a ser mi única maratón. El reto de una vida. Pero cuando el virus de la maratón te contagia, la maratón se incrusta en tu vida y es difícil vivir de espaldas a ella. Y ya no mides en meses o estaciones, sino en maratones. En Madrid bajé mi tiempo de Berlin, y ya estoy a menos de cuatro minutos de los 3.15 que necesito en Londres. Cuando llegaba a meta, como siempre que se acaba una maratón, se mezclaron sentimientos muy contrapuestos. Dolor en las piernas, pero satisfacción y felicidad por la marca conseguida. Atrás quedaban, una vez más, no solo 42.195 metros, sino meses de entrenamientos, series, tiradas largas, sacrificio. Había vuelto a merecer la pena. Pero entre esos pensamientos emergió uno con fuerza: cuantos segundos por kilómetro tendría que correr más rápido en Chicago para conseguir mi objetivo. Cómo tendría que mejorar mi entrenamiento para llegar a Chicago un poco mejor. En el último suspiro de la Maratón de Madrid estaba empezando a correr la Maratón de Chicago.

Una Maratón se empieza a correr mucho antes del día D. Yo empecé a correr la Maratón de Chicago hace meses. 

domingo, 22 de abril de 2012

Los objetivos ocultos en los Maratonianos. Maratón de Madrid 2012.

La mayoría de los que corremos maratones nunca confesamos nuestros objetivos reales en una carrera. Una maratón presenta tantas variables, que incluso habiendo entrenado bien, las circunstancias de la carrera te pueden llevar al fracaso de tus objetivos. Y por eso, lo mejor es no confesarlos. A la pregunta de “¿Cuánto quieres hacer?” suele responderse algo así como “bueno, yo con terminar…”, ó “yo intentaré disfrutar la carrera…” o mi preferida “yo, con bajar de –aquí un tiempo generoso- me doy por contento”. Hoy he corrido la Maratón de Madrid, y ante la susodicha pregunta, yo había estado esquivo, como siempre: “yo con bajar de 3-30, me doy por satisfecho”. ¡Y un cuerno!. Después de la preparación, las tiradas largas, las series, el gimnasio,… de tanto esfuerzo durante varios meses, en mi fuero interno tenía metida en la cabeza una cifra: 3h 15m, que es la marca mínima que me piden para poder correr la Maratón de Londres (me resisto a correrla pagando a una agencia). Esta marca es muy exigente, si consideramos que mi mejor maratón fue la del año pasado en Castellón (en Diciembre), donde hice algo más de 3-20, pero en un trazado totalmente plano, siendo que Madrid tiene fama de ser de las maratones más duras del mundo mundial. Pero yo tenía entre ceja y ceja ese 3-15.


Desde el principio me coloqué cerca del globo de 3-15 (el globo, para los que no corren, es un globo que lleva un ‘marcador de tiempos’, vamos una liebre o “pace maker” que te asegura llegar a meta en un tiempo dado). El día era perfecto, al principio un poco de fresco y luego calor, pero sin viento ni lluvia. Mucha más gente de la habitual animando en las calles, alguna banda de rock más (por eso de que lo patrocinaban unos yankees que promueven el Rocknroll en las carreras). Además correr “en casa” un trazado que ya has hecho otras veces te permite regular mejor, sabes donde te va a tocar sufrir, donde puedes recuperar,… Y sin olvidar que vas encontrando amigos, colegas, foreros y blogueros amigos que te insuflan ánimo (¡gracias a todos!). Aguanté bien el ritmo hasta el km 25, pero entrando en la Casa de Campo, empecé a sentir el peso de la carrera y tuve que aflojar un poco. Aun así tenía el globo a la vista y casi hasta el final tenía la esperanza del milagro que me devolviera fuerza a las piernas. EN el km 30 se me unió para hacerme de liebre mi compañero Fernando Lledó (que aun siendo del Barça y habiendo perdido ayer es un gran tipo). La presencia de Fernando me ayuda a recuperar un poco el ritmo (¡mil gracias Fernando!). Pero Madrid es Madrid, y al final te espera la cuesta del Retiro que te da la puntilla. Aun así, pude esprintar para entrar por debajo de 3-20 haciendo mmp. Me ha sobrado medio kilómetro para bajar de 3-15 (¿o quizás me falta algo de entrenamiento, o sobrado la cuesta final del Retiro?). Bueno, es lo grande de la Maratón, que cada vez te ofrece nuevos retos para el futuro. ¿Quién sabe si la próxima?.

 Y no quiero acabar esta crónica sin mi juicio crítico a la organización. Casi todo bien, especialmente la organización en la llegada, pero… eso de poner el guardarropa en la llegada, a más de tres km de la salida, es una auténtica canallada. Especialmente para aquellos cientos de corredores que no se habían dado cuenta y que tuvieron que correr más de seis km extra antes de empezar. Y una vez más el fiasco de las inscripciones: 13000 inscritos y menos de 10000 “finishers”. Mientras la organización no deje de engañar con estas cosas (¿Cuántas inscripciones se regalan?) MAPOMA no dejará de ser una carrera de ‘segunda’ a la que ya han pasado de largo maratones como San Sebastián, Sevilla, Valencia y Barcelona (no todo es el número de inscritos). Y eso que hoy me he reconciliado un poco con mis conciudadanos que han animado en gran parte del recorrido, más de lo habitual.
http://www4.marathon-photos.com/maps/mypace.py?event=Sports/GKDE/2012/Madrid%20Marathon&bib=1982&lang=es&locale=es
 Le dedico esta crónica a Javi Sanz, coleccionista de Maratones, que hoy ha visto pasar la carrera desde la Clínica Moncloa, y que hoy ya iba a dormir en casa. ¡Animo Javi!

miércoles, 28 de marzo de 2012

Atletismo: deporte de equipo (homenaje a Jose Gutiérrez)

Dicen que el atletismo es un deporte individual. Yo no estoy de acuerdo. Este año, desde que empecé a correr hará unos diez años, ha sido el mejor de mi corta y tardía carrera como corredor popular. Según la clasificación de Javi Sanz, aunque por la edad se que me acerco cada día, y de forma inexorable, a la etapa de “decadencia”, podría asegurar que estoy entre la etapa de “plenitud” y la de “mantenimiento”. ¿Es esta etapa dulce fruto de mi esfuerzo individual? ¿Qué ha ocurrido en estos dos últimos años? Quizás entreno con más constancia y sesiones “mejores”, pero sobre todo, corro en equipo.
Cuando empecé a correr, lo hice amparado por un grupo de corredores que lideraba mi compañero y amigo Paco. A ese grupo fueron sumándose y yéndose distintas personas, pero a lo largo del tiempo siempre ha habido un núcleo duro: Jorge, Pepa, Jesús,… En un determinado momento, apareció en nuestras vidas, gracias a una actividad organizada por la Universidad (Carlos-corre), Antonio Gallardo (mítico popular), que empezó a entrenarnos de forma un poco sistemática. Antonio es el primer responsable de gran parte de nuestra mejoría (no solo yo he mejorado estos años). También se nos unió Carlos (Cargonza en nuestra nomenclatura), muy al principio de su doctorado, y gracias a su iniciativa creamos UC3Marathon y hoy tenemos camisetas para competir con el escudo de la Universidad (desgraciadamente a la Universidad no le preocupa mucho el deporte popular, solo le interesan las élites y si no es por esta iniciativa no tendríamos camisetas). Luego fueron llegando Carlos (el alto), Fernando (el matemático), Fernando (el de Señal), Carolina, Edu, Rubén, Gregorio, Isabel, Iván, David,… seguro que me dejo a alguien. Hoy somos un gran grupo, un equipo bastante cohesionado. Pero aunque durante años hemos sido un grupo, no hemos sido un equipo hasta ahora.
Y desde que somos equipo, todos mejoramos mucho más. ¿Qué ha ocurrido para que nos convirtamos en equipo? Pues que apareció Jose, el Pollero. Jose tiene una pollería justo al lado de donde quedamos para correr, la zona de fitness del polideportivo de la Universidad. Y Jose, un día, con cierta timidez y pese a que él entrena con su club (Maratonianos de Leganés) se nos unió a un entrenamiento. (Después han seguido un camino parecido otros compañeros corredores de Leganés, como Jarillo, Fernando el Bombero, y otros más). Al único que conocía Jose era a Carlos (Gonza), por lo que parecía tímido. Pero pronto empezó a catalizarnos a todos los estirados profesores del grupo. No tardó mucho en soltar aquello de “Te voy a reventar”, al comienzo de unas series. Desde entonces no solo se ha convertido en uno más del grupo, sino que creo, sin temor a equivocarme, que es quien dinamiza el grupo. Es quién más nos anima, quién más nos motiva. Realmente es quién nos ha dado sentimiento de grupo. Hoy, el grupo de Carlos-corre de la UC3M no sería el mismo sin Jose. Sus frases lapidarias (algunas heredadas de sus compañeros de club, como Jose, el presidente de Maratonianos): “una maratón es multo longa”, “¿quién dijo que correr fuera fácil?”, “el sacrificio de hoy, el beneficio de mañana”, “si se acaba un entrenamiento con buena cara, no ha sido un buen entrenamiento”, y la mítica “¡te voy a reventar!” forman parte ya de nuestro día a día. Jose es generoso en su esfuerzo y sobre todo, buen compañero de fatigas, y seguro que porque es buena persona. Pero además es un “coach” nato. Siempre proponiendo retos y motivando.
En la última Intercampus, el pasado domingo 25 de marzo, todos (quitando Paco que se lesionó) hicimos mejor marca personal. Gracias al esfuerzo personal de cada uno y a nuestro entrenador Antonio, pero creo que sobre todo al espíritu de equipo, al que tanto Jose (el Pollero) ha contribuido. Si, el atletismo es un deporte de equipo.

miércoles, 1 de febrero de 2012

El largo camino a Ziwa (capítulo 6/6: otras visiones de Kenia)

Después de unos pocos días conviviendo con los niños del Colegio James Moiben, y con su familia (que no solo son sus parientes, sino todos los viven acogidos en su casa, llevada de forma magistral por una “gobernanta” llamada Sarah, que se encarga de todo y de todos) no solo hemos aprendido mucho de cómo enfocar nuestra vida, sino también hemos encontrado cosas que nos han sorprendido de Kenia y los Keniatas.
Sarah

Ya he comentado la impresión que producen. Siempre saludan dando la mano, tanto hombres y mujeres (aquí nadie se besa y menos se besa a una mujer). En señal de respeto, con la mano izquierda apoyan el brazo derecho al dar la mano con una pequeña inclinación. Los amigos se dan tres apretones, el de en medio cogiéndose los pulgares, como hacemos en España “entre coleguitas”.

La hospitalidad Keniata se demuestra ofreciendo una taza de té al estilo Kenia (no se toma café). Esto es con leche, por supuesto “entera” recién ordeñada de la vaca que anda por ahí, y con azúcar. He bebido más leche en estos días que en un mes. Porque la hospitalidad no se queda en una sola taza (normalmente tamaño jarra), sino que después te la rellenan. De pronto te das cuenta que la leche de verdad era otra cosa distinta a lo que solemos beber. SI la familia es “rica”, la leche viene acompañada de Andazi (una mezcla de agua y harina, amasada y frita, que recuerda mucho a nuestros churros).
No se ven muchos Keniatas gordos o con sobrepeso. Claro. Los pocos gordos que hemos visto eran “gente pudiente” y por tanto algo sobrealimentados de Andazi. La alimentación básica es el Ugali (maíz con agua evaporada) y Sukuma, mezcla de verduras picada. Rara vez se mata un “valioso” animal que aporte proteínas (si acaso, de vez en cuando un pollo). La falta de proteínas en la dieta se compensa con leche.


Después de dos días en la casa de Moiben, Sarah se nos acerca inquistiva: “la ropa”. “¿Cómo que la ropa?” contestamos intrigados. “Si, que se quiten la ropa y me la den para lavarla”. Nosotros, que no queremos molestar, le dijimos que no era necesario, que ya la lavaríamos al volver a España. Al ver su mirada seria y casi diría que amenazadora, nos fuimos de inmediato a quitarnos la ropa. “En Kenia lavamos la ropa de nuestros huéspedes” se quedó diciendo.  Al día siguiente, después de dos días saliendo a correr por esos caminos de tierra, mis zapatillas de correr estaban de color marrón. Yo quería volver a España con mis zapatillas sucias para presumir con mis colegas de entrenamiento “esto es polvo de los caminos de Ziwa por los que entrenan los mejores del mundo”, me veía diciéndoles. Sarah las encontró y después de lo ocurrido el día anterior, aunque vino respetuosa a pedirme permiso para lavarlas, ni se me ocurrió negárselo.

Sarah, la gobernanta de la casa, y responsable de todo en ausencia de Moiben (y presiento que también cuando está Moiben), nos trató siempre con educación y deferencia. Un trato exquisito e increíblemente  protocolario desde el punto de vista occidental. Siempre se preocupó de que no nos faltara nada y siempre nos acompañó a desayunar o comer o cenar (cuando lo hicimos allí). Sarah sería una perfecta mayordoma en cualquier mansión europea. No es nada fácil contentar a tanta gente (incluyendo invitados) con tan pocos recursos.

No hemos visto a nadie fumando. Y conducen por la izquierda.

Nos llevamos (Antonio y yo) mil imágenes inolvidables. Seguramente la más impresionante la de los niños Keniatas, con esos ojos tan negros, tan profundos. Y tan alegres al tiempo. Tres días después de llegar al colegio, se reunieron otra vez en un aula, por la noche, para despedirnos. Cantaron, rezaron y nos dedicaron algunas palabras de despedida. Nos dijeron que esperan nuestra ayuda, que confían en nosotros. Que quieren que volvamos. Nunca lo olvidaremos.

martes, 31 de enero de 2012

El largo capítulo a Ziwa (capitulo 5/6: los entrenamientos en Kenia)


Siendo corredor de Maratones, no podía dejar pasar la oportunidad de salir a entrenar. Las condiciones del lugar son idílicas. Más de 1800 metros de altitud, ambiente freso y seco al amanecer y al anochecer, caminos de tierra arcillosa, blanda y elástica. Rutas de paisajes preciosos, más parecidos a la montaña española que a lo que imaginamos de Kenia, pero totalmente planas. ¿Qué más se puede pedir? Pues sí, yo he tenido mucho más. He tenido de libre de lujo (pace maker, como dicen ellos) a Philip Kiptoo, corredor de élite (y sobrino de Moiben). Cuando veníamos en el avión le dije “¿y tú cuando sales a entrenar?” La respuesta fue “a las 6, antes de que salga el sol, para evitar el calor”. Sin yo decir nada, rápidamente se ofreció a salir conmigo. Pero claro, ¿a qué ritmo? Yo no soy capaz de correr ni siquiera un kilómetro a los ritmos que ellos entrenan. “Por supuesto al tuyo” me tranquilizó enseguida. Y luego, con esa gran sonrisa que les caracteriza: “Bueno, mañana saldremos a las 7, jajaja”.

 

Y allí estaba yo a las 7 para hacer unos km (que luego fueron casi 14) por la tierra de los campeones. Kilómetros en los que mi liebre de lujo, siempre se mantenía media zancada por detrás para no presionarme, sabedor que correr en altura tiene algunos inconvenientes al principio. Y si que noté la altura, especialmente al final donde te sientes mucho más cansado yendo a un ritmo inferior al habitual al nivel del mar. Pero orgulloso por el entorno, la compañía, el momento un poco mágico. Durante el camino nos cruzamos con muchas personas andando por los caminos para dirigirse al trabajo, al colegio. Comprobé el mito de los niños que tienen que desplazarse kilómetros para ir al colegio y durante un rato, algunos niños de menos de diez años compartieron carrera con nosotros. Al final del entrenamiento (que empezamos con un poco de frío), entre el cansancio (aumentado por la altitud) y el sol que ya apretaba, llegamos de vuelta a casa totalmente empapados (bueno, yo volví empapado; Philip parecía fresco como una lechuga).


Al día siguiente, para evitar el calor, yo mismo propuse salir a las seis y media. Hicimos un circuito distinto. También precioso. Corriendo vimos amanecer.
Por la tarde Philip nos invitó a conocer su casa y su familia. Cumpliendo con el ritual de la hospitalidad Keniana, su mujer nos sirvió un té (al estilo de Kenia, con leche) y unos trozos de pan. Después bendijo la mesa y nos abandonó para que los hombres pudiéramos hablar. Allí nos contó que el pozo se lo debe a una carrera. Que la habitación donde estábamos estaba en la parte francesa de su terreno (lo compró con lo que ganó en una carrera en Francia), mientras que el resto de la casa estaba sobre terreno español (comprado con victorias en España). Cuando muchas veces corredores populares españoles trivializan las participaciones de Keniatas en nuestras carreras, posiblemente nunca imagen lo importante que son en su vida y su futuro, y hasta qué punto un segundo o tercer puesto frente a una victoria puede suponer un cambio importante en la vida de su familia allá en Kenia (a lo mejor la diferencia de tener agua o luz eléctrica en su casa). Cada vez que corren, se están jugando mucho más que un puesto en la clasificación.

 Todo un honor haber corrido con Philip .

Maratones que he corrido

  • Maratón de Madrid: 2004 (3h 58m), 2005(3h 56m 42s), 2006(4h 15m 34s), 2007 (4h 06m 49s), 2009 (3h 40m 20s), 2012 (3h 19m 36s), 2013 (3h 13m 59s), 2014 (3h 40m 58s), 2015 (3h 19m 33s), 2017 (3h 58m 12s), 2018 (3h 45m 4s), 2019 (4h 6m), 2021 (4h 11m 56s), 2022 (4h 8m), 2023 (4h 11m 51s)
  • Maratón de Donosti: 2007 (4h 4m 52s), 2017 (3h 38m 40s)
  • Maratón de Toral de los Vados: 2008 (4h 11 m 16s)
  • Maratón de Marrakech: 2009 (3h 58m 4s)
  • Maratón de Oporto: 2009 (3h 30m 34s)
  • Maratón de Zaragoza: 2009 (3h 56m 32s)
  • Maratón de Sevilla: 2010 (3h 47m 27s), 2019 (3h 50m 13s)
  • Maratón de Boston: 2010 (3h 29m)
  • Maratón de Nueva York: 2010 (3h 28m 38s), 2019 (3h 55m 38s)
  • Maratón de Málaga: 2010 (3h 52m 16s)
  • Maratón de París: 2011 (3h 29m 43s)
  • Maratón de Berlín: 2011 (3h 23m 28s), 2022 (4h 5m 40s)
  • Maratón de Castellón: 2011 (3h 20m 14s)
  • Maratón Misteriosa (Tres Casas, Segovia), 2013 (3h 54m)
  • Maratón de Chicago: 2013 (3h 25m 37s)
  • Maratón de Londres: 2014 (3h 27m 58s), 2016 (4h 1m 18s)
  • Maratón de Amsterdam: 2014 (3h 28m 6s)
  • Maratón de Lisboa: 2015 (3h 34m 56s)
  • Maratón de Valencia: 2016 (3h 40m 32s)
  • Maratón de Tokio: 2017 (3h 39m 38s)
  • Maratón nocturna de Bilbao: 2018 (3h 44m 32s)
  • Maratón de Valdebebas: 2020 (4h 01m 49s), 2021 (4h 20 min.)
  • Maratón de Polvoranca: 2021 (4h 39m 25s)

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