El aprendiz de maratoniano

Historias sencillas de carreras

viernes, 6 de enero de 2012

San Silvestre Vallecana 2011


La Sansilvestre Vallecana se ha convertido en una de las “grandes carreras del mundo”. Según la clasificación de la Federación Internacional de Atletismo ‘solo’ tiene la categoría plata, pero tanto por organización, número de participantes, seguimiento de medios (incluida retransmisión en directo), servicios médicos, voluntarios,… posiblemente podría estar en la categoría de oro. La Sansilvestre, además, son dos carreras: la profesional y la popular. La profesional, exigente, talismática. La popular, multitudinaria. Desde luego la emoción que se siente al correrla podría ser equiparable a la de otras grandes carreras. La Sansilvestre popular tiene además dos vertientes: por un lado es la carrera importante donde muchos corredores populares quieren medirse, y por otro lado la charanga divertida donde muchos mezclan algo de deporte con la diversión previa al final del año.
Este año, la carrera ha sido la más multitudinaria de su historia, y no me ha defraudado. Entre otras cosas, porque después de varios intentos este año de bajar de 42 minutos, este 31 de diciembre al final lo he conseguido. He vivido la carrera con intensidad y concentración. Antes estuve calentando con mis compañeros de entrenamientos Paco y Carlos. Salí con cabeza para no estrellarme con la primera cuesta de Concha Espina, aunque la multitud no permite tampoco correr con alegría. Y a medida que se podía correr con más espacios, empecé a clavar los tiempos parciales que necesitaba para bajar de 42 (recuperando lo perdido el primer kilómetro). Al pasar por Atocha, poco después del ecuador de la carrera, pensé que lo tenía en mi mano, pero unos minutos después, especialmente cuando uno se acerca al kilómetro ocho, la carrera pica hacia arriba, y no sería la primera vez que la cuesta de la Avenida Ciudad de Barcelona acaba con las ilusiones de un corredor. Poco antes de llegar a lo que mucho llaman “el muro de Vallecas” me encontré con Gabi, un amigo de toda la vida. Iba tan concentrado (y tan al límite) que no le conocí. Después de intercambiar unas palabras de cortesía, me metí de lleno en la cuesta. Cuando culminé la cima dentro de tiempo, al ver que ya lo tenía en la mano, me pasó algo que nunca me ha ocurrido: me flaquearon la piernas. NO es que me dolieran, sino que me flaquearon, como cuando uno se pone muy nervioso. Fue una sensación rara y que tuve que superar pensando en que solo quedaba un kilómetro, con mucha gente animando, y que solo tenía que dejarme llevar. A falta de 150 metros, ya veía el cronómetro oficial por debajo de cuarentaydos, por lo que un pequeño strint incluso me permitió bajar de mi meta en “tiempo oficial” (tardé más de medio minuto en la salida en pasar por el arco”. Me sentí plenamente feliz y casi sin creérmelo (un minuto por debajo de mi mejor 10000) me dirigí al guardarropa para abrigarme y volver a casa.

Pero una gran carrera tiene que evitar algunas cosas que se siguen produciendo año tras año, y que a lo mejor la convierten en un carnaval. NO es presentable cómo está organizado el acceso a los corrales de salida. No se cómo acabó la cosa, pero 25 minutos antes de la salida, en el acceso a los cinco primeros corrales (los que salen primero y delante) había una aglomeración de miles de personas, nerviosas e impacientes por acceder a su corral, que tenían que pasar por un auténtico cuello de botella, de uno en uno, para acceder a una segunda zona que a su vez daba acceso al corral definitivo. Yo conseguí pasar 15 minutos antes de la salida, pero detrás de mí quedaron cientos de personas que no se si llegaron a su cajón a tiempo. Impresentable. Algún año habrá una avalancha con desgracias personales. O se toman medidas o al tiempo.

Y sigue siendo impresentable la actitud de muchos presuntos corredores, no sé si por ignorancia o, sencillamente, por falta de educación. Miles de semovientes (no pueden ser considerados corredores), se cuelan en cajones que no les corresponde, y otros miles se incorporan en la cabecera por delante de los que, a priori, van más rápido buscando una marca personal. Estos miles de maleducados, bobos inconscientes (porque no son conscientes del daño que ocasionan) provocan atascos, tropezones, mini-altercados,… Perjudican a los que quieren correr buscando su marca personal, da igual que sean 30 minutos o 50, porque estos cretinos se encargan de decidir por los demás. Muchos van en grupitos, juntitos, taponando la calle. Si a alguien se le ocurre afearles su comportamiento, tienen la osadía de encararse con frases como “¡qué pasa, que quieres batir algún record!” o “¡pero que prisa tienes!”. Si no van a correr, si lo que quieren es echar unas risas y divertirse, ¿por qué no se ponen detrás, donde se ponen todos los que persiguen el carnaval, no la carrera?. Todos los años te preparas mentalmente para tratar con toda esta tropa, pero realmente cuesta creerlo. Yo suelo salir en el tercer cajón ‘más rápido’, siempre salgo ‘en mi sitio’ y suelo llegar en el tiempo que me correspondía por el cajón donde salía. Entonces, ¿Cómo es posible que vaya adelantando gente, mucha gente, hasta pasada la mitad de la carrera? Muchos de ellos de alegre trote social (algunos inconscientes corriendo de la manita de sus hijos pequeños). Imagino que ni no hay alguna desgracia es por la intercesión de San Silvestre). En esto si somos distintos a las grandes carreras de otros países. Allí no pasan estas cosas, mal que me pese reconocerlo y la única diferencia es el personal que corre.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Maratón de Castellón (2011)

Después de mi participación en Berlín en el mes de septiembre, con un verano de duros entrenamientos con calor y humedad, la Maratón de Castellón me la planteaba como una propina para acabar la temporada. Si es que llamar propina a una maratón fuera correcto. Porque una maratón es una prueba que exige siempre mucho a los que la corren y que uno sabe cómo empieza pero nunca como acaba. Mi idea era salir “a ver qué pasa”, ya que mi preparación, a excepción de una tirada larga, básicamente consistía en vivir de las rentas de Berlín.

La maratón de Castellón tenía además otros alicientes. Iba a participar arropado por algunos amigos del Club Maratonianos de Leganés (Jose –el pollero-, Jose –el Presi-, Felix, Alejandro) y por Antonio Gallardo, nuestro entrenador en la Universidad. Diversas circunstancias, incluyendo alguna lesión, impidieron que se nos unieran a la aventura compañeros de entrenamiento como Jorge y Carlos. Otros amigos de Maratonianos de Leganés también corrieron (como Javi, el Monstruo de Leganés), pero al estar en otro hotel no pudimos compartir con ellos mucho tiempo.

Es esta una maratón bastante bien organizada y con muy buen trato al corredor. La feria del corredor es algo discreta y como único fallo, el hecho de que los dorsales no reflejaban los puestos de salida en los cajones, por lo que mucha gente, el día de la carrera, tuvieron que salir desde lugares que no les correspondían por marca. Algunos con más suerte consiguieron un distintivo que les permitía mejorar de corral, pero muchos se vieron relegados a peores lugares de salida. La bolsa del corredor bastante correcta, incluyendo una camiseta técnica de manga larga.

La maratón sale a las 9 de la mañana desde el puente de la Universidad Jaume I. Después de un sentido homenaje a una corredora ausente, se dio la salida con una emocionante mascletá. El ruido provocó que un perro se asustara y su dueña se lanzará tras él, estando a punto de provocar un enorme y peligroso barullo justo delante de la línea de salida. Muy bien organizados los avituallamientos, con abundante agua, isotónicas, frutas, geles,… Muchos voluntarios muy animosos. El recorrido de la maratón transcurre zigzagueando por toda la ciudad evitando pasar dos veces por el mismo sitio, pero provocando muchos giros a 90 ó 180 grados y numerosas idas y venidas por largas avenidas. El suelo en mal estado por culpa de obras, es otro inconveniente en muchos kilómetros de la carrera. El recorrido se hace algo aburrido, especialmente en su excursión al Grau (en la primera media) y por el paseo por la Ronda de Circunvalación (en la segunda). Cuando la carrera pasa por el centro de la ciudad, en algunos puntos, se concentra mucho público, que para sorpresa de los corredores foráneos (la mayoría), solo animaban a sus paisanos a los que conocían, permaneciendo en silencio el resto del tiempo. Alguien debiera explicarles que en una maratón, todos merecemos ánimos y que el colorido de una ciudad lo dan no solo con su presencia en las calles, sino con sus gritos de ánimo para todos.

Mi maratón fue muy buena, a pesar de que sufrí mucho los últimos 12 kilómetros. Pero eso siempre pasa cuando vas al límite de tus posibilidades. Hasta el kilómetro 29 fui con la compañía de Alejandro, que ahí se le acabaron las fuerzas. Pude mantener mi ritmo (entre 4.25-4.40/km) hasta el kilómetro 32. A partir del 33 fui cediendo 20 segundos por kilómetro (5min/km), llegando a un minuto en el 38 y el 39 (5.30/km). Los últimos dos, animado por la cercanía de la meta, volví a 5 minutos el km. En los últimos 200 metros, al ver que podía bajar de 3h 20m, esprinté, pero no lo conseguí por culpa de unos pocos segundos. Acabé totalmente exhausto, pero feliz al haber bajado tres minutos mi mejor tiempo en maratón. Mucho más de lo que esperaba al empezar la carrera.

En la llegada a meta, muchas atenciones al corredor. Voluntarios te quitaban el chip de la zapatilla. Una toalla de regalo para darte algo de calor. Amabilidad. Bebida abundante (cerveza, isotónicos, zumo, agua). Pizzas y dulces. Masaje (si uno tenía un poco de paciencia). Cubos con agua y hielo para poder meter las piernas. En conjunto se puede decir que trato exquisito.

Pero nuestra expedición sufrió en sus carnes lo mejor y lo peor de la maratón. Además de mi alegría por esa “mmp”, los dos más veteranos, Antonio Gallardo y Jose –el Presi- llegaron primero y segundo en sus respectivas categorías de veteranos, por lo que se fueron a casa con un bonito trofeo. Pero la cruz la vivieron nuestros tres compañeros de viaje. Jose –el pollero- no pudo acabar por una lesión (fue lo suficientemente inteligente para retirarse en el km 30); Felix también se lesionó casi en el 40, pero consiguió acabar casi diez minutos por encima del tiempo que quería hacer y Alejandro, compañero mío de viaje hasta el 29, se topó con el muro y se fue hasta casi las cuatro horas. Es lo que tiene la maratón, que te lo puede quitar todo cuando ya piensas que lo tienes en la mano. Con ese sentimiento agridulce volvimos a casa por la tarde.

Recorrido

sábado, 8 de octubre de 2011

Ljubljana, ¿capital de Syldavia?

Casi obligado por un compromiso de trabajo he tenido que viajar a Ljubljana, la capital de Eslovenia, y ha merecido la pena. Aunque ha sido un viaje relámpago, he tenido tiempo de llevarme una pequeña visión de esta pequeña ciudad y por supuesto, correr por sus calles.

Eslovenia es una de las repúblicas que formaban la antigua Yugoslavia. Fue la primera en separarse gracias al reconocimiento inmediato de Alemania, y prácticamente no vivieron la guerra de los Balcanes ya que en poco menos de un mes firmaron la paz con sus antiguos compañeros de viaje. Es un pequeño país, de unos dos millones de habitantes, encajonado entre Austria, Hungría e Italia (en distintos periodos formó parte del Imperio Austrohúngaro y también de Italia), con cierto nivel industrial, una buena agricultura, montaña, y aunque parezca mentira, un cierto ambiente mediterráneo. Cuando volaba sobre el país camino de Ljubljana, me vino a la cabeza EL Cetro de Otockar y yo mismo me sentí Tintín volando hacia “ese pequeño país centroeuropeo”.

Llegué a Ljubljana al atardecer, y continuando con mi impresión en el avión, tuve la sensación de estar en Syldavia, el reino imaginado (quizás copiado) por Hergé. UN país de gente trabajadora, amigable, más de vino que de cerveza, con historias antiguas de dragones (símbolo de la ciudad por distintas leyendas, desde la de San Jorge hasta la de Jasón y los Argonautas, que pasó también por allí y casi fundó la ciudad), caballeros y doncellas. Pequeñas calles abrigando el cauce del río Ljubljanica, en cuyas riveras se despliegan cafés y restaurantes y con preciosos puentes que unen las dos partes de la ciudad, la que en su día fuera amurallada y la extramuros, donde ahora se encuentra la Universidad, fuente de vida de la ciudad (de los doscientos mil habitantes, 60000 son estudiantes de la universidad). Todo es pequeño y manejable, como si de un escenario de película se tratara y realmente es una ciudad de película, pequeña, pero hermosa. Cuando cae la noche, los cafés y las terrazas se llenan de gente, gente que también nos encontramos a media mañana tomando el aperitivo o comiendo a hora europea. Edificios barrocos y “art nouveau” adornan la ciudad casi tallada por Jože Plečnik, su arquitecto icono, que transformó la ciudad en una joya, igual que Gaudí cinceló Barcelona.

A menos de una hora del mar y la montaña, ambiente estudiantil, rodeado de granjas que proveen la ciudad de fruta, verdura, setas y otros productos realmente naturales, tiene que ser un buen sitio para vivir. Desde el mismo epicentro de la ciudad (la Cyril Methodius Square) a menos de veinte minutos en dirección este o en dirección oeste, nos podemos adentrar en dos bosques donde podemos cruzarnos animales salvajes (incluyendo osos). Los amantes de la naturaleza encuentran aquí mucho más que unos parques. En el recorrido hacia el este, el bosque está precedido por un parque enorme llamado Tivoli, por donde se puede correr con toda libertad. Por falta de tiempo no puede explorarlo bien con mis zapatillas, pero esto me compromete a volver algún día.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Maratón de Berlín



Berlín es una de las grandes maratones. El término grande alude no solo al tamaño de la participación, sino a un conjunto de características que concurren en la maratón que la hacen grande: historia, organización, recorrido, participación, animación,… Por eso es una maratón incluida en el llamado Gran Slam de las maratones: las 5 Majors.

HISTORIA

La historia de la maratón de Berlín es mucho más reciente que otras Majors (especialmente Boston, la más antigua), pero no por ello deja de ser una historia con mucha intensidad. Arrancó en la misma época que otras grandes maratones europeas, incluida la de Madrid, pero con la limitación que suponía tener un muro dividiendo la ciudad. La maratón nace en el Berlín Occidental en el año 1974, en plena guerra fría. En 1981, por primera vez, se corrió en parte por Berlín oriental, gracias al apoyo decidido de los ejércitos Francés y Norteamericano y a pesar de los mil problemas que pusieron la policía oriental y la Stasi. Aun así, solo unos pocos y vigilados corredores del Este podían correrla, siempre y cuando consiguieran los permisos y manteniendo la organización en secreto sus nombres hasta el último momento para evitar interferencias de la policía secreta. En el año 1990 se corrió la primera maratón después de la caída del muro. Dicen las crónicas que la mayoría de corredores alemanes no pudieron evitar llorar al cruzar por la Puerta de Brandemburgo. Pero en la historia de la Maratón de Berlín, también entran los 5 records del mundo batidos, el último por Patrick Makau el pasado 25 de Septiembre. Ninguna otra Maratón popular presenta este palmarés.

ORGANIZACIÓN

La organización se puede decir que roza la perfección. La feria del corredor es enorme (aunque prácticamente no se encuentra nada realmente competitivo en precio) y organizada en el antiguo aeropuerto de Tempelhof (utilizado durante el bloqueo oriental al Berlin occidental). Al contrario que en otras ferias, prácticamente no se encuentra nada ‘gratis’, ni un mísero gel de regalo, y casi todo muy caro (los que fuimos el Jueves tuvimos la suerte de poder tomas una cerveza gratis, pero solo ocurrió el Jueves). La bolsa del corredor, único punto negro del Maratón, miserable. La camiseta conmemorativa se vendía aparte al “módico” precio de 25 euros (al día siguiente de la maratón, 20 euros por internet). Los accesos al punto de salida, perfectamente indicados. Guardarropa, servicios,… todo perfecto (en las cabinas portátiles había hasta agua caliente y jabón). La llegada impecable, avituallamientos generosos, ninguna cola en el guardarropa. Vamos, lo que se espera de una organización “alemana”. A los corrales de salida (perfectamente dimensionados) se accede a través del Tiergarden, por lo que muchos corredores con urgencias de distinto tipo pudieron aliviarlas en plena naturaleza. Durante la carrera se ofrecía, además del preceptivo servicio médico, fisioterapeutas en varios puntos. Se podía encontrar en los avituallamientos, además de agua y bebidas isotónicas, geles, frutas variadas,.. Lo único negativo es que la bebida se entregaba en vasos de plástico, difíciles de gestionar corriendo (los de papel son mejores para esto) y eso hacía que casi todo el mundo perdiera bastantes segundos bebiendo, especialmente por culpa de los muchos corredores novatos que se quedaban parados en mitad de la zona de avituallamiento.

PARTICIPACIÓN

La participación es multitudinaria, tanto en corredores como en público. El público alemán anima relativamente poco, considerando la cantidad de personas que siguen la carrera, pero como entre los alemanes hay muchos turistas de muchos sitios, estos normalmente tienen alguien a quien animar y hace que se oigan gritos de ánimo casi de continuo. En algunas zonas, cerca de paradas de metro o lugares emblemáticos es emocionante. Los casi cinco mil daneses que corrían se llevaron consigo miles de animadores que realmente estimularon la carrera (junto con Mexicanos, Italianos, Españoles,…). Como en casi todas las carreras grandes, muchos corredores disfrazados daban aún más color a la Maratón. Y quizás una de las cosas más distintivas: más de una banda de música por kilómetro. Bandas que también te acompañan todo el camino. Algunas de ellas, realmente excepcionales.

RECORRIDO

Todo el que habla del recorrido de esta Maratón, coincide en que es un recorrido “rápido”. Y de ello dan constancia los records aquí batidos, incluyendo mejores marcas personales de mucha gente. Desde el punto de vista del corredor, se tiene cierta sensación de que siempre se va en ligera pendiente hacia abajo. Es una sensación, porque de hecho hay subidas y bajadas, pero las subidas no se notan y las bajadas se agradecen. La carrera no tiene rectas infinitas y transcurre por muchos lugares arbolados, donde el sol no llega con facilidad al asfalto y como ya he mencionado, hay mucho público durante todo el recorrido. Además pasa por algunos puntos realmente bonitos. El resultado es que es un recorrido casi perfecto. Además, en casi ningún sitio hay cuellos de botella, por lo que se puede correr bien casi desde el principio hasta el final, pese a la gran cantidad de corredores. El comienzo y el final en la zona más emblemática de la ciudad y rodeados por el Tiergarden, realmente espectacular.

MI MARATÓN


Llegué a la zona de salida, en tren, algo más de hora y madia antes de la salida. Desde el tren, amaneciendo, hay un buen paseo hasta llegar a la zona exclusiva de los corredores. Allí aproveché una de las tiendas habilitadas como vestuario para organizar mis cosas (qué me dejo, qué me quito). Finamente opté por dejarme una camiseta de algodón debajo de la camiseta técnica de tiras, la gorra, gafas de sol. Para aguantar el fresco de la mañana me coloqué un chubasquero de chino y encima un plástico de los que regalaba la organización. En todo el recinto, muchos voluntarios bastante bien señalizado todo. Después de deambular un rato por la zona y estudiar donde estaba todo. Me dirigí con tranquilidad al corral que tenía asignado, para lo que tuve que hacer un buen recorrido a pié cruzando el Tiergarden. Varias paradas técnicas, fotógrafos oficiales recogiéndolo todo y todo el mundo nervioso y expresando esos nervios de distinta manera. AL estar solo y sobrado de tiempo, contemplando a los demás y las distintas maneras de afrontar la espera yo me concentro y entretengo. Grupos con bromas nerviosas, compañeros con amistad infinita, solitarios encerrados en su concha, amigos departiendo con tranquilidad. También resulta gracioso contemplar las distintas indumentarias con las que la gente afronta ese tiempo de frío: mantas, monos, disfraces,… Siempre hay alguno que ya viene desde el tren con el pantalón y camiseta con el que van a correr y que da frió solo verlos.

Ya en el corral, la ansiedad se va apoderando de casi todos, según se va acercando la hora de salir. Por megafonía van anunciando cosas (en alemán y a veces en inglés). Gente que trata de calentar dando saltitos, estiramientos,… Poco a poco se va llenando y hay un momento donde apenas te puede mover. Empezamos a quitarnos los plásticos y la ropa de abrigo. El speaker presenta a las figuras que trescientos metros más adelante van a tomar la salida (entre ellos los dos poseedores del record del mundo masculino –Gebre- y femenino –la Radclift-). La imagen es impresionante. A nuestra espalda la Puerta de Brandenburgo, a los lados el Tiergarden y enfrente la Columna de la Victoria. Cuando suena el pistoletazo de salida una enorme bola de globos rojos se suelta y comienzan a subir hacia el cielo. Por la megafonía suena Syrius de Alan ParsonS (intro de Eye in the Sky). Muy, muy emocionante.
Comencé a correr a un ritmo algo más lento del que luego adoptaría durante toda la carrera, por culpa de la multitud, pero después de un par de kilómetros empecé a correr muy ‘a gusto’. Era el día, tenía buenas sensaciones e iba a poder explotar el duro entrenamiento a lo largo de todo el verano. Desde el comienzo, ese recorrido tan favorable para el corredor te lleva en volandas, junto con el público que acompaña durante toda la carrera y desde el primer kilómetro (¿Cuándo veremos algo parecido en Madrid?). La carrera pasa por algunos lugares emblemáticos de la ciudad, pero también por muchos parques y zonas arboladas que hacen que el calor se note menos. Amaneció un día más caluroso de lo normal para Berlín en esta época, pero yo estoy acostumbrado a correr con mucho más calor, por lo que el calor no fue un problema para mí. Aun así, me tuve que desprender de la camiseta de algodón, empapada, a los pocos kilómetros.

Los avituallamientos eran muy completos, pero en todos se perdía algo de tiempo a causa de las paradas de muchos novatos y del sistema con vasos de plástico. Estoy seguro que esto hace la carrera algo menos rápido de lo que al final resulta. Cuando acabas una maratón pronto olvidas lo que sufres, pero creo que no viví el muro en la ciudad que un día fue la ciudad del muro. Claro que sufrí, porque al final, después de 30 o 35 km ya no te quedan reservas y vas tirando sobre todo de voluntad. Pero fui capaz de mantener mi ritmo hasta el final (hice el último kilómetros a un ritmo de casi medio minuto más rápido que los primeros). Viví con intensidad cada kilómetro de esta carrera, compartiendo recorrido con muchos personajes singulares, algunos disfrazados. Corrí bastantes kilómetros junto a un corredor descalzo disfrazado de payaso que iba levantando el clamor del público. Miles de daneses con miles de animadores muy ruidosos. La animación española se empezó a sentir sobre todo a partir de la mitad de la carrera. La Maratón era la fiesta de la ciudad.
Viví un pequeño punto negro: en el km 35 unos individuos con peto que muchos entendimos pertenecían a la organización, nos desviaron a muchos corredores por un vial paralelo al principal de la carrera. Unos metros más adelante, se volvía a concurrir con el resto de corredores, pero habiéndonos saltado el control por chip del km 35. Cuando fui consciente de ello, incluso llegué a pensar en volver para pasar la alfombrilla, pero correr contracorriente con lo que ya llevaba en las piernas era una locura. Durante muchos minutos, en mi cabeza rondó la palabra ‘descalificación’ que estuvo como una sombra inquietándome hasta que al día siguiente vi la clasificación por internet. Pero acabé tan bien, que nada podía amargarme esta carrera. Pasé por la línea de meta más de cinco minutos más rápido que mi mejor maratón hasta el momento (Nueva York, 2010). Efectivamente había sido mi día y las sensaciones no engañaban. Más de dos horas antes, Patrick Makau, keniata, batía el record del mundo. Un privilegio haber compartido el mismo asfalto.
Como siempre, al llegar recibes el cariño de los voluntarios, te cuelgan la medalla, te abrigan, y vas pasando por distintos puestos donde hay abundante agua, isotónicas, frutas de varios tipos, bolsa con más comida,… Pese a que todo parecía abundante, no vi a un solo corredor protagonizar el más que bochornoso espectáculo típico de nuestras carreras (en España), de corredores cutres que acaparan todo lo que pueden pillar, a sabiendas que van a dejar a alguno sin aquello que le corresponde por derecho. Mucha gente y muy civilizada.


En la llegada había también duchas, y hacia allí me dirigí después de estirar un poco (la verdad que muy poco). Las duchas, aunque esté feo decirlo por el sitio donde estábamos, me recordaron las duchas de… bueno, no voy a decirlo. Digamos que eran mucho más masificadas que las que viví durante el servicio militar. Cientos de personas apelotonados como dios nos trajo al mundo en unas tiendas de campaña tipo militar, para acceder a una última tienda donde desde una tubería que pasaba por el techo caían chorritos de agua caliente. MI aspecto de tal guisa era un poco lamentable después de la maratón, pero lo mismo podían pensar todos los que allí compartíamos desnudez. Aun así, el nivel de civilización que allí se vivía, permitió que la operación se realizara con cierta rapidez. En mi mente de español, el hecho de dejar mi mochila y bolsa con las zapatillas, la medalla, dorsal, gps, móvil, etc., sin ningún tipo de vigilancia mientras iba al chorro de agua caliente, me produjo un cierto desasosiego, pero todo el mundo lo hacía y al volver allí estaba todo. De allí salí con un pantaloncito corto de correr, una camiseta limpia de algodón y andando sobre unas chanclas, como si volviera de la playa, tan feliz (con mi medalla al cuello). Y atravesado una explanada de césped justo detrás del famoso edificio del parlamento, me dirigí a encontrarme con mi mujer, Ana, en el punto de encuentro con los familiares, muy cerca de la Puerta de Brandenburgo.
Quiero dedicar las últimas líneas a mi mujer, Ana, incondicional, paciente y siempre apoyándome. Y cómo no, a Santi (Crusti) y Andrés (Mechas), con los que compartí cenas, nervios e ilusiones. Y Javi (super 7) al que por fín conozco en persona (¡y que me ha roto todos los esquemas de cómo pensaba que era!, por supuesto mejorando esa imagen).

sábado, 3 de septiembre de 2011

Historias de la maratón: el prepotente.

Hece un par de años tuve la ocasión y el privilegio de correr una maratón como si fuera un corredor de élite. Fui al mismo hotel que los maratonianos de élite, puede compartir comidas y charletas de colega con ellos, recoger el dorsal por la vía ‘vip’ en la feria del corredor, tomar la salida en la zona reservada a la élite y llegar desde el hotel y volver al hotel en un autobús especial,… Todo esto es difícil vivirlo siendo corredor popular y yo tuve la suerte de vivirlo y conocer, en primera fila, cómo son estas personas a las que llamamos corredores de élite.

En las mismas condiciones que yo, estaba invitado un político de bajo nivel, pero del que podían depender ciertas subvenciones, que iba a enfrentarse a su primera maratón después de haber corrido varias “medias” y acompañado por un entrenador personal (uno de sus jefes de sección). Este hombre, no se mezcló en ningún momento con los corredores de élite, algo que yo no podía entender. Los corredores populares de maratón, sentimos verdadera adoración por esos “extraterrestres” capaces de correr más de 42 kilómetros a ritmos cercanos a 3 minutos el km. En los pocos días que duró la experiencia no le vi ni siquiera hablar con ninguno de ellos.

La tarde anterior a la maratón, los invitados “no corredores profesionales” salimos a dar un paseo por la ciudad. Este hombre no se preocupaba, pese a ir con su entrenador, ni de hidratarse ni de cuidar las piernas en una caminata quizás algo exigente. Yo le pregunté en un par de ocasiones si no necesitaba beber y cuando aprecié su mirada de desdén desistí de insistir. A una hora determinada yo me retiré a descansar al hotel. Antes de irme le comenté ¿no te estás dando mucha paliza antes de la Maratón? Su respuesta también desdeñosa es que no iba a dejar el paseo y que iba a cenar un buen pescado en el centro de la ciudad. Yo le recomendé pasta pero imagino que no hizo caso (¿qué pensaría su supuesto entrenador?).

El hotel donde estábamos, de forma excepcional y gracias a los corredores de élite, nos permitió desayunar a las 6 de la mañana (tres horas antes de la salida). Tuve la suerte de compartir desayuno con el que luego fue ganador de la carrera, y no solo compartí desayuno, sino anécdotas, experiencias, sentimientos. Un auténtico privilegio. El político, no apareció por allí. Más tarde, cuando le vi en la salida me dijo que él no desayunaba antes de una carrera. “Pero una maratón no es una carrera cualquiera” creo que le dije.

En la salida me lo volví a encontrar. Equipamiento deportivo de última generación, mallas largas (hacía algo de fresco, pero ¿una maratón entera con malla larga?), camiseta técnica y cortavientos impermeable (lloviznaba suavemente y luego llovió durante la carrera). Ipod, cronómetro,… Vamo lo que llamamos un corredor “fashion” con todos los detalles. Allí estaba también su entrenador personal, terminando de arreglar con la organización, ¡que le pusieran una moto o una bici para seguir a su jefe! Pues sí, el señorito empezó la maratón con una moto detrás donde su entrenador supuestamente le iba a controlar el ritmo y avituallarle de lo que precisara. “Desde luego, así se puede correr una maratón”, pensé. Yo he visto correr una maratón a un primer ministro en activo de otro país sin nada de esto, como un popular más.

Al salir yo empecé a correr a mi ritmo para intentar bajar mi mejor marca, y cuando llevaba dos kilómetros, me pasó el individuo a toda pastilla mucho más rápido de lo que la prudencia recomienda en un primer maratón. Yo corría con otro español que conocí y recuerdo que comenté: “Mira, uno que va a petar tarde o temprano”. Y claro, el Maratón no perdona a quienes no le respetan. Después del km 22, allí estaba a un lado de la cuneta el prohombre en posición de potar junto a su “personal trainer” y la moto. Por lo visto intentó seguir y hacia el 25 lo dejó definitivamente y la moto le devolvió a la salida (no sé si el motorista volvió a recoger al entrenador).

Yo llegué a la meta un minuto por encima de 3h 30 minutos, mi mejor marca en maratón hasta ese momento. Mi sorpresa fue que el autobús con toda la élite, el prohombre y su entrenador personal estaban esperándome para volver al hotel. Todos me felicitaron y casi aclamaron al comentarles, tímidamente y casi con vergüenza, mi tiempo. Yo alucinaba con que gente que corre en menos de 2-30 me felicitara de aquella manera. En maratón no hay adversarios, sino compañeros y uno lucha contra uno mismo y contra la maratón y todos (casi todos) allí, entendían lo que es hacer una mejor marca personal. Según avancé por el pasillo noté los ojos cargados de envidia de alguien. Alguien que comentó a su vecino de autobús: “pero yo he batido mi mejor marca de media maratón”. Curiosamente unos meses después leí una entrevista que le hacían donde presumía de haber acabado una maratón, desde luego no esta. Ya se sabe que hay más tontos que botellines.

lunes, 29 de agosto de 2011

Módica, Sicilia


Cuando mis amigos Pablo y Valen nos invitaron a su boda en Módica, Sicilia, y empecé a planificar el viaje, mis conocimientos sobre la isla rayaban los estereotipos y sitios más conocidos: la tierra de la mafia y la pizza, el volcán Etna, algunas ruinas,… Cuando llegué a Sicilia, algunos estereotipos se confirmaron (la manera de conducir siciliana no dista mucho de cómo la había imaginado) pero muchos otros se destruyeron al encontrarme un mundo muy distinto al esperado. Los sicilianos son encantadores, algo que corroboré al conocer a la familia de Valen. No sé por qué pensaba que el carácter hosco que a veces presentan algunos isleños de otras latitudes iba a ser la característica de los sicilianos, pero no es lo que me he encontrado. Al vincular Sicilia con la parte más al sur de Italia, pensaba encontrarme unos pueblos al estilo de los pueblos andaluces, blancos, encalados. Y esta quizás ha sido mi mayor sorpresa. Las ciudades son de piedra, una piedra caliza ocre que adquiere su mejor tonalidad al atardecer (como bien indican algunas guías). No son ciudades blancas y en algún caso me recordaron ciudades históricas castellanas o extremeñas, más que a la Andalucía blanca. Módica, en el corazón de la llamada Sicilia barroca, está en una comarca donde muchas de sus ciudades, cada una de ellas, son una joya del barroco más característico. Ciudades de tamaño medio con cientos de palacios, docenas de iglesias, y en la mayoría de los casos dos catedrales. Muchas de las ciudades, enclavadas en lo alto de una montaña o a lo largo de una garganta, se dividen en una “parte alta” y una “parte baja”, cada una con su Duomo. Se nota que fue un lugar esplendoroso y en una parte amplia de su historia. Hoy muchos palacios están abandonados, otros restaurados y utilizados como hotel o restaurante, pero el derroche arquitectónico en el más puro estilo barroco es apabullante. En algunos casos, en ciudades costeras, como Siracusa, se mezclan los colores ocres de los edificios con el azul intenso del mar. En tres días visitamos cinco ciudades: Siracusa, Ragusa, Módica, Scicli y Noto, todas ellas ciudades Patrimonio de la Humanidad. Además tuvimos tiempo de pasear por algunas de las bonitas playas, comer mucha pizza y buena pasta, saborear muchos granizados de limón, almendra o fresa y acompañar a Pablo y Valen en el día de su boda, pero esto es otra historia.

Claro que mis zapatillas viajaron conmigo a Sicilia. Esta vez no fue fácil encontrar un hueco para correr, pero al menos dos días pude salir. El problema era encontrar un recorrido en Módica que fuera algo plano, lo cual fue imposible. Al final no me quedó más remedio que correr hacia arriba y hacia abajo. Cogí la carretera dirección Ragusa (correr por la ciudad era prácticamente imposible, no solo por la gente que pasea sino por la propia orografía de las calles) e hice cuatro kilómetros hacia arriba y luego cuatro kilómetros de vuelta hacia abajo, para terminar con un pequeño recorrido urbano por la calle Umberto I (donde está el Duomo) hasta el ayuntamiento. Aproximadamente a dos kilómetros fuera del pueblo, se tiene una de las mejores vistas de la ciudad, que tuve la suerte de ver al anochecer, cuando la suave luz del sol tuesta el ocre de los edificios para hacerlos color pastel.

Maratones que he corrido

  • Maratón de Madrid: 2004 (3h 58m), 2005(3h 56m 42s), 2006(4h 15m 34s), 2007 (4h 06m 49s), 2009 (3h 40m 20s), 2012 (3h 19m 36s), 2013 (3h 13m 59s), 2014 (3h 40m 58s), 2015 (3h 19m 33s), 2017 (3h 58m 12s), 2018 (3h 45m 4s), 2019 (4h 6m), 2021 (4h 11m 56s), 2022 (4h 8m), 2023 (4h 11m 51s)
  • Maratón de Donosti: 2007 (4h 4m 52s), 2017 (3h 38m 40s)
  • Maratón de Toral de los Vados: 2008 (4h 11 m 16s)
  • Maratón de Marrakech: 2009 (3h 58m 4s)
  • Maratón de Oporto: 2009 (3h 30m 34s)
  • Maratón de Zaragoza: 2009 (3h 56m 32s)
  • Maratón de Sevilla: 2010 (3h 47m 27s), 2019 (3h 50m 13s)
  • Maratón de Boston: 2010 (3h 29m)
  • Maratón de Nueva York: 2010 (3h 28m 38s), 2019 (3h 55m 38s)
  • Maratón de Málaga: 2010 (3h 52m 16s)
  • Maratón de París: 2011 (3h 29m 43s)
  • Maratón de Berlín: 2011 (3h 23m 28s), 2022 (4h 5m 40s)
  • Maratón de Castellón: 2011 (3h 20m 14s)
  • Maratón Misteriosa (Tres Casas, Segovia), 2013 (3h 54m)
  • Maratón de Chicago: 2013 (3h 25m 37s)
  • Maratón de Londres: 2014 (3h 27m 58s), 2016 (4h 1m 18s)
  • Maratón de Amsterdam: 2014 (3h 28m 6s)
  • Maratón de Lisboa: 2015 (3h 34m 56s)
  • Maratón de Valencia: 2016 (3h 40m 32s)
  • Maratón de Tokio: 2017 (3h 39m 38s)
  • Maratón nocturna de Bilbao: 2018 (3h 44m 32s)
  • Maratón de Valdebebas: 2020 (4h 01m 49s), 2021 (4h 20 min.)
  • Maratón de Polvoranca: 2021 (4h 39m 25s)

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